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La debacle de la oposición

Tomada de la Prensa de Lara

Benigno Alarcón Deza

Aún cuando ya se inscribió a la mayoría de los candidatos de la oposición para las 23 gobernaciones, las 335 alcaldías y para las asambleas legislativas estadales y concejos municipales, todavía quedan casos por definir como los de Miranda, Lara, Trujillo, Apure, Amazonas, Aragua, Yaracuy y Táchira, bien sea por las inhabilitaciones o por la falta de consenso. Y aunque la mayoría de estas candidaturas se inscribieron bajo el paraguas de la Plataforma Unitaria, es realista pensar que la debilidad del movimiento opositor apunta hacia el éxito de la estrategia oficialista de dispersión del voto que llevará, inevitablemente, hacia un escenario negativo en las elecciones regionales que puede generar un vacío de liderazgo y una debacle entre los partidos y actores de oposición derivados de la lucha por la sucesión

A medianoche del pasado sábado 4 de septiembre cerró finalmente el lapso para la inscripción de los candidatos a gobernadores, alcaldes y miembros de las asambleas legislativas estadales y concejos municipales de todo el país que participarán en las elecciones del 21 de noviembre del presente año. Sin embargo, en el caso de la oposición quedaron algunos nombres por definir debido a problemas para llegar a un consenso o por las inhabilitaciones que todavía se mantienen para algunos dirigentes políticos, a pesar de las promesas del gobierno de levantarlas para todos aquellos que quisieran participar en esta contienda electoral.

Según informó el presidente del Consejo Nacional Electoral, Pedro Calzadilla, se inscribieron 70.244 aspirantes a los 3.082 cargos de elección popular que se disputarán en los comicios regionales y municipales del 21 de noviembre, de los cuales 329 se postularon para gobernadores, 4.462 para las alcaldías, y 65.453 para las asambleas legislativas estadales y los concejos municipales. Es decir, un promedio de 23 candidatos por cada cargo, que en el caso de los gobernadores promedia unos 14 aspirantes por estado, en el de las alcaldías unos 13 por municipio, y unos 24 aspirantes para cada cargo a los órganos legislativos regionales y municipales. Esta predecible proliferación de candidatos, consecuencia de una estrategia común entre autocracias electorales, como lo es el clientelismo político competitivo-electoral, no sería tan grave si ello no se hubiera materializado en una importante fragmentación de la oposición que no permitirá polarizar la elección entre el PSUV y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), sino que el voto tenderá a dispersarse entre otras alternativas que, aunque con menos legitimidad, son suficientes para convertir a la minoría oficialista en una mayoría relativa.

Ante este escenario, uno de los peligros más importantes es el desplazamiento de la oposición y del liderazgo de Juan Guaidó, lo que constituye el principal propósito de la estrategia electoral oficialista, lo cual se traduciría en el cuestionamiento de la representación opositora en la mesa de negociación con el gobierno, y en una debacle del G4+ que se originaría en una lucha de todos contra todos por el liderazgo opositor. En este sentido, si la oposición representada por el G4+ pierde abrumadoramente el 21 de noviembre, no debería sorprendernos que el gobierno pida la reestructuración de la representación opositora en la mesa de negociación para incluir a las “otras oposiciones”, cuyas agendas e intereses nada tienen que ver con los del G4+, sino que, por el contrario, coinciden con el régimen en su interés por sustituir a los partidos mayoritarios.

¿Cómo ha cerrado este periodo de inscripción de candidaturas a las elecciones regionales y municipales?

Debido a que al gobierno le interesaba que se inscribiera la mayor cantidad de candidatos posibles para dar la idea de apertura democrática y también para favorecer la dispersión del voto, el CNE no tuvo problema en mover varias veces la fecha de cierre de postulaciones para los distintos cargos de elección popular. La oposición logró inscribir 23 candidatos a las gobernaciones, aunque ocho de ellos solo son “tapas”, o sea, candidatos temporales o transitorios, mientras se termina de definir la candidatura definitiva. Ese fue el caso de los estados Amazonas, Apure, Aragua, Carabobo, Lara, Miranda, Yaracuy y Trujillo.

Una situación similar se presenta en el caso de las postulaciones unitarias a los 335 municipios, aunque al cierre de este editorial no contamos aún con el número total de candidatos provisionales y definitivos inscritos por la Unidad.

¿Habrá finalmente observación electoral?

Un tema crucial es si habrá o no observación internacional en los próximos comicios regionales y municipales. Si bien es cierto que ya los tiempos no dan para que haya observación electoral, propiamente dicha, se adelanta el plan de trabajo para enviar una misión amplia de expertos, para lo cual entendemos que se ha dado plazo hasta el 15 de septiembre para tener la aprobación definitiva del acuerdo de parte del Consejo Nacional Electoral.

De acuerdo con este plan, el equipo técnico llegaría a Caracas el 9 de octubre y el de observación unos treinta y tres días antes de la elección, y un equipo adicional el 15 de noviembre. A todas las dificultades que hacen ya imposible el cumplimiento de los protocolos de observación electoral, se suma el hecho de que en unas elecciones que incluyen a las autoridades de 335 municipios y 23 gobernaciones, es imposible verificar resultados mediante el despliegue de observadores en centros que constituyan una muestra representativa en cada una de estas entidades.

A estas alturas ya han ocurrido episodios clave dentro del proceso electoral que han debido ser objeto de la observación internacional, como es el caso de las inscripciones de nuevos votantes o las actualizaciones de registro, en los que se habla de una proporción de siete electores oficialistas por uno de oposición, en los que se facilitó el acceso al sistema de los oficialistas y se obstaculizó el de los opositores, ya no con los puntos rojos sino con los códigos QR. También con la ubicación de los centros de inscripción: el de Chacao estaba en la sede del mercado antiguo, donde se reparten los CLAP; lo mismo en el municipio Sucre donde estaban en Tócome y la plaza El Cristo. Ese es un tema que preocupa, y los observadores no pudieron verificarlo, y desconocen igualmente lo ocurrido con las inhabilitaciones. Tampoco han estado en las juntas regionales y municipales del Consejo Nacional Electoral, aparte de que las oficinas laborales están todas en manos de Tania D’Amelio.

En conclusión…

Con todo esto, lo que queda claro es que el gobierno viene ejecutando su estrategia para desplazar al G4+ como entidad representativa de la oposición. Le interesaba que se inscribiera la mayor cantidad de candidatos posibles para dar la idea de apertura democrática y favorecer la dispersión del voto, lo que se evidenció en el “gesto” del CNE de mover varias veces la fecha de cierre de postulaciones, lo que permitió a la MUD, pero también a muchos otros, completar el proceso de inscripción y aumentar de manera significativa la nómina de postulados a los distintos cargos de elección popular.

Esta sería una de las razones por las cuales el líder opositor, Juan Guaidó, ha marcado distancia del proceso y ha insistido en que continúa sin haber condiciones para una elección. Una posición que buscar evitar “quemarse” con los resultados. Este distanciamiento comprensible puede tener un impacto importante en los niveles de participación del elector opositor. Precisamente una de las cosas que surgió en la encuesta realizada (julio) y presentada por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno en el evento Prospectiva Venezuela 2021 II semestre, es que un llamado de Guaidó a votar tiene un peso específico muy importante.

Asimismo, existen dudas sobre el rol de Capriles en esta elección, a quien debe preocuparle su habilitación y posicionamiento de cara a la presidencial de 2024, y seguramente no querrá amarrar su suerte al G4+, a sabiendas que de que el gobierno tiene como principal objetivo desplazar a la unidad opositora. Acá vemos entonces dos liderazgos de oposición que, por razones distintas, podrían terminar marcando distancia prudente de este proceso electoral.

Además, en el caso de Guaidó, la suerte del G4+ en esta elección puede afectar su representatividad ante la Mesa de Negociación que se lleva adelante en México ya que, con toda seguridad, en el caso de que la oposición unitaria pierda abrumadoramente las elecciones de noviembre, Maduro exigirá la presencia de las “otras oposiciones” y, obviamente, la agenda del G4+ es muy distinta a la de la Alianza Democrática, cuya estrategia es convertirse en “la oposición” y para ello depende del éxito del gobierno en su intento por desplazar a Guaidó y a los partidos mayoritarios de la oposición.

Todo esto representa un reto crucial para la oposición, pues si bien la participación electoral puede generar un impacto movilizador de liderazgos a lo largo del país, que sería uno de los objetivos para ganar músculo hacia el futuro; una derrota puede marcar su destino, al menos el del G4+, que hasta ahora sigue siendo el grupo de mayor representatividad de quienes aspiran a que en Venezuela ocurra un cambio hacia la democracia.

La activación de los electores, la organización para la defensa del voto, la comunicación efectiva y la gestión de los escasos recursos financieros y logísticos, son algunos de los temas que deben ocupar la agenda del liderazgo opositor para lograr algún resultado favorable en estos comicios.

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