Destacado

La humanidad en las vacunas

Foto tomada de Iberdrola

Elsa Cardozo

No hace falta mirarse en el mapa mundial de los avances y rezagos en las vacunaciones contra el Covid-19 para saber que Venezuela está en la larga lista de países con menos de uno por ciento de vacunados. A medida que nos acercamos a los datos y que los casos se nos van haciendo personalmente más cercanos, el registro se hace más crítico y angustioso. En el continente americano -sin contar a Cuba y Nicaragua, cuyos datos no se conocen- Venezuela es el país con menos vacunados y, sabido es, que las pocas dosis que el gobierno ha tramitado y recibido de China (500.000) y Rusia (250.000) han sido administradas sin la transparencia, eficiencia y, en suma, sentido de humanidad que la emergencia reclama. Estos tres criterios deberían ir juntos. En todas partes se necesita que vayan juntos, en el marco de un gran acuerdo global como el que a finales de marzo han propuesto más de veinte líderes mundiales, que lo han suscrito desde la certeza de la gravedad del momento presente y de que esta no será la última pandemia.

Hace un año ya se advertía la amplitud de los ámbitos en los que la Covid-19 alentaría acuerdos pero también agudizaría tensiones, con gran aceleración. Esto último ha venido ocurriendo política y geopolíticamente, como lo evidencian el despliegue de políticas de control interior y ofensiva exterior de regímenes como los de Rusia, China, Irán o la India; también en lo propio de las derivas populistas nacionalistas occidentales en los casos de Estados Unidos con Donald Trump, el Reino Unido con Boris Johnson, hasta que estuvo gravemente enfermo o, en sus peculiaridades, los de Brasil y México. En regímenes como los de Cuba y Venezuela, no obstante, o precisamente por su extrema vulnerabilidad, se ha acentuado la ofensiva interna y las posiciones internacionales defensivas  de ese control interior. 

Cálculos, competencias y recelos han sido, precisamente los mayores obstáculos que han encontrado los acuerdos para cooperar ante una emergencia de naturaleza global. La transparencia, la eficiencia y el sentido de humanidad han sido también víctimas de la pandemia, en lugares y materias críticos para su superación. Las vacunas no han escapado a ese impulso.   

Lo de la transparencia ha sido una prueba mayor en el ámbito sanitario, ya no solo en el manejo de los datos sobre los impactos de la pandemia y las capacidades en infraestructura, recursos y personal para atenderlos, sino sobre el desarrollo de las vacunas, su confiabilidad y su distribución. Admirables como han sido la colaboración entre científicos y los avances en el conocimiento aplicado, no todo ha sido racionalidad científica y técnica. Al lado de la competencia entre farmacéuticas, la política y la geopolítica hacen su parte. Diplomacia de mascarillas y nacionalismo de vacunas, sumados a campañas de promoción y desinformación son recursos de poder útiles a la proyección internacional de capacidad tecnológica y de  influencia. Así se entiende -y no solo desde una racionalidad económica- que aún tan lejos de una proporción significativa de su población  vacunada, países como China, Rusia e India hayan donado o vendido vacunas a gobiernos con los que cultivan influencia o quieren mantener alianzas, comenzando por los vecindarios en los que compiten entre sí  o con la influencia de Estados Unidos. Esto no solo sucede en las periferias rusa, china y de la India. En Latinoamérica también se han recibido donaciones y negociado compras de vacunas -en general con retraso en las entregas- a China, Rusia o a ambos, como en Argentina, Brasil, México, Nicaragua, República Dominicana, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile, Colombia y, como ya fue anotado, Venezuela. Las producidas en la India y Corea del Sur han llegado a través de la plataforma internacional Covax, creada por la Alianza Global para la Vacunación GAVI (por sus siglas en inglés) para hacer accesible las vacunas a países de renta media y baja. Esta iniciativa ilustra, como pocas, las posibilidades de la cooperación genuina.

Mientras tanto en el caso venezolano se confirma en este tema, como en muchos otros, el afán de ser parte de un tablero de jugadas ajenas en un manejo muy opaco y lleno de contradicciones del tema de las vacunas y la vacunación. Avanzaron las negociaciones y la descongelación de recursos para acceder a los beneficios de la plataforma Covax en dotación de un número importante de dosis. Sin embargo, el acceso a esas vacunas ha quedado pospuesto por al menos tres meses -a la espera de la fórmula exigida por el gobierno de facto– en medio de la aceleración de los contagios y la mortalidad. Son diversas las razones alegadas para hacer la exigencia -una sola dosis, facilidad logística de traslado y conservación- pero lo que más resuena son las señales de indiferencia ante el agravamiento de la situación y la referencia, constante y discutible por varias razones, a que las sanciones son lo que impiden el acceso a las vacunas por falta de recursos. Añádase que también está en suspenso la aprobación necesaria para la instrumentación del acuerdo propuesto por el sector empresarial para la compra de vacunas a ser distribuidas gratuitamente.

Hemos visto como Irán -en medio de las tensiones internacionales, dificultades económicas y sanciones que rodean su situación presente- está recibiendo vacunas de la facilidad Covax  de la que ya se han beneficiado trece países americanos, entre los cuales ya varios han comprado vacunas a Rusia, China e India. Casi todos los países latinoamericanos y del Caribe están en la lista de los 142 que recibirán las primeras 237 millones de dosis. Cuba decidió no participar, aun en medio de un pico de contagios, confiando en el desarrollo de sus propias vacunas, con sus tradicionales argumentos anticapitalistas, falta de transparencia en las pruebas y su certificación.

Esto lleva a la cuestión de la eficiencia, referida al mejor uso de los recursos y la cooperación vis a vis la importancia que se reconoce al desafío de la pandemia y la seriedad con la que se asume. En el mundo van en aumento los llamados de atención sobre la desigual capacidad de los países para contar con vacunas. En medio de una oferta insuficiente y un mercado en extremo competitivo, es cada vez más visible la brecha entre los países que han tenido acceso, capacidad y oportuna disposición de comprarlas por una parte y, por la otra, el mayoritario resto del mundo. Eso es importante y ha sido objeto de llamados de atención desde los ángulos de la geopolítica, la ética, los negocios y la ciencia, pero a ello hay que sumar la subestimación de los criterios científicos y las consecuencias de las acciones y omisiones por parte de líderes nacional-populistas. Han sido especialmente graves sus consecuencias en países con menos recursos para responder a los estragos, como son en Latinoamérica los casos de  Brasil y México. En Venezuela, en sus propias proporciones y en medio de la opacidad de los datos, se yuxtaponen la emergencia humanitaria subyacente, la vulnerabilidad del sistema de salud, la mínima proporción de vacunados y la falta de un plan de vacunación. No es cuestión de insistir en el diagnóstico sobre los criterios de eficiencia del régimen venezolano: la migración forzosa de millones de personas y la destrucción material e institucional hablan por sí solas.

En lo que sí es necesario insistir es en la dimensión humana, en la escala de los daños acumulados a los que se suman los estragos de una pandemia que, sin necesidad de mucha documentación, cada vez se siente más temible, más de cerca. Ante una amenaza tan grave muchos gobiernos mueven cielo y tierra para obtener vacunas y planificar su administración. Lo hacen más allá de consideraciones políticas y geopolíticas: no ignorándolas sino sopesándolas con sentido de seguridad y de humanidad, que son complementarios cuando el foco se pone en la sociedad, en las personas. Es eso lo que hay que exigir, a sabiendas de que nunca estuvimos tan cerca de lo dicho ya tantas veces: nadie está a salvo si todos no lo estamos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s