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¿La ventaja está a prueba de manipulaciones? (I)

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Luis Salamanca – 4 de septiembre de 2015

Introducción

El punto en el que estamos en materia electoral es el siguiente. La oposición tiene una ventaja de más de 20% en la intención de voto, según lo arrojado en las encuestas de agosto. La diferencia ha tendido a aumentar (para la última IVAD es cerca de 40%) y para otras encuestadoras, el oficialismo habría sido desplazado al tercer lugar, o estará en riesgo de serlo. Es decir, la opinión pública favorece a los candidatos no oficialistas, en particular, a los de la MUD.

Esto ha disparado las alarmas entre los oficialistas que no pueden mandar sin el control total del poder. Y dentro del diseño político concentrador chavista, una derrota electoral, cualquiera que sea, es un indicio muy fuerte de deterioro del apoyo político a la clase chavista y de peligro de pérdida de la revolución.

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En este artículo me pregunto si la ventaja opositora puede ser reducida por el oficialismo y por cuáles medios. Es claro que hay un plan en marcha dirigido a usar a las instituciones del Estado para afectar a la oposición, para superar la diferencia o bajarla a fin de que los daños electorales no sean tan profundos. Es lo que he llamado el ESTADOCOP: el Estado contra la oposición.

La imagen que me viene a la mente es la del jamón serrano que va siendo rebanado poco a poco hasta quedar en el hueso. La misión del gobierno con todos sus recursos es la de rebanarle el jamón a la oposición. Y para ello todo sirve (sea legal o ilegal), lo importante es quitar una rebanada aquí, otra rebanada allá; y así. Lamentablemente no podemos traducir en votos cada rebanada; sólo tenemos una visión panorámica del jamón y el cuchillo afilado.

Por ello, es notoria la acción gubernamental tratando de cambiar el foco de los electores sobre lo que debería ser la agenda de debate; creando cortinas de humo, con casos sonados, que cada cierto tiempo, han buscado entretener al elector; buscando un enemigo con el cual cazar pelea en el terreno de la polarización pero con el cuidado de que el enemigo no se anime demasiado a enfrentar al gobierno (caso Guyana), que sólo le sirva como sparring de un boxeo de sombra (el golpe tucano); y, en fin, inventando chivos expiatorios de la incompetencia gubernamental.

El gobierno ha intentado imponer la agenda buscando distraer la atención de los votantes o reagrupar a los chavistas en plena dispersión, sin lograrlo con consistencia hasta ahora. A eso aspira con el Estado de excepción y, dependiendo de cómo le va con él, verá si lo estira hasta el 6D.

  1. ¿Qué significa el 20% de ventaja?

El 20% es una ventaja presunta, “teórica”, en el sentido de que aún no se ha materializado, pues, aún no hemos votado. Es un estado de la opinión pública que luce cristalizado. He sostenido que en la medida que un partido, un bloque político o un candidato, comienza arriba en las encuestas y en mitad de campaña sigue de primero, y faltando pocas semanas, sigue en el primer lugar, ese candidato termina ganando, salvo contadísimas excepciones. Fue la experiencia de Chávez.

Un indicador de que alguien va perdiendo unas elecciones es cuando usted le oye decir: “Yo no creo en encuestas”, o, “la única encuesta en la que yo creo es la del día de las elecciones”. Estas son expresiones claras de que al interfecto no le está yendo bien en el proceso electoral; de que está perdiendo.

El que va primero en las encuestas tiene que aprovechar esa circunstancia para generar y fortalecer el efecto ganador (el efecto band-wagon); y, debe acorralar al adversario con el efecto perdedor (efecto under-dog). Pero el efecto ganador hay que tomarlo con cuidado, para no caer en el triunfalismo que adormece el activismo y coloca al favorecido en una zona de confort peligrosa, relajada, en la cual puede ser sorprendido por hechos inesperados y/o esperados pero creías tener bajo control.

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Entre otros hechos “inesperados” que podrían afectar el voto opositor están dos que han venido surgiendo en las encuestas y uno es de las elecciones municipales. El primero es el incremento del votante independiente a costa del PSUV y de la MUD y una mayor abstención potencial del elector opositor comparado con el elector oficialista. Ambos bloques han perdido apoyo a costa de los independientes, pero más el oficialismo. El segundo aparece cuando se pregunta por la disposición a votar. Los oficialistas lo harían en un 69.9% y los opositores en un 59.9%, según DATANALISIS. Este dato aparece en otras encuestadoras al revés: los opositores tendrían la intención de votar más que los oficialistas. Y no es la primera vez que este dato aparece en las encuestas. En elecciones pasadas hemos visto que los que más se abstuvieron fueron los votantes de clase media acomodada en zonas como Chacao y Baruta.

Un problema muy importante que hay que recordar. En las elecciones municipales de 2013 hubo municipios en los cuales la MUD no existía, o estaba en tercer lugar y su lugar era llenado por partidos regionales. No sé si han atacado ese punto.

Si bien creo que el ciudadano que dice identificarse como independiente tiene en contra el sistema electoral paralelo (¿se acuerdan de las morochas?); ni va a tener un partido, ni unos candidatos atractivos para votar (salvo algunos casos); ni la alianza perfecta que le permita sumar en torno a unos aspirantes; cuidado si la independencia no se traduce en abstención, en votos desperdiciados o en la pérdida de algunos diputados. En algunas circunscripciones que han sido bastiones del oficialismo y donde la lucha puede ser cerrada, esos votos desperdigados pueden ser fatales. Ante eso hay que tener alguna estrategia. Recuerden que cualquier rebanada que se le rebane al jamó es buena para el oficialismo.

  1. Si las elecciones fueran el próximo domingo

Si las elecciones fueran el próximo domingo, los resultados serían los pronosticados por casi todas las encuestas. De acuerdo a DATANALISIS, según los datos de agosto de 2015, votaría por la oposición 42,2% y por el oficialismo el 19,2% de los electores encuestados, esto es un 23 % de diferencia; el 11,8% sufragaría por un independiente. Esto da un 73% quedando un 27% que la encuesta no aclara. Estos porcentajes suelen cambiar al acercarse el día de votar, sea para fortalecer al ganador, sea para darle al perdedor algún impulso que suele llevarle a decir: “si hubiera tenido una semana más de campaña, gano”.Testigo de Época 4

Las encuestas no distinguen entre el voto nominal y el voto lista, lo que lleva a considerar que la ventaja opositora es igual en ambos tipos de votos. Pero hay que recordar que el voto nominal da el triunfo a quien saque al menos un voto de diferencia frente al segundo puesto; mientras que el voto lista asigna escaños en proporción a los votos obtenidos por las listas (GPP, MUD y demás partidos). Lo que lleva a pensar que ambos tipos de votos requieren estrategias distintas para ganarlos. El oficialismo puede tener cálculos de cuántos votos debe ganar, o cuántos debe perder la oposición para realizar alguna acción, en alguna circunscripción nominal crítica. Para ello, podría servirle las migraciones de electores por encima del promedio nacional.

  1. Ese 20% es igual a 3.992.074 votos de diferencia

Hagamos un ejercicio de matemática electoral relativamente imaginaria. El RE preliminar es de 19.504.106 votantes sin incluir los electores en el extranjero. Supongamos una abstención de 30%, cercana a la del 2010 (34% en números redondos). Esto significaría la cantidad de 5.851.231 electores que no iría a votar, quedando 13.652.875 votantes disponibles. Tomemos los datos de DATANALISIS. Si la MUD obtiene el 42,2% señalado por la empresa, eso constituiría aproximadamente 7.324.588 votos y el oficialismo (19.2%) obtendría alrededor de 3.332.514 sufragios, una diferencia de 3.992.074 votos ente ambos bloques. Los independientes (11.8%) obtendrían 2.048.107 sufragios.

Frente a ese cuadro -que podría constituir una catástrofe política para el oficialismo- ¿qué hacer? como preguntaba Lenin en uno de sus libros. “Desechar las ilusiones y prepararse para la lucha” decía la ultraizquierda en los 80 del siglo XX y que hoy gobierna. Ese slogan podría significar en la actualidad: “desechar las ilusiones democráticas y prepararse para la lucha”. Creo que ya Venezuela entró en ese camino por parte del madurismo. Sin embargo, el mismo se recorrerá a la velocidad que marque la crisis de legitimidad del oficialismo.

  1. El oficialismo no para

En el contexto de riesgo electoral que enfrenta el oficialismo, éste ha desarrollado una campaña electoral sorpresiva, con sorpresas al estilo militar; de campo minado, con minas anti-opositoras, especialmente anti-MUD, que van explotando por aquí y por allá, en el momento adecuado. Ya en 2014 detuvieron a varios líderes nacionales y regionales, grandes movilizadores de voto (Leopoldo López, Daniel Ceballos y Enzo Scarano); luego siguió Antonio Ledezma en 2015; más adelante aplicaron las inhabilitaciones de María Corina Machado y otros dirigentes; todos portaaviones electorales. Han despojado de 6 diputados a circunscripciones donde suele ganar la oposición y los han trasladado a circunscripciones oficialistas. Se buscó debilitar a la MUD o incluso sacarla del juego con medidas sobrevenidas como la de la cuota de género.   Nada de esto ha cambiado la matriz de opinión por el cambio político; ni nada de eso ha quebrado a la MUD.Testigo de Época 5

Quedan tres meses para sufragar. Parece muy lejos por la crisis pero en verdad está a la vuelta de la esquina. Y el oficialismo está trabajando en todos los frentes para tratar de disminuir y borrar la diferencia, o disminuir los daños electorales. Lo único que no puede borrar es la crisis pavorosa que viven los venezolanos que es la fuente de los pronósticos. No parece probable el cambio significativo de las tendencias favorables a los opositores, o una voltereta del elector. Pero la lista de obstáculos sigue.

El Estado de excepción es la última pieza del plan puesta a prueba por el oficialismo de cara a su posible utilización el 6D: elecciones bajo Estado de excepción. Lo que supondría una campaña electoral y un día de votación, con derechos constitucionales restringidos: tránsito, manifestación, inviolabilidad de las comunicaciones privadas y del hogar y todo recinto privado, etc. No obstante, el oficialismo puede decidir la revocatoria del Estado de excepción al constatar que le está generando más costos que beneficios. El espectáculo inhumano de las deportaciones puede provocar efectos demoledores en votantes venezolanos por naturalización y en sus relacionados. Beatriz de Majo ha señalado que los votantes venezolanos, hijos de colombianos, alcanzarían al 12% de los electores; esta es una fuerza que ha venido alejándose del chavismo y el Estado de excepción puede movilizarlos en contra del gobierno. Además, la restricción de garantías constitucionales se suma a las restricciones de las garantías por vía de facto, que provocan la escasez, el desabastecimiento y la inflación desatada. Veremos que dicen las encuestas.

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Por último, mencionaré algunas nuevas tretas que buscan rebanarle el jamón a la oposición. La última treta para seguir rebanándole el jamón a los opositores ha sido “sitiar” la tarjeta de la MUD en el tarjetón electoral. El “sitio” consiste en colocarle por arriba la tarjeta de un partido desconocido, en el que se destaca la palabra UNIDAD y otra, la del MIN UNIDAD (que lleva entre sus postulados al inventor del salto de talanquera doble, William Ojeda) al lado de la tarjeta opositora. La intención es clara: acorralar la tarjeta de la MUD para confundir al elector distraído, al que seguramente tratarán de inducir en error el mismo día de votar quitándole votos a la MUD. Imagínense el 6D a los chavistas de los puntos rojos diciéndole a los opositores que, ya que no van a votar por el PSUV, voten por la “UNIDAD”. Esto podría ser importante en el voto nominal lo que exige una campaña informativa de la Mesa desde ahora, hasta el 6D.

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