Opinión y análisis

Decadencia política

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Por: Héctor Briceño / Jueves, 22 de mayo 2014

La ciencia política define decadencia política como el fenómeno mediante el cual las instituciones se ven incapacitadas para resolver y satisfacer las demandas sociales.

Dos vías producen este mismo resultado: la primera, cuando las instituciones se deterioran, disminuyendo la calidad de sus productos a niveles inaceptables para las expectativas de los ciudadanos; la segunda, cuando las demandas y expectativas de los ciudadanos cambian, mientras las instituciones permanecen inalteradas o inmutables. Así, aunque la calidad de los productos se mantenga, estos dejan de satisfacer las expectativas ciudadanas que han migrado a otro paradigma. En ambos casos se trata de la asincronía entre demandas ciudadanas e instituciones políticas.

La democracia es contraria a la decadencia política, por esto ha sido definida como un proceso continuo e infinito de adaptación a las cambiantes demandas y expectativas que caracterizan a la sociedad moderna. En este sentido, la democracia es siempre perfectible, pero nunca llega a ser perfecta, pues la perfección es un meta lejana e inalcanzable. Cuando se está cerca del punto de llegada, es probable que se transforme.

La democracia asume que ninguna institución política perdura para siempre, sino que están en continua transformación y resincronización con las cambiantes expectativas ciudadanas, y que el orden político proviene del grado y capacidad de organizarse en función de la sociedad.

Al contrario, los sistemas que desconocen y niegan los cambios y demandas sociales, condenan a sus instituciones políticas a la ruina y a la sociedad al control de los únicos actores capaces de imponer (siempre por tiempo limitado) la paralización y homogenización de demandas y expectativas. Esto sucede cuando se menosprecian demandas de grupos de la población o cuando se prohíben protestas por considerarlas ilegítimas. El resultado es el estancamiento político y social en un orden político pretoriano.

De esta manera, la estabilidad democrática sólo es posible cuando se logra la sincronización entre instituciones y demandas cambiantes.
Según el politólogo Samuel Huntington, el grado de institucionalización democrática depende de la capacidad de adaptación, complejidad, autonomía y coherencia de las organizaciones y sus procedimientos.

Una institución tiene mayor capacidad de adaptación cuando depende menos de sus líderes. En efecto, la personalización es inversamente proporcional a la institucionalización. Cuanto más depende de la persona y sus cualidades, menor institucionalización. En este sentido, el fin de todo liderazgo es institucionalizar el carisma, es decir, convertir el carisma en procedimientos estables y adaptables. La adaptabilidad es, entonces, la capacidad de identificar, procesar y responder a demandas sociales que no están contemplados en la estructura organizativa.

Por su parte, complejidad se refiere al grado de diversificación y diferenciación funcional. A mayor número y variedad de funciones y objetivos, mayor probabilidad de obtener y conservar la fidelidad de los ciudadanos.

Autonomía se refiere a la independencia institucional de determinados grupos sociales.

Finalmente, coherencia implica la unidad y consenso necesario que permiten una organización responder efectivamente.

hector

Cuando las sociedades democráticas se ven imposibilitadas de generar niveles de estabilidad cívica, sometiéndose a prolongados períodos de deterioro y decadencia política suelen plantearse propuestas de reconstrucción y refundación institucional como alternativa al estancamiento y obsolescencia de las instituciones.

La Venezuela del siglo XXI pareciera contar con instituciones incapacitadas para comprender la diversidad y pluralidad de actores y demandas que constituyen nuestra sociedad. Venezuela es una sociedad híbrida, caracterizada por la convivencia de demandas y expectativas tradicionales, modernas y postmodernas, incluso dentro de un mismo grupo social y político.

Para salir del decadente escenario político nacional es necesario avanzar en la construcción de instituciones con capacidad de reconocer esta compleja realidad, así como con capacidad efectiva de generar los productos demandados con recursos cada vez más escasos.

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