Opinión y análisis

Carta a un confundido sobre las protestas

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Diapositiva1Por: Benigno Alarcón /Jueves, 03 de abril de 2014

¨Democratización es el resultado de incrementar el costo de la opresión al mismo tiempo que se reduce el de la tolerancia.¨
(Robert Dahl, 1971)

Cuando el país entra en su segundo mes de protestas ininterrumpidas, varios estudios de campo comienzan a mostrar que éstas han tenido el efecto contrario a lo que algunos confundidos predecían.

Entre quienes predecían el fracaso y la inutilidad de la protesta, y quienes pese a la evidencia siguen negando cualquier resultado a favor, está el autor de un artículo a quien dedico de manera expresa y especial mi artículo de esta semana, quien aunque haya preferido no mencionarme expresamente muchos no tuvieron duda que se refería a mí, como él mismo reconoció posteriormente.

Tratando de no seguir el mal ejemplo de las ofensas y descalificaciones, por respeto a mis lectores y porque este estilo no forma parte de mi repertorio, me referiré estrictamente a los argumentos técnicos, que son a los únicos que me siento obligado a responder públicamente por este medio. Para ubicar al lector en el contexto, recomiendo antes de seguir adelante con la lectura de mi columna, visitar el artículo al que doy respuesta, a través del link: http://www.twitlonger.com/show/n_1s176k3.

Inicio reconociendo que si bien es cierto que en la oposición, al igual que sucede en todo proceso que involucra a más de uno, hay distintas lecturas de la realidad y desde ellas distintas posiciones sobre lo que se debe hacer y lo que no, yo siempre he creído, quizás partiendo desde mi propia postura, que estas diferencias de opinión son la expresión de preocupaciones sinceras, de gente bien intencionada, sobre lo que vivimos y sus posibles soluciones. En este sentido, soy también de los que cree que todas esas opiniones merecen ser oídas y consideradas a la hora de tomar decisiones que al final del día nos afectan a todos. Creo, además, que el debate es sano y deseable, y que de éste parte, justamente, toda la estructura de principios sobre la que se sustenta la cultura democrática. Pero el que haya lecturas distintas no le da credenciales a nadie para la descalificación y el irrespeto, porque como dijo en una oportunidad Juan Montalvo: la soberbia es el abismo donde suele desaparecer hasta el mérito verdadero.

En este sentido algunos teóricos, entre ellos la persona a quien aquí me refiero, defienden la tesis del crecimiento, que no es más que enfocarse en el trabajo político necesario para que la oposición pueda seguir creciendo con la finalidad de consolidar una mayoría que le permita alcanzar un día el poder por la vía electoral. Otros sostenemos la necesidad de la calle, partiendo de una tesis que se ha hecho conocida por lo que ese insigne politólogo americano, Robert Dahl, ha llamado el Balance entre Costos de Tolerancia y Costos de Represión, tesis ésta con la que quienes nos siguen estarán ya familiarizados, y quienes no podrán encontrarla en varios de mis artículos publicados en la columna El Faro de nuestra revista electrónica PolitiKaUcab.net

Las tesis del crecimiento y la del balance entre costos de opresión y tolerancia, así como la de la resistencia civil no-violenta, entendida como estrategia que impacta ese balance, no son excluyentes, sino complementarias, considerando que toda transición necesita de una amplia base de apoyo popular que permita dar legitimidad al sector que pretende un cambio en el poder. A pesar de una verdad tan sencilla de comprender, hay quienes se empeñan en presentar ambas tesis como opuestas y excluyentes, quizás no para excluir la tesis sino a quienes la defendemos en los espacios de discusión en donde participamos, por habernos convertido en compañeros incómodos de una mesa en donde tratamos de incidir en temas de los que depende el futuro del país, y por tanto el de todos nosotros.

Dicho esto, vayamos ahora a los aspectos de fondo, contrastando argumentos para que cada quien pueda sacar sus propias conclusiones.

En su artículo, el citado autor inicia su análisis refiriéndose a dos encuestas del mes de marzo, la de Alfredo Keller y la de Venebarómetro, cuyo campo es realizado por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD). Todas, empresas de muy reconocida reputación, coinciden en mostrar lo que parece una tendencia irreversible: la legitimidad, y con ella la capacidad para garantizar la gobernabilidad del actual gobierno, comienzan a deteriorarse seriamente como resultado de su gestión, pero también como consecuencia de la protesta que se ha traducido en costos políticos muy importantes.

Dice el autor, colocando todo tipo de manifestación, violenta o no, en el mismo pote, que la protesta no ha tenido éxito porque la ¨disposición para ir a la calle a protestar¨ ha pasado del 44,05% al 36,1% entre febrero y marzo, y me pregunto entonces si es la disposición a protestar el indicador más adecuado para medir el éxito de la protesta. Al parecer se pretende pasar por alto que cuando se hace la medición de febrero la represión apenas se iniciaba, mientras que para Marzo ya van más de 30 personas fallecidas, eso sin contar con las personas heridas o apresadas por los mismos motivos. ¿Será que se pretende ignorar el impacto de la represión sobre la disposición de la gente a ir a la calle? No podemos esperar que la gente tenga la misma disposición a salir a la calle cuando se siente segura y cuando sabe que el resultado probable de protestar puede ser perder la vida. Los porcentajes citados lo que expresan es que la represión, evidentemente, tiene un claro impacto sobre la disposición a participar en manifestaciones, de ahí la importancia, como he sostenido en anteriores artículos, de que la protesta no-violenta sea la forma adecuada a los fines de mantener elevados los niveles de disposición a participar, aunque también hay que recordar que tal condición no está únicamente en manos de la oposición, ya que en la violencia el gobierno gana y ellos también juegan.

El mejor contra-argumento nos lo da el mismo autor, cuando al referirse al fracaso de la protesta dice: ¨en febrero, un 52,6% dijo estar Muy dispuesto + Dispuesto a salir “a la calle” a protestar por la escasez. En marzo bajó a 44% (-8,6%). En febrero, un 47,6% dijo estar dispuesto a protestar en “la calle” por la inflación. En marzo, se vino a 39% (-8,6%). En febrero un 50,1% estaba dispuesto a hacerlo por la inseguridad. En marzo, un 38% dijo estar dispuesto (-12,10%).¨

Sobre lo que entonces vale la pena preguntarse es si la reducción en el porcentaje de quienes están dispuestos a salir a la calle a protestar por la escasez, la inflación o la inseguridad se debe a que hoy en día están más conformes con las políticas gubernamentales. ¿Será que el aumento en quienes ahora no tienen disposición a salir a la calle se traduce en un aumento de apoyo al gobierno?, pues me temo que no, y por el contrario es la respuesta lógica de quienes no quieren ser víctimas de la represión oficialista que también condenan.

Creo que la variable “disposición para ir a la calle” no mide el éxito o fracaso de la protesta, sino la sustentabilidad de la misma, y de lo que sí deberían estar pendientes quienes convocan a la protesta es sobre la urgente necesidad de cambiar las dinámicas de la misma, de manera que los costos para quienes protestan no sean mayores que los costos para el gobierno, porque en ese caso el gobierno seguirá reprimiendo en la medida que vea que la disposición a ir a la calle continua reduciéndose.

Si de lo que se trata es de medir el éxito de la protesta, creo que hay indicadores mucho más claros, que en el caso particular de la encuesta del IVAD estarían representados por preguntas relacionadas con su justificación, sobre las que el autor a quien dedicamos este artículo se refiere a secas diciendo simplemente que son consideradas justas, pero sin entrar en detalles que en este caso parecieran importantes. Resulta ser que el 67,2% de los encuestados consideran las protestas justas contra un 30.8% que las considera injustas. Entre quienes las apoyan un 60% afirma que son justas pero deben ser sin violencia, mientras que un 7.2% las consideran justas tal como se han dado. En el caso del 30.8% de los que las consideran injustas, solo un 9% las califica como injustas por injustificadas, mientras que el restante 21,8% las considera injustas por violentas. Adicionalmente, y por si fuera poco, nos encontramos que el 87.2% de los opositores, el 64.9% de los neutrales y nada menos que un 45.9% de los oficialistas reconocen las protestas como justas. Entonces, ¿qué es lo que se desaprueba, la protesta o las formas violentas de ejercerla?, ¿hay espacio para pensar que la protesta no ha sido exitosa o lo que se debe replantear es el tipo de protesta para lograr que quienes se oponen a ellas por violentas sumen sus simpatías a quienes ejercen su derecho democrático a protestar? Creo, sin necesidad de que nos esforcemos mucho en la argumentación, que la respuesta va en sentido contrario a la descalificación que de la protesta se pretendió hacer en el artículo comentado.

Asimismo, hay otro indicador del éxito de la protesta que el autor del artículo al que aquí respondemos pasa por alto, y que tiene que ver con la utilidad de la misma. Cuando se le pregunta a los encuestados: ¿Ud. considera que esas protestas le han revelado al pueblo fallas en el gobierno de Nicolás Maduro? nada menos que el 69.2% responde afirmativamente.

Luego pasa el autor del artículo comentado a afirmar, cito textualmente: ¨Incluso, los defensores de “la calle” presentan como dato a favor el porcentaje de personas que quieren “salir cuanto antes del gobierno por una vía constitucional”, solo que si se quiere “salir cuanto antes” por la “vía constitucional” ¿no hay que esperar también?. Porque si es la renuncia, Maduro ha dicho que no. Y si es una renuncia forzada, será antes, pero ya no será constitucional, además de incierta.¨ Me habría gustado que el autor, a quien siempre le ha gustado la data dura, hubiese hecho mención a los números que en este sentido se expresan en la encuesta de Keller y que alcanzan el 57% entre los que están de acuerdo contra un 36% en desacuerdo. La pregunta sigue siendo entonces de orden estratégico, el cómo, mientras no queda duda de que las condiciones están a favor de quien sea capaz de diseñar una estrategia que permita una salida constitucional a la presente crisis.

No hay duda para nadie, ni siquiera para el Sr. Sucre, sobre la evidencia de que los costos de represión se han elevado de manera significativa para el gobierno, y tales costos se han traducido en ese 57% que apoyaría una salida constitucional temprana de Maduro, así como en un 62.5% que cree que las fuerzas de seguridad del Estado han torturado y maltratado a las personas que protestan, además de los múltiples pronunciamientos internacionales contra las actuaciones del gobierno venezolano durante esta coyuntura.

Pero asimismo pienso, en sentido contrario a las acusaciones del autor, que nadie busca elevar los costos de represión para el gobierno sacrificando vidas humanas. Solo una mente enferma y retorcida puede plantearse tal idea como una estrategia viable, aunque la pérdida de vidas humanas haya tenido tal impacto en los niveles de apoyo al gobierno. Estoy convencido, y por eso desde siempre he abogado por la protesta no violenta, que si bien manifestar es un derecho, éste pierde no solo su legitimad, sino también su eficacia, cuando se vuelve violenta. Cuando quienes protestan caen en la trampa de la violencia ayudan al agresor a justificar la represión, mientras pagan altos costos entre sus propios aliados y terminan por desmovilizarlos al aumentar las barreras y costos para su propia participación.

Pero subir los costos de represión no basta, como bien decía Robert Dahl (1971) y luego Staffan Lindberg (2009), se trata de aumentar los costos de la represión al mismo tiempo que se reducen los de tolerancia, siendo estos últimos los relacionados con las condiciones de una transición total o progresiva del poder.

Subir los costos de represión sin bajar los de tolerancia solo nos colocaría en escenarios de confrontación total, como es el caso de Siria, donde los costos de represión son muy altos, pero los de tolerancia son aún mayores para quienes no pueden darse el lujo de perder el poder. Los regímenes autoritarios, como el de Venezuela, salen en la casi totalidad de los casos por un proceso de ruptura, lo que implica el uso de la fuerza militar sin garantía de transición hacia una democracia, o por procesos negociados que conducen a una salida aceptada por ambas partes a cambio de algunas concesiones mutuas. Los costos de tolerancia Sr. Sucre, no bajan por ley de gravedad ni porque sigan elevándose los costos de represión, y mucho menos sacrificando vidas, como Ud. señala. De ahí la importancia de encontrar espacios en donde la oposición pueda negociar con aquellos de quienes depende la sustentabilidad del gobierno. En ese sentido creo, sinceramente, que una mesa en donde una institución de la talla del Vaticano, no UNASUR como Ud. defiende, esté dispuesto a asistir el proceso de negociación y dar legitimidad a un acuerdo basado en principios, puede ser una oportunidad muy importante para la oposición, tan importante como aquella en la que Augusto Pinochet aceptó el referéndum que permitió construir una salida negociada que retornó a Chile a la senda democrática. Veremos si el gobierno a la final se atreve a sentarse y dar frente a tal compromiso.

7 replies »

  1. En esencia estoy de acuerdo con el texto. En mis términos simples, presión de calle y operación política. Hay en ésto un sino; los manifestantes en la calle han dejado claro el desconocimiento hacia los líderes tradicionales, por lo cual acá hay una pregunta: Cómo se conecta la calle con la viabilidad política de crear un espacio al menos exploratorio con el gobierno y en conjunto con un tercer fiable para las partes?

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  2. Muy bueno, considero que es contundente para dar respuesta a una realidad que muchos que se dicen opositores hoy no comparten ni apoyan ninguna propuesta que no venga de ellos así esta sea muy buena y efectiva, recuerden que nada sucede si nosotros no actuamos. saludos Benigno adelante

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  3. Otro artículo al estilo de la MUD. Sigan pensando pajaritos de la UCAB que habra salida, cuando quedo demostrado en abril 2013 como el CNE hace magia con sus boletínes y desaparece actas. Lo que no dice Aveledo es que obtuvieron un CD CON LAS ACTAS que obtuvo el CNE, donde estaba Capriles como ganador y bajo lo cual decidieron desaparecer actas, secuestrar centros y hacer todo lo posible para crear duda que Maduro perdió las elecciones, lo filtro empleado del CNE el cual se tuvo que ir del país, por persecución del SEBIN. Lamentablemente Capriles y la MUD negociaron con Maduro, introducieron el recurso contencioso, reconocen al CNE, van a elecciones como si nada. Que se sepa, los Centros de Llamadas del Comando Simon Bolívar a las 8:30pm celebrando que gan Capriles, el 14 de abril. Eso no lo olvidare mas nunca, luego a la semana la depresión que Capriles llamo a no protestar e impugno las elecciones para darle el camino libre a Maduro.

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  4. otra cosa, señores MUDeros de la UCAB: el gobierno perdió en 2011 el congreso, 52%. Por DERECHO le tocaba la JUNTA DIRECTIVA a los partidos de disidencia y el gobierno cambio tramposamente reglamento de debates, un 1ero de enero, un 31 de diciembre, el gobierno hizo trampa y la hizo porque sabe que el Congreso es quién designa LOS MAGISTRADOS DEL TSJ, LOS RECTORES DEL CNE, LAS COMISIONES PARA NOMBRAR AL FISCAL GENERAL, CONTRALOR GENERAL Y EL DEFENSOR DEL PUEBLO. No me digan ahora que habra salida por vía electoral si el gobierno se burlo de los resultados de las elecciones del congreso del 2011 cambiando el reglamento de debates. Recordemos también fueron cambiadas las circunscripciones electorales, para debilitar a los principales circuitos de oposición y darle ventaja al gobierno, no se caigan a engaños, es una dictadura.

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