Opinión y análisis

Editorial N° 75 / 31 de julio de 2015

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Democracia y desarrollo

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Daniel Fermín Álvarez – 31 de julio de 2015

Entre el 22 y el 24 de julio de este año se desarrolló, en El Salvador, la VIII Conferencia Ministerial de la Comunidad de las Democracias. Se trata del foro democrático más importante del mundo y, a pesar de que Venezuela, lamentablemente, no forma parte de esta Comunidad, tuvimos la oportunidad de representar a la Universidad Católica Andrés Bello, en particular, y a la sociedad civil venezolana, en general, en este valioso espacio que busca promover y defender las instituciones y las prácticas democráticas en nuestros países.

En la Comunidad de las Democracias están representados gobiernos, sociedad civil, parlamentarios, sector privado, juventudes y academia de más de cien países. En esta oportunidad, la Conferencia Ministerial tuvo como eje central el tema “Democracia y desarrollo”. Ya en editoriales anteriores hemos fijado una postura clara sobre cómo la democracia y el desarrollo no pueden entenderse de otra manera que no sea juntas. “El desarrollo sin democracia está ciego y la democracia sin desarrollo está vacía”, denotaba, en el marco de la Conferencia, Anselmo Lee, Director Ejecutivo de la Fundación Derechos Humanos de la República de Corea.

Pero la democracia está amenazada. Lo está también, entonces, el desarrollo. La democracia y la libertad han retrocedido en los últimos diez años en todo el mundo. La advertencia la hacía, en la Conferencia, el profesor Larry Diamond, de la Universidad de Stanford, quien también mostraba su preocupación por el crecimiento de los regímenes híbridos, a los que llamó “democracias de mentira”. Al respecto han investigado académicos prominentes como Maria Stephan, Mathew Burrows y Erica Chenowitz. La evidencia empírica es suficiente como para alarmarnos, pero también para movilizarnos en la defensa irreductible de la que, llegada la última década del siglo XX, parecía consolidarse como la única forma legítima de gobierno existente. ¿Qué hacemos? Intentaremos dar algunas luces al cierre de este editorial.

En el marco del Proyecto Integridad Electoral Venezuela, presentamos una nueva entrega de la sección La Baranda Electoral. En esta oportunidad, Eugenio Martínez escribe una nota sobre el Registro Electoral preliminar para las elecciones parlamentarias del próximo 6 de diciembre. ¿Cuántas personas podrán ejercer su derecho al sufragio el próximo 6 de diciembre? ¿Cuántos nuevos centros de votación estipuló el CNE? ¿Cuántos venezolanos cambiaron de centro de votación? Estas respuestas y más aquí.

En la sección Opinión y Análisis, Juan Manuel Trak escribe “Cayendo por el abismo”, un nuevo artículo para su columna Enfoque Político. El doctor Trak dibuja la grave crisis nacional y señala la existencia de “un gobierno paralizado por el miedo”, miedo a perder los privilegios del poder, y destaca la necesidad de construir instituciones democráticas fuertes como único paracaídas en nuestra caída al vacío.

Guillermo Ramos Flamerich nos trae, en su columna Cable a Tierra, el artículo “La victoria perfecta”. Tomando el famoso rótulo de campaña utilizado por el fallecido presidente Chávez, el autor emprende una fuerte crítica al modelo que ha agudizado las penurias de los venezolanos y postula que, esta vez, la “victoria perfecta” parece estar al alcance de una oposición que debe estar a la altura de lo que el país espera de ella.

En Testigo de Época, Luis Salamanca escribe “La crisis identitaria del chavismo”. El autor analiza la construcción de la identidad oficialista a partir de la figura de su líder fundamental: Hugo Chávez Frías y la natural crisis de sucesión que tiene implicaciones no sólo para el poder sino también para la identidad misma de quienes creyeron en el proyecto chavista. ¿Cuáles son las implicaciones electorales de esta crisis de identidad? En torno a esta pregunta cierra el planteamiento de Salamanca, que invitamos a leer con detenimiento.

En Debate Ciudadano, Carlos Romero trae “ONU, Encíclica y Vecinos frente al recurso escaso del agua potable”, un artículo estrechamente relacionado con sus recientes aportes sobre cambio climático y acceso a agua potable. Romero combina las iniciativas internacionales con las que ha tomado la Red de Organizaciones Vecinales de Baruta, para ofrecer una panorámica acerca de la importancia de lo local en brindar soluciones a esta problemática que afecta a tantas personas en nuestro país y alrededor del mundo.

Decíamos que la democracia está amenazada y que esa amenaza es una amenaza al desarrollo de los pueblos. En Venezuela es evidente el tamaño y la forma de esa amenaza: un régimen que ha desmantelado la institucionalidad democrática en favor de la consolidación de un modelo hegemónico autoritario y militarista. Lo ideológico, en cuanto a la definición formal de la revolución como proyecto supuestamente de izquierda, resulta, la mayoría de las veces, accesorio, apenas un barniz para el discurso. El sello definitivo es el de la autocracia, cuidadosamente disfrazada de participativa mientras concentra el poder, antes en una sola persona, y ahora en una reducida camarilla.

¿Qué hacer? Lo primero es, retomando las palabras de cierre de Maria Leissner, Secretaria General de la Comunidad de las Democracias, no tomar la democracia por sentado. Al contrario, tenemos que edificarla todos los días. “El que tiene tienda, que la atienda”, decimos los venezolanos. Pues nuestra tienda es, en este caso, la democracia, y la hemos dejado desatendida más veces de las que la razón indicaría prudente. Luego, debemos construir instituciones fuertes e independientes que abran paso a una democracia incluyente. Y es que en la inclusión hay otro reto para la democracia moderna, como se evidencia en el hecho de que, a pesar de que la pobreza ha disminuido en muchos países, ha crecido la desigualdad.

En el caso de Venezuela tenemos una oportunidad para reafirmar la voluntad democrática de nuestra sociedad a la vuelta de la esquina: las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Hemos insistido en la necesidad de desarrollar un proceso electoral transparente, en igualdad de condiciones para todos los aspirantes, sin ventajismo ni violencia. Por eso adquiere singular importancia el tema de la observación internacional. Es tarea de los venezolanos presionar, como estamos presionando, para que se lleve a cabo, más allá de la insuficiente figura de los “acompañantes” establecida por el CNE, una observación real y completa. Pero también le compete a la comunidad internacional, en especial a nuestros vecinos más cercanos, porque la salud de la democracia venezolana incide directamente en la salud de las democracias de la región.

En definitiva, ante el repunte del autoritarismo y la oportunidad que representa el 6 de diciembre para los venezolanos, pero también viendo más allá, hacia un país en el que haya cambiado la correlación de fuerzas políticas, vale una reflexión final de este texto que no pretende, ni puede pretender por razones de naturaleza y espacio, ser exhaustivo: es necesario democratizar la democracia, y eso solo se logra desde abajo. En ese sentido, debemos aspirar, no a cambiar un color por otro ni unas caras por otras, sino a cambiar la manera de hacer las cosas, de llevar las riendas de lo público y de manejar la política y sus instituciones. Es hora no sólo de hablar de ser demócratas, sino de serlo ya que, recordamos, sin democracia no hay desarrollo.

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