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La nueva plataforma unitaria opositora

Foto tomada de Hola News

Trino Márquez

Las organizaciones políticas que hace pocos días pactaron para crear una plataforma unitaria, cubren de esa manera el vacío dejado por la incomprensible desaparición, en 2018, de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), bajo cuya conducción la oposición se anotó las victorias más resonantes de los últimos quince años, luego del descalabro provocado por la abstención en los comicios parlamentarios de 2005.

          En buena hora los partidos políticos optaron por reconfigurar  su alianza. El escepticismo, el desencanto y el pesimismo se han instalado en un amplio sector de los venezolanos. La mayoría sigue evaluando en términos muy negativos la gestión de Nicolás Maduro y su equipo. A Maduro lo señalan como el responsable fundamental de la crisis económica, de la espiral inflacionaria que tritura los ingresos de los venezolanos, del colapso de los servicios públicos, de la ruina de la salud y la educación pública, y de la miseria generalizada. Consideran pésimo el manejo que ha realizado de la Covid-19.

          Sin embargo,  esas evaluaciones negativas no son suficientes para inclinar la balanza claramente hacia las agrupaciones democráticas. El desencanto ante las distintas opciones opositoras, impide que el prolongado fracaso del gobierno se convierta en fuente del fortalecimiento de la alternativa democrática. Una gruesa franja de venezolanos se ha dejado ganar por la suspicacia. Rechaza al régimen, pero duda de la capacidad de la oposición para enderezar los planos y dirigir la nave en estos tiempos  turbulentos.

          La crisis no es solo de las agrupaciones. También es de los líderes considerados de forma individual. Es intuitu personae.  Juan Guidó, quien deslumbró al país cuando apareció en el escenario nacional, no ha podido conservar los niveles de aceptación de los que disfrutó. No haber logrado el fin de la usurpación y el inicio de la transición ha mellado su autoridad. Lo mismo ha ocurrido con los otros dirigentes nacionales, tanto los que se encuentran en Venezuela, como los que se vieron obligados a emigrar. Nadie ha quedado a salvo. En medio del hundimiento, María Corina Machado ha subido un poco en las encuestas. Pero, nada que deslumbre por su consistencia. No existe ningún primus inter pares. Ninguna referencia indiscutible. Todos los dirigentes se mueven dentro de un pelotón bastante uniforme.

          En el campo del oficialismo, Nicolás Maduro destaca como el líder innegable. Los dirigentes más importantes del gobierno y del PSUV son evaluados de manera negativa. Aparecen aplazados. Con muy bajos niveles de reconocimiento. La diferencia es que esa negatividad carece de consecuencias prácticas. La casta sigue disfrutando del poder, sin que ninguna amenaza creíble aparezca en el horizonte. Continúa contando con el apoyo de las Fuerzas Armadas, el control de las instituciones del Estado y el manejo a discreción de los cuerpos represivos formales e irregulares creados por el Estado. Marchan con el viento a su favor.

          La crisis de los partidos opositores y de los liderazgos individuales, refleja la factura que les están cobrando los ciudadanos a sus dirigentes. Estos últimos tiempos han sido de confusión, ambivalencia y divisiones. No se sellan acuerdos unitarios  compactos  en relación con ninguna materia trascendente. Ni frente a las elecciones, la pandemia y las sanciones internacionales; o ante problemas como los servicios públicos, la escasez de gasolina, la violación sistemática de los derechos humanos y el desastre económico. La mayoría son declaraciones aisladas. Voces individuales que se levantan para denunciar tal o cual atropello o abuso. Tal o cual aspecto particular  de las desastrosas políticas de Maduro. Pero nada categórico que revele el deseo y el fuelle para desplazar del poder a la camarilla instalada en Miraflores.

          La nueva plataforma unitaria se plantea dos propósitos plausibles: presionar al gobierno para que enfrente de forma coherente la emergencia humanitaria provocada por la pandemia; y luchar por elecciones libres, justas y verificables -con observación y reconocimiento internacionales- para presidente de la República, Asamblea Nacional y las instancias regionales y locales. Ahora habrá que operacionalizar esos objetivos. Llevarlos a un plan más específico en el cual aparezcan aliados nacionales e internacionales, tareas, cronogramas, acciones. Todo aquello que haga aterrizar  las grandes aspiraciones. El relanzamiento de la plataforma organizativa de la oposición representa una esperanza y una excelente oportunidad para recolocar en el bando democrático la iniciativa política que lleve a recuperar el entusiasmo. La gente necesita volver a creer en la posibilidad de alcanzar una Venezuela democrática y próspera.

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