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¿CÓMO PIENSAN QUIENES SE OPONEN A MADURO?

Foto tomada de umutboyavepetrol.com

EDITORIAL

El último estudio cualitativo de opinión realizado por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno en torno a las actitudes de la población que se opone al gobierno con relación a un cambio político, revela que los venezolanos que adversan a Maduro se niegan a perder la fe en que se restablezca la democracia en el país. Todos coinciden en que se necesita un cambio, y éste debe ser de raíz. Y aunque se apuesta básicamente a una solución pacífica, por la vía del voto, no se ve claramente cómo llegar al objetivo. Básicamente los opositores reclaman UNIDAD en torno a un líder que dé la cara, que cumpla con lo que dice y que el resto de los partidos dejen a un lado sus intereses y lo apoyen. Le dan valor a las protestas locales o comunitarias para lograr mejoras, y destacan la necesidad de articular a la gente desde abajo, en función de lograr metas pequeñas, e ir hilvanando una articulación política y social nacional.

Benigno Alarcón

Entre el 20 y el 26 de marzo, el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno, con el apoyo de la empresa Delphos, realizó una batería de grupos focales en cinco ciudades del país para explorar las actitudes de los ciudadanos que se oponen al régimen liderado por Maduro y determinar elementos presentes en la percepción sobre la actual situación.

Este estudio consideró tanto a aquellos ciudadanos que apoyan a la estructura política opositora formal, o sea, a Guaidó, el G4 y los partidos que los acompañan, así como a aquellos que oponiéndose al régimen liderado por Maduro no se sienten identificados con ningún partido ni liderazgo.

¿Qué encontramos?

La casi totalidad de los entrevistados coinciden en que bajo este régimen político el país no puede funcionar, por lo que “Venezuela necesita un cambio de raíz ” en lo político, lo económico, lo social, entre otras muchas áreas de la vida nacional. Y aunque comprenden las dificultades para lograrlo, se niegan a perder la fe, y reclaman al liderazgo trabajar en las condiciones para que ello sea posible. Los opositores, tanto los que aún apoyan a Guaidó y al G4, como los que no, coinciden en que sin “UNIDAD” nada es posible. Coinciden en que “LA UNIDAD” entre quienes adversan al gobierno es esencial para organizarse y presionar por un cambio.

También hay coincidencia en que para ello es indispensable que haya “un líder confiable, capaz de mover a las masas, que cumpla lo que promete y que no abandone la lucha” y, a su vez, los demás líderes y dirigentes “deben deponer sus intereses particulares y unirse en torno a una sola causa y a un solo líder”.

Hay Esperanza, pero también temor al adversario

Este sector de los venezolanos que se opone al régimen, aunque se ha vuelto escéptico y desconfiado, no se resigna y mantiene la esperanza. Algunos reconocen que es difícil que el cambio ocurra, por lo menos de manera pacífica. Y esto básicamente tiene su razón de ser en los resultados de las protestas anteriores, principalmente en 2017, en las que hubo uso y abuso de la protesta con una participación importante y sostenida, pero mal concebida y canalizada, que a pesar de haber significado costos muy altos para quienes demandaban un cambio político, no se logró la tan anhelada transición hacia la democracia y, por el contrario, hubo retrocesos en lo político, represión, persecución, pérdidas de vidas, personas heridas, detenidos y violación de derechos humanos.

Los entrevistados expresaron su temor a participar nuevamente en protestas de ese tipo por la represión; sienten que están luchando contra un adversario muy grande que es la dictadura. Se ha instalado el mito de que “el gobierno lo domina todo” y esta percepción se viene generalizado  progresivamente.

En el caso de los opositores que no apoyan el movimiento liderado por Guaidó y el G4, se responsabiliza en parte a la oposición de que no se haya producido el cambio. Se les acusa de “ser débiles, de no haber actuado contundentemente”. Asimismo, se resiente que muchos dirigentes se hayan ido, y se les señala de pensar solo en sus intereses y de no unirse en torno a la causa democrática; e incluso, se acusa a otros dirigentes de “haberse vendido y abandonado la lucha para cohabitar con el gobierno”. Muchos de los opositores que no apoyan a  ningún liderazgo afirman que se lucha “contra el oficialismo y contra la propia oposición”.

Por su parte, quienes están a favor del liderazgo de Guaidó y los partidos que conforman el G4, acusan a la propia oposición de no haberse unido y haberlo apoyado como era debido, opinan que se le dejó solo y se privilegiaron los intereses personales y partidistas sobre los colectivos.

Pero ¿cómo podría producirse el cambio?

Con respecto a cómo debería darse el cambio, la mayoría no tiene una idea clara de qué debería hacerse. Hay una enorme frustración porque sienten que se intentó todo sin alcanzar el resultado: manifestaciones y protestas, por un lado, y elecciones por el otro.

En lo que si hay coincidencia es en que la ciudadanía se inclina por una solución pacífica, aunque dicen estar conscientes de que será difícil lograrlo. Asimismo, coinciden en que para que las elecciones sean una opción real de cambio “es imprescindible que haya un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE)”. En este punto, también se coincide en la necesidad de que haya intervención extranjera, pero, al contrario de lo que muchos creen, ello no se limita a las de carácter militar, sino que incluye alternativas como la observación electoral que “garantice que el gobierno no pueda meter las manos” en los resultados electorales. Existe la convicción de que la observación internacional garantizaría que el régimen aceptara una derrota y se fuera sin problemas.

El locus de control externo

Uno de los grandes problemas del ciudadano es la tendencia a responsabilizar de los problemas y de lo que hay que hacer “al otro”. Una expresión de esta búsqueda de la causa de nuestros males en lo externo está en la explicación generalmente aceptada de que la ideología del régimen dañó la mentalidad del ciudadano (del otro), y lo hizo conformista, dependiente de un bono o una bolsa de comida; hay la convicción de que se perdieron valores fundamentales como el valor del trabajo y la solidaridad. “La gente se ha vuelto egoísta y piensa solo en sí misma y no le importa perjudicar al otro”. En otras palabras, la gente tiende a percibir negativamente a los demás, lo que tiende a aumentar el aislamiento dificultando que las personas que comparten valores y quieren hacer algo se encuentren.

Deseo vs. Escepticismo

En los grupos focales surge una contradicción entre el deseo de “hacer algo” y la sensación general de que “no se puede”, “es difícil”. La disposición a participar sigue en pie. Muchos aseguran que están dispuestos a convertirse en portavoces de lo que pasa en el país para convencer a la gente de que se necesita un cambio.

Los opositores en general aseguran que están dispuestos a movilizarse y participar en protestas, pero también reconocen el temor por su integridad física y por eso exigen, a quienes las convocan, hacerlo garantizando un mínimo de seguridad. Asimismo, demandan que las protestas tengan un sentido, un objetivo que haga que valgan la pena; que sean convocadas y lideradas por alguien que sea capaz de mover masas. Pero también hay un gran rechazo hacia los líderes que no permanecen en las protestas y las abandonan.

Los entrevistados sienten que las grandes manifestaciones quedaron en el pasado, y no recuerdan haber participado en ninguna desde hace años, pero aseguran que las protestas comunitarias para reclamar por la falta de servicios (agua, electricidad, gas, etc.) son efectivas y no se han detenido. La gente tranca las calles para exigir la atención de las autoridades, y aunque en muchos casos son atropellados por los organismos de seguridad del Estado, al día siguiente llega un camión con bombonas de gas, o les colocan el agua. Lo mismo se cree sobre las manifestaciones por reivindicaciones laborales como las de médicos, enfermeras, jubilados o docentes. Llama la atención que, a pesar de estar en estado de alerta por el coronavirus desde hace ya más de un año, nadie mencionó la pandemia como un impedimento para manifestar.

Liderazgo y unión opositora

Entre quienes se oponen al régimen, pero no apoyan a los liderazgos opositores actuales, el factor común es la decepción. En su mayoría, consideran que los líderes no han sido honestos y ha sido evidente que no hay unión entre ellos. En general, no se sienten representados por ninguna de las figuras actuales.

Por el contrario, quienes apoyan a los liderazgos opositores valoran que Guaidó se haya mantenido en pie. Este grupo coincide con aquellos que no se identifican con ningún liderazgo en su valoración de la “unidad”, y están convencidos de que quienes la pueden lograr son los partidos de oposición si se unen bajo un solo liderazgo. En este grupo se continúa viendo a Guaidó como la persona adecuada para aglutinar a los opositores y motivarlos para salir a votar o manifestar, de ser el caso.  Consideran un problema el que haya opositores que no lo sigan o lo adversen, y exhortan a todos a “unirse” a la lucha porque “Guaidó no puede solo”; “deben unirse para tener un solo frente y de esa manera, poder presionar al gobierno.” Agregaron que “un movimiento opositor unido daría más confianza, fortaleza y seguridad.”

En cuanto a lo que la gente estaría dispuesta a hacer, los entrevistados destacan su disposición a participar “propiciando un cambio de mentalidad de la población”; “buscando apoyo internacional” y “organizando a la ciudadanía para presionar al gobierno”; “salir a la calle, a los barrios, ir de puerta en puerta, para convencer a la gente de que sí puede haber un cambio” y “lograr que nos unamos y se cree un solo frente de oposición.” Creemos, según el propio testimonio de lo entrevistados, que se debe comenzar a trabajar a nivel local, e ir ampliando el trabajo, de abajo hacia arriba, comenzando por las comunidades, para seguir con los municipios y estados, hasta conformar un gran movimiento nacional. 

Es por eso por lo que, a la hora de analizar estrategias, debe tomarse en cuenta que, probablemente, lo más acertado sería articular a la gente desde abajo, desde lo local para ir generando organización que, a su vez, pueda ir hilvanando un movimiento político nacional. Ello coincide con lo que la gente intuye de manera muy inteligente, pero también con lo que los procesos exitosos de otros países nos enseñan.

Es evidente que el ciudadano está en la búsqueda de dirección, ya que actualmente se siente huérfano y sin claridad sobre la estrategia, sin expectativas de cambio, y sin una narrativa creíble que genere esperanza y lo movilice. Quiere hacer algo, pero no sabe qué. Por eso, es importante que el liderazgo político y social comprometido con el cambio político centre su trabajo en reducir estas barreras a la participación. El sector opositor, que es la gran mayoría del país, cree que es importante activarse y está dispuesto a hacerlo, pero siente que podría ser suicida hacerlo solo, sin nadie que los una y muestre un camino factible.

La Causa Democrática tiene el potencial para generar un gran movimiento nacional a favor del cambio, pero hay una incidencia muy importante de eso que los psicólogos denominan el locus de control externo: la responsabilidad o la culpa es del otro, o de circunstancias que no controlamos. Es necesario poder contar con una sociedad civil organizada, unida, adulta, madura y empoderada para lograrlo.

Categorías:Destacado, Editorial

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