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Renovación de liderazgos en la oposición comienza con disputas y divisiones

Tomada de Noticia al Minuto

Contrario a lo que se pudiera pensar de un proceso de renovación de partidos democráticos, en Venezuela, estos procesos han estado debilitados por judicializaciones y divisiones entre partidos

Héctor Antolínez

En el esquema de la política venezolana una realidad en la que poco se piensa es que quizás el gran punto en común de los partidos políticos opositores es precisamente su postura adversa frente al chavismo como proyecto político. Sin embargo, recientemente un nuevo factor ha entrado en juego, uno que permite agrupar a la oposición: su inhabilidad para poder llevar a cabo una renovación de liderazgos.

Este problema no es algo nuevo, ya desde hace décadas se ha denunciado cómo los partidos políticos se han consolidado como plataformas personalistas en torno a un liderazgo individual, muy contrario a lo que debería ser dada su propuesta democrática: una plataforma en la que la discusión interna y la voz de la mayoría logre dar cabida a nuevos nombres.

Es algo que se ha visto en partidos como Voluntad Popular con Leopoldo López, Acción Democrática con Henry Ramos Allup, Vente Venezuela con María Corina Machado y, hasta hace no muy poco en Avanzada Progresista con Henri Falcón.

Tras el fracaso de la estrategia abstencionista que se impuso en el país desde finales de 2017 hasta finales de 2021, y la derrota subsecuente de varios partidos opositores el 21 de noviembre de 2021 en espacios como Caracas y Miranda, las organizaciones políticas anunciaron su disposición para ir a un proceso interno de renovación lograr reconectar con las bases que, al menos para las últimas elecciones, optaron por no acompañarlas.

Es un camino que ha sido todo, menos fácil.

Inclusive antes que Voluntad Popular iniciara este proceso de renovación, la tolda naranja fue sacudida por una serie de renuncias de dirigentes juveniles que denunciaron a la organizaciones por tener vicios en áreas fundamentales para la democracia como la toma de decisiones. Sin duda, un golpe considerable para un partido que cuenta con su principal líder fuera del país y que además está judicializado por el máximo tribunal.

Más crítico aún fue el caso de Avanzada Progresista, el cual tras el 21-N se partió en dos bloques, uno liderado por Henri Falcón y otro por Luis Augusto Romero. Esta división culminó con la salida de Falcón de la organización para anunciar hace pocos días el que sería su nuevo partido: Futuro.

Procesos de renovación con una brújula que no apunta al norte

Para el politólogo Piero Trepiccione, uno de los principales motivos por el que estos procesos internos de renovación han culminado en divisiones acentuadas dentro de los partidos es que no apuntan a lo que debería ser su verdadero objetivo: la reconexión con las bases de la sociedad, esas que en la última elección no respondieron al llamado de ir a votar.

“Hay que tener mucho cuidado con los procesos internos porque efectivamente son necesarios, hacen falta, pero deben buscar proyectarse al país y entender el momento político. Si dejas que esos procesos en lugar de ser una solución se conviertan en generadores de ruido, entonces terminas en un panorama complicado como el que actualmente tiene la oposición”, señaló.

Trepiccione considera que estos procesos de renovación son una oportunidad abierta para “resetear y reiniciar” la realidad de los partidos políticos a lo interno, un escenario que plantea como ideal pero que advierte sufre por la realidad de los tiempos, en especial cuando en el 2024 se anuncian elecciones presidenciales.

“El problema son los tiempos. Estos procesos siempre pueden dar espacio para el surgimiento de liderazgos nuevos,  pero esto puede tardar y evidentemente la sociedad está cansada y ha empezado a militar en la antipolítica, lo cual debilita el funcionamiento de la democracia. La clave está en presentar propuestas viables y creíbles”, comentó.

A pesar de las recomendaciones que hace el politólogo, la verdad de los partidos parece ser otra, y se enfoca en la ratificación de liderazgos, algo que advierte el politólogo “puede ser un fracaso”, pues implica que “lejos de ser una solución se convertirá en un factor de fragmentación del mundo opositor que debilitará la conexión popular de estas organizaciones”.

“Promover procesos internos siempre será una alternativa para encontrar soluciones, pero si te concentras en la ratificación de liderazgos que no tiene conexión emocional con el país, entonces será un fracaso”, alertó.

Más allá de que los procesos internos no tengan éxito y los partidos se dividan como ocurrió con Avanzada Progresista sin que el gobierno intervenga, siempre existe el riesgo de que los partidos se judicialicen o desaparezcan, algo que solo cuenta como posibilidad dada su actual debilidad y desconexión con el pueblo.

“La desaparición de los partidos es un riesgo latente. A medida que cometes errores y sigues haciéndolo pues la desconexión popular aparece. ¿Qué le da vida a un partido político? La legitimidad y la conexión con la población, pero si esta no existe y se cometen errores tras errores, entonces solo quedan dos caminos: minimizarte hasta ser un porcentaje irrisorio dentro del país o, más sencillo aún, desaparecer”, sentenció Trepiccione.

Categorías:Destacado, Opinión y análisis

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