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Todos vs. Todos

Tomada de Red Radio

Benigno Alarcón Deza

Los acontecimientos de la última semana, que van desde disputas entre candidatos por ser los abanderados de la unidad en gobernaciones o alcaldías, la renuncia de otros a participar por no haber condiciones mínimas y, más recientemente, el comunicado de Primero Justicia, donde informa sobre su renuncia a seguir gestionando activos en el exterior , apunta a que la tormenta perfecta ya llegó al corazón de la oposición, mucho antes de la fecha de las elecciones regionales. Esta situación, que evidencia una ruptura entre los partidos que conforman el G4+, podría incrementar el nivel de abstención en esta próxima elección lo que, obviamente, redundará a favor del régimen. A esto podrían agregarse los pocos avances logrados en el proceso de negociación que se lleva adelante en México y que también podría incidir en el desinterés del electorado opositor por acudir a las urnas el 21 de noviembre, y Maduro lo sabe…

El panorama político en Venezuela y la posibilidad de que se logre un cambio lucen cada vez más complicados como consecuencia de los acontecimientos de la última semana, que van desde enfrentamientos entre candidatos opositores que aspiran a ser los abanderados de la unidad en gobernaciones o alcaldías, pasando por la negativa de otros a participar por considerar que las condiciones no son competitivas, hasta el comunicado de Primero Justicia, donde informa sobre su renuncia a seguir participando en el gobierno interino en el manejo de los activos de Venezuela en el exterior y sus desacuerdos con Juan Guaidó.

La pugna entre Primero Justicia y Voluntad Popular no es nueva, pero su agravamiento se ha hecho cada día más evidente sumando argumentos a la narrativa generalizada sobre la fragmentación e inmadurez del liderazgo opositor, que se ha convertido en motivo de hastío para la mayoría de la población que reclama un cambio político.

El comunicado de Julio Borges del pasado lunes sobre el desacuerdo con Guaidó por no haber tomado en cuenta la propuesta de pasar los activos venezolanos a un fideicomiso internacional para su resguardo, generó mucho disgusto en el partido naranja. Al mismo tiempo, lo que pasó con candidaturas como la de Tomás Guanipa y Roberto Patiño está causando problemas dentro de la tolda amarilla. También se han asomado posiciones encontradas en relación con la participación electoral, como es el caso entre los hermanos Guanipa; Tomás lanzó su candidatura para la alcaldía del municipio Libertador y Juan Pablo advierte que no competirá por ningún cargo por falta de condiciones electorales.

El otro asunto es que existe preocupación en el G4+ porque se cree que el resultado electoral será negativo para la oposición democrática, pues se teme que la abstención, que en el último estudio del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno del pasado mes de julio rondaba el 50%, se podría estar incrementando. Y si bien es cierto que la mayoría de la población estaría dispuesta a votar contra el oficialismo, la estrategia de fragmentación del voto opositor hará mucho más difícil polarizar el voto entre el oficialismo y los candidatos del G4+, concentrados en la tarjeta de la Unidad Democrática. Lo más seguro es que se produzca una importante dispersión del voto opositor entre unas 70.000 candidaturas que compiten por 3.082 cargos de elección.

Otro factor que incidirá en los resultados de noviembre es la organización. Debido a la no participación de los partidos en procesos electorales desde 2017, se perdió una gran parte de la estructura organizativa. La situación actual es peor que la de 2017 porque no hay voluntariado y los partidos no cuentan con una estructura propia para estas tareas.

Para algunos analistas, es muy importante el manejo y la interpretación que se haga de los resultados posibles. Es necesario contar con una estrategia comunicacional apropiada para canalizar las expectativas. En este sentido, algunos opinan que es fundamental hacer a un lado la visión de triunfo o derrota en base a cuántas gobernaciones o alcaldías se ganaron  y enfocarse más bien en que, tomando en cuenta el deterioro de las condiciones electorales, hubo un avance y es posible lograr cosas a través del voto. En nuestra opinión, es poco probable, si acaso imposible, separar la sensación de éxito o fracaso del electorado opositor de los colores que dominarán el mapa de Venezuela a partir del anuncio de resultados. Sería una utopía esperar que la sensación de éxito o fracaso no dependa del número de alcaldías o gobernaciones finalmente obtenidas.

El impacto de la observación

En este punto es necesario destacar que, frente a un posible aumento de la abstención, resulta clave la observación electoral europea, en duda hasta hace unos días por la resistencia del Consejo Nacional Electoral a firmar el acuerdo sobre las garantías para el acceso y alcance de esta misión, que finalmente se logró el pasado martes 28 de septiembre, gracias a las gestiones de Borrell y del nuevo encargado de negocios de la Unión Europea en Venezuela, Rafael Dochao. El anuncio lo hizo el mismo Josep Borrell, Alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea.

Si bien es cierto, como señalo Borrell, que este tipo de misión es un avance significativo en relación con los esquemas de acompañamiento y veeduría impuestos por el régimen después de que éste eliminará la figura de la observación electoral internacional, acusándola de injerencista, tras los cuestionamientos que el informe de la Misión Electoral Europea hiciese de las elecciones presidenciales de 2006, esta misión tendrá importantes limitaciones. En este sentido, mientras las misiones de observación electoral son mecanismos de largo plazo que evalúan todas las fases del ciclo electoral, desde el marco jurídico bajo el cual se convoca la elección hasta la solución dada a las divergencias que se presenten en los recuentos y auditorias post-electorales, la presente misión, por las dificultades que ha significado alcanzar un acuerdo con el Consejo Nacional Electoral, iniciará sus labores un mes antes del acto de votación, cuando estaremos ya en la fase de campaña y buena parte del ciclo electoral se ha cumplido, limitación de la que la misión europea deberá dejar constancia en su informe, de acuerdo a lo establecido en el Manual de Observación Electoral de la Unión Europea.

Está también por verse que en el terreno se cumpla oportunamente con las condiciones pactadas para el trabajo de la misión según los parámetros establecidos, que son de por sí más restrictivos que los que existían hasta el 2006. De manera que hay que considerar la posibilidad de que se presenten inconvenientes que podrían generar obstáculos adicionales al cumplimiento del cronograma, reclamos, e incluso el retiro de misión.

Previo a esta decisión, se había dado también un debate dentro de los factores opositores, debido a que para un sector la presencia de esta misión es importante no sólo para dar mayores garantías al proceso, sino además para incentivar una mayor participación del electorado opositor, que es hoy uno de los temas que preocupa al G4+. Aunque ciertamente la observación internacional puede tener un impacto positivo, el factor determinante de la participación es lo que hacen tanto el liderazgo político, como los candidatos y sus partidos de aquí hasta la fecha de la elección. Además de que la observación se cuidará, como debe ser, de no lucir parcializada hacia ningún sector. 

Adicionalmente, se señala su impacto en el establecimiento de condiciones para elecciones futuras, ya que en su informe final debería evaluar y recomendar condiciones que deben mejorarse, además de garantizarse su presencia en las presidenciales o un eventual referéndum revocatorio. Sobre esto último, es importante considerar que nada garantiza que el régimen, en caso de que el informe de la Misión Europea sea crítico al proceso que estará observando, como luce ya inevitable a estas alturas, haga caso a sus recomendaciones, ni tampoco que acepte una nueva misión para futuras elecciones, como la presidencial, en la que se juega el poder real y de manera definitiva.

El día después

Lo que se puede prever es que a partir del 22 de noviembre habrá dos narrativas: la disputa entre maximalistas  y moderados, luego de 20 años de lucha contra el chavismo. Probablemente los maximalistas dirán que la culpa de la derrota es de quienes decidieron abandonar a Juan Guaidó y arrodillarse ante el gobierno para ir a elecciones. Mientras los moderados dirán que los resultados fueron los que serán porque los maximalistas (o radicales), incluido Guaidó, no apoyaron la convocatoria a participar. En esta lucha, es predecible el protagonismo de varios aspirantes a suceder a Guaidó en el liderazgo, como es el caso de Capriles, Henri Falcón, y de los partidos que pretenden sustituir al G4+, y que para ello han colaborado con el gobierno a la debacle de la oposición mayoritaria, y con ello, consciente o inconscientemente, a su estrategia de consolidación.

Tomando en cuenta esto, cuál sería la estrategia de la oposición, independientemente de la agenda, de si se trabaja por el Referendo Revocatorio o por organizarse para el 2024. ¿Cuál es la estrategia para aproximarse a la transición democrática?, pues no solo se corre el riesgo de lo que está siendo un enfrentamiento inevitable entre liderazgos, sino también de la disolución de la oposición, lo que haría más cuesta arriba algún escenario positivo de cara al futuro inmediato.

En conclusión…

Los sucesos políticos de los últimos días evidencian una pugna dentro de las filas opositoras más feroz de la que se había previsto. Todo indicaba que esa posibilidad estaba realmente presente, pero que se exacerbaría luego de los comicios regionales planteados para el 21 de noviembre. El todos contra todos está presente, no solo entre bastidores, sino a la luz del día. Además de que estas controversias desaniman a los electores, facilitan la dispersión del voto que es el centro de la estrategia oficialista. La palabra “unidad” se ha desvanecido en los hechos y ello tendrá implicaciones no solo para estos comicios, sino para futuros eventos electorales de carácter nacional, como lo serían un eventual revocatorio y las elecciones presidenciales.

Esta situación está presente cuando la Unión Europea, después de un largo debate e intensas negociaciones, acordó dar luz verde a la misión que se debe desplegar desde este mes de octubre, y cuyas conclusiones pueden tener un impacto político relevante si se conduce según los parámetros que para este tipo de procesos ha establecido. El hecho de que tenga carácter público su veredicto, le agrega importancia, aunque nada garantiza que el régimen haga caso a lo que allí se diga, de cuestionarse las prácticas electorales venezolanas.

En este contexto, las expectativas sobre los acuerdos a través de la Mesa de Negociaciones que se desarrolla en México se han ido desvaneciendo, dado el comportamiento que ha tenido el régimen, especialmente tras lo ocurrido en el último encuentro.

Todo indica, una vez más, que al liderazgo opositor le corresponde recapacitar, superar intereses muy particulares e integrar una estrategia política y comunicacional que le permita revertir los severos daños que está sufriendo su reputación ante el país, ávido de cambio. Posibilidades existen, y es hora de que se analicen y se tomen decisiones trascendentes, a la altura de lo que los ciudadanos están exigiendo para poder volver a creer, vivir y construir un futuro  en Venezuela.

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