Opinión y análisis

Consulta popular versus 6D

Extraído de: CNN en Español

Trino Márquez

Las elecciones del 6 de diciembre, desde el punto de vista de la participación popular, fueron un rotundo fracaso. El Gran Polo Patriótico –a decir verdad, el PSUV- se alzó con 15% de los votantes inscritos en el Registro Electoral Permanente, a pesar de las amenazas, el ventajismo oficial, los puntos rojos y el esfuerzo de la maquinaria gubernamental para favorecer a los candidatos del gobierno.

La abstención reconocida por el CNE fue de 69%, curiosamente un punto por debajo de la cifra proyectada por todas las encuestadoras importantes del país, entre ellas Consultores 21. Los números obtenidos por el gobierno estuvieron muy lejos de los anunciados por el CNE de Tibisay Lucena en 2017, cuando se eligió la  Asamblea Nacional Constituyente, y las de 2018, cuando fue reelecto Nicolás Maduro. En esas ocasiones, el organismo electoral informó que en esas consultas habían participado bastantes millones de venezolanos. En 2017 los números resultaron tan desconcertantes para el país y la comunidad internacional, que la empresa Smartmatic se vio obligada a aclarar que la asistencia había estado un millón por debajo de los anuncios oficiales. La sinceridad de esa empresa internacional, que veía comprometido su prestigio frente a semejante  desmesura, le costó la ruptura con el régimen.

En esta ocasión no era tan sencillo abultar las cifras y darle al truco una cierta consistencia con imágenes televisivas y fotos satelitales. El CNE se había comprometido a guardar las medidas de bioseguridad. Los electores debían mantener el distanciamiento social y usar mascarilla.  Imposible   las fake news, tan de moda ahora.

Si se dan por fidedignas las cifras del CNE, la concurrencia a los comicios legislativos cayó con respecto a 2015, en casi cuarenta puntos porcentuales y en 55%, en términos relativos. Un verdadero descalabro. La cita del 6D careció de todo atractivo para el electorado. No estaba en juego el cargo de Maduro, responsable fundamental de la debacle nacional, ni se habían cumplido las condiciones mínimas exigidas por la Unión Europea y la mayoría opositora presente en la actual Asamblea Nacional, liderada, al final, por Stalin González y Henrique Capriles. Esa negativa se sumó al fracaso de la ronda de Noruega, primero, y luego, de Santo Domingo; a la ausencia de un ambiente que les permitiera a los candidatos divulgar su oferta legislativa, y a los electores conocer a los aspirantes; y a la desastrosa experiencia vivida por los diputados opositores a partir de enero de 2016, cuando se instala la actual Asamblea. En esa atmósfera tan pesada, lo más lógico era que se produjera una altísima abstención, tal como en efecto ocurrió.

El PSUV tendrá la hegemonía de la AN a partir del próximo 5 de enero. La Asamblea Constituyente –originaria y plenipotenciaria- será sustituida por la nueva AN, que en la práctica tendrá esos mismos atributos, pues el partido de gobierno logró más de los dos tercios exigidos para alcanzar la mayoría calificada. Fue un quid pro quo. Una cosa por otra.  La constituyente, en vez de contar con 545 integrantes, pasará a tener 277, la mitad, con la presencia de un reducido grupo de diputados que se limitarán a aprobar o rechazar lo que plantee el oficialismo, pero sin ninguna capacidad de alterar el curso de los acontecimientos. 

Desde la perspectiva democrática, las votaciones parlamentarias fueron un naufragio. Para el gobierno significaron la reafirmación de su poder. Ganó Nicolás Maduro, quien compró algo de colorete para maquillar la tiranía. Perdió el país, que sale más dividido y aislado internacionalmente. La gran mayoría de los países democráticos han rechazado y condenado  los resultados de esa cita. 

En contraste con el 6D, se encuentra la cita popular organizada por el sector opositor aglutinado en torno a Juan Guaidó. Para algunos grupos de políticos e intelectuales que apoyaron la asistencia a las votaciones legislativas, se trata de una nueva burla a los venezolanos. De otra farsa más, promovida por una oposición que no se cansa de cometer errores. Esos sectores se han dedicado a sabotearla. El argumento sorprende, pues proviene de un grupo que apenas logró atraer 5% de los votantes. ¿Dónde está el éxito de ese llamado, de esa opción política? Parece que ser una ínfima minoría representa un signo del éxito y validez de las tesis que se defienden. Estos grupos me recuerdan a los comunistas cuando decían que con cada depuración (división), se fortalecían.

La consulta popular que comenzó el lunes 7 y terminará  el 12 de diciembre, puede transformarse, ante el país y el mundo, en una manifestación  categórica de rechazo al autoritario régimen de Maduro; y en una demostración de que la gente sí quiere participar y votar, pero en unas elecciones transparentes supervisadas por la comunidad internacional, a partir de las cuales se estructuren los poderes públicos y se reconstruya el Estado constitucional.

Por los datos que se oyen, la manifestación de voluntad  a través de internet ha sido masiva en el país y en el exterior. Al régimen la gente está dándole una buena dosis de democracia directa, protagónica y participativa. Todo lo contrario de lo sucedido el 6D.

La consulta popular será el reverso democrático de esa cita fracasada. El 12 de diciembre, ¡a desbordar las calles!

@trinomarquezc

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