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La unidad imprescindible

Foto: EFE

José Vicente Carrasquero A.


La pregunta más frecuente que nos hacen desde otros países es: ¿qué tan grave es la situación política que atraviesa Venezuela? Para contestar usamos una cifra contundente. Millones de venezolanos han abandonado el país. Muchos de ellos atraviesan a pie el continente suramericano o zozobran en el mar Caribe mostrando a un mundo poco interesado la desesperación que significa vivir en un territorio en el cual te han expoliado la vida, te han desconocido los derechos humanos y te han empujado a la aventura de buscarte la vida fuera de lo que fue tu entorno vital.

Ante lo impactante de este argumento los interlocutores preguntan: ¿por qué no existe una actitud unitaria de las fuerzas que se resisten al régimen? Y aquí es donde la respuesta se hace más difícil y motiva esta pieza que lee. Argumentan nuestros interlocutores que la falta de unidad de las fuerzas democráticas venezolanas pone en evidencia que el cuidado de parcelas y carreras políticas particulares pareciera demostrar que la situación no es tan grave como para estar, a los ojos de ese liderazgo, por debajo de las calamidades que sufre un pueblo que ha sido empobrecido hasta el hastío por una clase gobernante que hizo de la política una herramienta para permitir un injerto entre lo oficial y el delito en una multiplicidad de formas.

La política visceral o el remedo de la política

Queda como tarea pendiente ubicar el período o lapso de tiempo en el que la política venezolana entra en una fase de deterioro tal que lo importante no es la resolución de los problemas sino la diatriba y la discusión vacía de esos problemas. Sin duda alguna, con la entrada de Chávez al escenario venezolano se exacerba esta práctica de hacer de lo político una especie de espectáculo en el cual lo que se busca es denostar del otro y contribuir a profundizar las divisiones ya existentes en nuestra sociedad. Una forma tóxica de trivializar los asuntos públicos que envenenó a buena parte de la clase política venezolana.

Muchos de los líderes de las fuerzas democráticas cayeron en este juego y lejos de tratar de sanar heridas y zanjar divisiones se montaron en un proceso destructivo de, no solo desplazar al otro del poder, sino, además, buscar su aniquilación. Una forma de actuar que siempre estuvo signada por un todo o nada que llevó a las fuerzas democráticas venezolanas a una serie de derrotas. A las etiquetas usadas por el chavismo se unieron términos del otro sector como “colaboracionista”, “cohabitador”, “entreguista”, “tarifado” y un sinfín de epítetos que dejaban claro que no había espacio para la política sino para la guerra de todos contra todos.

Se debe decir que entramos en este fenómeno newtoniano porque después de todo, se estaba reaccionando a una forma de actuar que no busca de las fuerzas democráticas otra cosa que la rendición. Además, hay que agregar que el chavismo adoptó una forma muy cínica de manejar los posibles procesos de negociación que se intentaron y que terminaron siendo una burla a los acuerdos y una frustración para quienes adversan al chavismo.

Las experiencias unitarias

Solo destacaremos dos experiencias unitarias que resultaron exitosas y que, sin embargo, fueron totalmente irrespetadas por el chavismo. La primera fue impedir la modificación de la Constitución en 2007. La segunda y más importante, la victoria aplastante de la unidad en las elecciones parlamentarias de 2015.

La segunda experiencia abrió un firmamento de esperanzas para muchos venezolanos. Las mismas fueron rápidamente frustradas por unas acciones ilegales e inconstitucionales del chavismo que vació a la Asamblea Nacional de su poder legislativo y contralor consagrado en la Constitución.

La unidad se fue diluyendo en la medida que líderes de las fuerzas democráticas fueron demostrando sus pocas capacidades como estadistas y le dieron rienda suelta a tratar de convencer a sus seguidores y al resto de la población que sus propuestas eran las mejores.

La disolución de la unidad

Con la llegada de Juan Guaidó a la presidencia interina y el apoyo de Donald Trump con un tono belicoso se desataron los demonios del exterminio. Algunos líderes políticos y muchas figuras públicas hicieron creer a buena parte de la población que el chavismo sería barrido del mapa y no habría necesidad de buscar formas negociadas de resolución del conflicto. La trivialización del parágrafo 11 del artículo 187 de la Constitución, del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y del R2P, entre otros, generaron divisiones internas y apagaron las esperanzas de buena parte de la población venezolana.

La unidad imprescindible

La situación venezolana requiere que desde adentro se dé un proceso de consolidación de un movimiento unitario que tenga como objetivo único el logro de un proceso electoral con todas las garantías necesarias para que la voz de los venezolanos no sea solamente escuchada, sino obedecida. Para ello se requiere que los líderes de las fuerzas democráticas acuerden una aproximación que incorpore a todos aquellos que adversan a Maduro con la finalidad de acordar una estrategia y finalidad única.

Esto requiere una madurez política muy grande. Se debe incorporar a todo el que pueda colaborar en este proceso. No puede haber a priori una posición de rechazo a persona o grupo que se quiera incorporar a esta tarea. Está claro que este no es un proceso trivial. Pero, en todo caso, es lo que la comunidad internacional espera de nosotros.

Los actores extranjeros no quieren operar de otra forma que de facilitadores de un proceso pacífico del cual salga la solución que buena parte de los venezolanos desean. Para ello, el liderazgo político debe ser proactivo y formar un grupo ad hoc para participar en este evento que nuestros aliados procurarán que pase. Para ello, debemos estar preparados. Hay que definir muy bien el objetivo. Incorporar a todo aquel que quiera cooperar con el logro del mismo.

Las experiencias de otros países demuestran que ya habrá tiempo para la rendición de cuentas y para que se haga justicia. No todo se puede hacer al mismo tiempo. Es un proceso secuencial en el que el logro de una etapa va permitiendo conquistar espacios que a su vez llevan a ir recuperando un sistema político que esté caracterizado por la independencia de poderes y la rendición de cuentas, todo en un marco de libertades y respeto de los derechos humanos.

Nadie dice que sea fácil. Pero es un compromiso que tenemos con el futuro de nuestro país representado en una óptima calidad de vida para los venezolanos.

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