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Vladimir Putin y Ucrania: escenarios (II)

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Félix Arellano

No resulta fácil prever la conducta de los gobernantes autoritarios, sus cálculos son muy personales e impredecibles; empero, no podemos desconocer que dos escenarios están avanzando simultáneamente en el marco del conflicto entre Rusia y Ucrania, y el Presidente de Rusia Vladimir Putin está jugando hábilmente en los dos planos; empero, el tiempo va exigiendo definiciones.

Por una parte, la presión militar sobre Ucrania no se detiene, por el contrario, se ha incrementado en los últimos días, como mecanismo de presión frente a Occidente, incorporando ejercicios militares en diversas áreas, en particular con Bielorrusia. Por otra parte, la diplomacia tampoco baja la guardia y varios gobiernos y líderes mundiales se van sumando a la cruzada orientada a la construcción de espacios para la paz, y debemos destacar que, no obstante, la retórica incendiaria de Putin, en especial contra la OTAN, está jugando a la negociación con todos los actores que se han incorporado en el conflicto.

Es evidente que Vladimir Putin está tratando de lograr los mayores beneficios en la presión contra Ucrania, entre otros, para fortalecer su liderazgo a escala mundial, debilitar a Occidente y avanzar en la reconfiguración de la gobernabilidad y seguridad en Europa, con la mira puesta en reducir la capacidad de acción de la OTAN y el papel de los Estados Unidos.

El rechazo a la OTAN no es un tema nuevo en la política exterior rusa. Putin cuestionó los ataques de la OTAN en Serbia, pero al llegar al poder como Presidente interino en 1999, Rusia se encontraba en condiciones muy limitadas. La mayor preocupación para Putin es la exclusión de Rusia en las transformaciones que experimentaba Europa al finalizar la guerra fría 

Con el tiempo, en la medida que el poder de Putin se ha fortalecido, ha iniciado un revisionismo activo de la seguridad en la zona, que tiene como caso emblemático la participación en la guerra en Georgia en el 2008, avanzó significativamente con la anexión de Crimea y Sebastopol en el 2014, y está logrando su máxima expresión con la presión que está desarrollando sobre Ucrania.

Vladimir Putin logró la anexión de Crimea y Sebastopol en el 2014, promoviendo la reacción secesionista de grupos apoyados por el gobierno ruso y utilizando la figura de un referéndum, muy cuestionable en las condiciones que se realizó, que obviamente arrojó como resultado un apoyo mayoritario a la anexión a Rusia.

Ante tales acontecimientos, Occidente asumió una reacción débil, en alguna medida indiferente, concentrándose en la aplicación de sanciones económicas que, en diversos casos, han demostrado poca efectividad, en particular por la capacidad para evadirlas con el apoyo de otros gobiernos especialmente autoritarios.

La débil reacción de Occidente frente a los casos de Crimea y Donbás, ha fortalecido a Putin, que además registra éxitos en otros escenarios de la geopolítica mundial. En efecto, la activa participación en el Medio Oriente, en particular con el apoyo al dictador en Siria, que ha resultado exitoso, le ha abierto un importante protagonismo en el Medio Oriente, zona clave de la geopolítica internacional, y con habilidad ha cultivado la relación con las monarquías del Golfo e incluso con Israel.

Para avanzar en la reformulación de la seguridad en la región, Putin ha dedicado especial atención a las tácticas para debilitar a Occidente en su conjunto, objetivo que han reforzado otros actores de la geopolítica del autoritarismo, en particular China e Irán. En ese contexto, resalta la importancia de las operaciones de la guerra híbrida que han incluido entre sus objetivos estimular divisiones al interior de Occidente, particular importancia se ha asignado al apoyo a los movimientos radicales, nacionalistas, xenofóbicos y anti integracionistas.

En el caso específico de Ucrania ya se visualizan algunas diferencias, al interior de la Unión Europea, que se pueden incrementar. Al respecto, algunos países miembros apoyan la asistencia militar a Ucrania y sus vecinos. En este contexto, tenemos el caso del Reino Unido, que ya no es miembro de la UE, pero junto a Polonia, han planteado la conformación de una pequeña OTAN para respaldar militarmente a Ucrania.

Por otra parte, el nuevo gobierno alemán, cuya composición es políticamente compleja, ha rechazado el apoyo militar a Ucrania y se ha concentrado en la asistencia en otros sectores. Adicionalmente, le preocupan las implicaciones del conflicto para el gasoducto Nord Stream 2, un tema de interés en sus relaciones con Rusia.

Vladimir Putin también aprovecha y estimula las divisiones en los Estados Unidos que se han incrementado en el Congreso, pero también se presentan al interior del gobierno y del partido demócrata. En el caso del Congreso, destaca el progresivo ascenso del liderazgo de Donald Trump en el partido republicano, promoviendo una posición obstruccionista al gobierno en diversos frentes, incluyendo la política exterior.

Otro caso delicado son las divisiones al interior del partido de gobierno, que están afectando los avances en los proyectos que ha presentado el Presidente ante el Congreso, donde cuenta con una mayoría muy frágil, y cualquier división en su bancada impide la aprobación de las propuestas. Adicionalmente, diversas encuestas prevén resultado negativo para la administración de Biden, en la próxima elección de medio término del Congreso a efectuarse en el mes de noviembre. 

La falta de coordinación entre Estados Unidos y la Unión Europea para el retiro de las tropas en Afganistán, ha sido otro factor que evidencia de las debilidades de Occidente, y contribuye a fortalecer la actitud hostil y expansionista del presidente Putin, que se está aplicando con rigor en la presión sobre Ucrania.

En la posición rusa de incrementar la presión sobre Occidente, el gobierno chino se presenta como un aliado importante y, en tal sentido, en el marco de la reciente inauguración de los Juegos Olímpicos de invierno, ambos gobiernos han suscrito una declaración que concentra la atención en el rechazo al papel que están jugando tanto la OTAN, como los Estados Unidos en la seguridad europea.

El gobierno chino celebra la debilidad de Occidente, pues representa un precedente para los desafíos que está generando con su expansión en el Mar Meridional del Sur de China y frente a Taiwán, que la define como la “isla rebelde”. Pero debemos tener presente que China conserva una interesante relación económica con Ucrania que forma parte del colosal proyecto de la Ruta de la Seda.

Conviene destacar que oficialmente el gobierno chino promueve la negociación diplomática como la vía para la solución del conflicto, y si bien algunos consideran que podría lograr beneficios en una potencial guerra, por la mayor dependencia rusa de su abastecimiento, las impredecibles consecuencias de un conflicto armado en su entorno, puede afectar sensiblemente su exitoso expansionismo.

Es evidente que Vladimir Putin está demostrando su habilidad de jugar con los dos escenarios simultáneamente, toda vez que incrementa la presión militar, como ocurrió en el marco de la reciente visita del Presidente de Francia, Emmanuel Macaron a Moscú; pero también está dispuesto a negociar con todos los actores que participan en el conflicto.

Ahora bien, en la medida que las divisiones y debilidad de Occidente se incrementen, se facilita el camino para que Putin proceda con el zarpazo contra Ucrania, lo que conllevará consecuencias impredecibles para todas las partes, en particular al pueblo de Ucrania

Vladimir Putin debería tener claro que las condiciones que prevalecieron para su anexión de Crimea han cambiado. En esta oportunidad la reacción de los gobiernos de Occidente pareciera más contundente y eso es fundamental, pues se deben definir claros límites a los chantajes bélicos del gobierno ruso. También debería estar consciente de las limitaciones, costos y consecuencias impredecibles de la opción militar. Adicionalmente, los aliados fundamentales tampoco se presentan muy favorables a la opción militar.

Vladimir Putin debería estar evaluando que la invasión militar se presenta compleja; un largo y costoso proceso, que puede debilitar los avances alcanzados en su liderazgo internacional y afectar la difícil situación económica que enfrenta Rusia.  Un potencial fracaso en el control de Ucrania, ante la contundente reacción de Occidente, puede generar peores consecuencias. 

En ese contexto, el presidente Putin se enfrenta con el reto de lograr una salida decorosa, sin debilitar su baja popularidad en Rusia y manteniendo el liderazgo global. Un panorama complejo para todas las partes. Algunos consideran inaceptable que Occidente facilite la salida, pues empodera el autoritarismo estimulando nuevos intentos de expansión frente a Ucrania u otros vecinos, por ejemplo, Bielorrusia. En estos escenarios, los gobernantes autoritarios, por lo general, como lo plantea el clásico Dilema del Prisionero, tienden a privilegiar la traición, estiman que no tienen mayores controles o limitaciones.

Jugar a la opción de un Putin derrotado, que seguramente promueven los más radicales, genera el riesgo de la “fiera humillada, que busca la venganza”. Sobre el particular existen diversos ejemplos en la historia, pudiéramos recordar el fracaso de castigar y humillar a Alemania luego de la Primera Guerra Mundial, que generó, entre otras, las condiciones para el surgimiento de un Adolfo Hitler y su macabro proyecto nazi en Alemania.

Pero estamos seguros que la capacidad creatividad y la experiencia de diplomáticos, negociadores, y académicos, permitirá construir soluciones equilibradas, donde todas las partes puedan obtener beneficios. Al respecto, está circulando la propuesta de un acuerdo de neutralidad de Ucrania, con la garantía de diversos actores y el respaldo económico de Occidente y su vinculación a la Unión Europea. En ese contexto, seguramente Rusia también puede lograr otros beneficios en el plano económico y comercial.

Como siempre reina la incertidumbre sobre la credibilidad y confianza en los acuerdos con gobernantes autoritarios, seguramente será conveniente adoptar una “cláusula gatillo” como un mecanismo de duras sanciones colectivas, que se activa en caso de incumplimientos.

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