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¡Es la democracia, estúpidos!

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Johan Rodríguez Perozo – 4 de septiembre de 2015

Una calificación que va del 1 al 10, señala los niveles de funcionamiento de la Democracia en América Latina, desde el Río Grande hasta La Patagonia. Últimamente, en escenarios en los cuales Venezuela ha sido obligada a entregar cuentas, en su condición de Estado miembro de los organismos internacionales, ha recibido calificaciones y menciones absolutamente deplorables.

Parafraseando al estratega norteamericano James Carville, quien en uno de tantos consejos de campaña para Bill Clinton en la campaña de 1992 le aconsejó, entre otras frases, utilizar la de: Es la economía, estúpido”, a propósito de centrar la estrategia en los temas relacionados con esta problemática, la traemos a colación en el marco del debate electoral venezolano. Es claro que en el trasfondo de la lucha por el poder en Venezuela y de cara a las próximas elecciones parlamentarias, se juega algo más que la posesión mayoritaria de las curules de la Asamblea Nacional. En el sustrato de la refriega política, están sobre el tapete las situaciones de fondo que afectan a la sociedad venezolana, a partir del manejo de los asuntos públicos. El más importante de éstos, la recuperación de la Democracia como marco de funcionamiento fundamental del Estado y la sociedad en general.

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Recientemente pudimos conocer, a través de documentos de The Economist Intelligence Unit, publicados en varios medios de comunicación social, las conclusiones de un estudio relacionado con el déficit democrático en América Latina. El estudio realiza una revisión a fondo, mediante la aplicación de cinco categorías características del funcionamiento del sistema democrático, en aquellos países que han adoptado este sistema de gobierno. El análisis se refiere concretamente a temas tales como: “procesos electorales y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. La medición de la calidad democrática de los países, la estableció según la siguiente clasificación: a) democracias plenas, países con funcionamiento democrático satisfactorio, en los cuales funciona la separación de poderes, respeto a las libertades políticas y civiles, independencia del poder judicial y los medios de comunicación. b) democracias imperfectas, aunque se realizan elecciones, éstas quedan revestidas de dudas por los manejos “tramposos” por parte de los gobiernos de turno, los ataques a la libertad de expresión se hacen característicos de la conducta del régimen, existen problemas de gobernanza y baja participación de la sociedad, en desmedro del desarrollo de la cultura política. c) regímenes híbridos, elecciones irregulares y manipulación de resultados, presiones y persecución sobre los grupos opositores por parte del gobierno, corrupción extendida y poder judicial obsecuente ante el régimen, persecución contra diversos factores organizados en partidos, gremios diversos y la sociedad civil en general. e) regímenes autoritarios, no existe el pluralismo político, los gobiernos son declaradamente dictatoriales, no existe un marco electoral confiable, existe la represión contra los medios y toda forma de expresión contraria al régimen, para lo cual se utiliza el aparato del Estado, con la finalidad de reprimir y perseguir toda forma de opinión contraria al régimen.

Una calificación que va del 1 al 10, señala los niveles de funcionamiento de la Democracia en América Latina, desde el Río Grande hasta La Patagonia. El ranking de calidad democrática, según el sistema adoptado y que va de mayor a menor, es como sigue: Uruguay, 8,17; Costa Rica, 8,03; Chile, 7,8; Brasil, 7,38; Panamá, 7,08; Argentina, 6,04; México, 6,68; República Dominicana, 6,67; Colombia, 6,55; Perú, 6,54; El Salvador, 6,53; Paraguay, 6,26; Ecuador, 5,87; Honduras, 5,84; Guatemala, 5,81; Bolivia, 5,79; Nicaragua, 5.32; Venezuela, 5,07; Haití, 3,82; Cuba, 3,52. Como se puede inferir, de acuerdo con las conclusiones del estudio, sólo dos países, Uruguay y Costa Rica, alcanzan cotas importantes en cuanto a su satisfactorio desempeño democrático. Otros diez logran una calificación mediana o intermedia, lo cual indica como aceptable su funcionamiento institucional. Mientras que seis países, entre los cuales se ubica Venezuela a la cola de éstos, son calificados como democracias deficitarias. Finalmente, en el extremo de la clasificación, se ubican Haití y Cuba como países donde la Democracia es prácticamente inexistente.Espacio Plural 4

Seguramente el estudio de The Economist Intelligence Unit no será el único que se haya ocupado de llevar a cabo una evaluación de esta naturaleza. El funcionamiento de la Democracia en nuestros países es constantemente monitoreado por diversas organizaciones a nivel mundial. Para efectos de asuntos vinculados no sólo con el tema político e institucional sino además, para aquellos relacionados con la economía, la salud, la alimentación, la educación, el desarrollo humano, la libertad de expresión e información y los derechos humanos. En este sentido, distintas organizaciones pasan revista periódica a los países y su comportamiento a propósito del funcionamiento de estos aspectos en su ámbito geográfico.

Últimamente, en escenarios en los cuales Venezuela ha sido obligada a entregar cuentas, en su condición de Estado miembro de los organismos internacionales, ha recibido calificaciones y menciones absolutamente deplorables. Sin duda alguna ello no es más que la consecuencia del pobre desempeño de un régimen que no se ha caracterizado por su eficiencia y competencia en el manejo de los asuntos públicos. De la misma manera como el país ha sido examinado por los organismos internacionales, ante lo cual ha quedado en evidencia no sólo el pobre desempeño democrático sino además, el claro déficit en la atención de los temas sociales y económicos, corre el riesgo de salir “raspado” nuevamente en el marco de la prueba electoral que se avecina.

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Retomando el argumento inicial de esta reflexión, nos luce pertinente recordar a quienes luchan por desplazar al régimen del control de la Asamblea Nacional, que más allá de las curules a ocupar en la Asamblea Nacional, lo que está en juego es el futuro de la Democracia. De allí el título de la reflexión. No es más que campanada para los futuros responsables de la conducción de parlamento, de cara a la gran tarea que será la recuperación del funcionamiento democrático de la sociedad venezolana. Huelga señalar que a partir de esta realidad, Venezuela podrá reiniciar su propio proceso de recuperación en todos los sentidos. Por todo ello finalmente exclamamos ¡Es la Democracia…!

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