Espacio plural

Triunfó la democracia (por ahora)

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Ernesto Ponsot Balaguer – 21 de diciembre de 2015

La nueva mayoría calificada de 112 diputados a la Asamblea Nacional, lleva consigo un mandato tácito. Coadyuvar en la solución de los grandes problemas nacionales de la actualidad. El más urgente: el problema económico sin duda.

Los resultados del 6-D, entre muchos significados posibles, significan que la democracia vive y goza de buena salud en Venezuela (por ahora). La MUD, superando los más optimistas pronósticos, alcanzó la mayoría calificada de 2/3 partes en la Asamblea Nacional y obtuvo la más importante victoria sobre el PSUV jamás lograda en estos últimos 16 años de historia política.

Circulan entre algunos opositores comentarios que paradójicamente tratan de minimizar su victoria. Que si los militares son los héroes, que si el pueblo no votó a favor de, sino en contra de, etc. Permítaseme decir a estas voces agoreras, que fue la MUD la que triunfó, que aquello de la abstención del chavismo no se cumplió (74% del pueblo votó, cifra excelentemente grande para una elección de diputados), no señores, los verdaderos héroes son por supuesto el pueblo venezolano que contra las amenazas y coacciones votó libérrimamente, los candidatos de la MUD y sus acompañantes o movilizadores, que arriesgaban la vida en cada mitin, en cada caminata, como quedó palmariamente demostrado y finalmente, los testigos en los centros de votación, que estoicamente defendieron que se cumpliera al pie de la letra la Ley. Los militares, sin duda muy bien, con su deber nada más cumplieron. Y esa es otra lección que debemos aprender, cumplir el deber no es motivo de felicitación, es de felicitar cuando se cumple más allá del deber.

Por otra parte y precisamente porque triunfó la democracia, quien escribe alberga la esperanza de que los demás poderes del Estado, comenzando por el Poder Ejecutivo en manos de la corriente perdedora, asimilen la derrota recibida y rectifiquen el rumbo por el que conducen al país. Representan hoy por hoy un 42% de la población, cifra nada despreciable en democracia, pero que podría ir declinando a pasos agigantados como respuesta natural ante la derrota y si se siguen haciendo las cosas de la misma forma. Forma que guste o no, se acepte o no, explica en buena medida lo sucedido.

Se puede ser socialista sin ser estatista, sin ser populista, sin ser totalitario. El socialismo en los tiempos modernos ha comprendido que la economía tiene sus reglas, que los recursos tanto del Estado como de los particulares, han de ser respetados, que producirlos cuesta demasiado para jugar con ellos apropiándoselos (los particulares) o regalándolos (los públicos) con fines inconfesablemente políticos. El pueblo venezolano demoró un poco, pero al fin lo comprendió. La única forma de progresar es con la sinergia entre los sectores público y privado. Que se creen nuevas empresas, no que se destruyan, que se creen nuevos empleos, no que se destruyan, que se propenda al control de la inflación, no que se prenda la máquina de fabricar billetes sin respaldo, haciendo que la inflación alcance niveles astronómicos (¡se estima en 240% para el año 2015!), en fin, Venezuela votó por volver a la modernidad, volver a la responsabilidad, volver al crecimiento. También votó dejando claro que no cree en la “guerra económica”, tampoco en la “injerencia pitiyanqui”, ni en ninguna otra excusa gubernamental para tratar de escurrir su responsabilidad sobre la grave crisis que la agobia.

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La nueva mayoría calificada de 112 diputados a la Asamblea Nacional, lleva consigo un mandato tácito. Coadyuvar en la solución de los grandes problemas nacionales de la actualidad. El más urgente: el problema económico sin duda. La ausencia de cifras oficiales, el juego acomodaticio con las cifras de pobreza, cuyas formas de cálculo cambian a conveniencia gubernamental, el déficit fiscal profundo y profundizándose cada vez más, su financiamiento con impresión de dinero inorgánico, el inexplicable e impresentable conjunto de paridades cambiarias, sin que nadie sepa a ciencia cierta cuánto de la economía se desarrolla en cada paridad y, por supuesto, la consecuencia ineludible de todo ello, la inflación exorbitante, son los síntomas evidentes del agotamiento del modelo populista de controles que ha imperado en el país los últimos años.

Se entiende que la responsabilidad de la economía nacional recae en el poder Ejecutivo casi exclusivamente, no obstante, la nueva mayoría debe presentar propuestas legislativas que tiendan a detener el deterioro e incentiven un cambio de rumbo hacia otras formas de política económica, responsable, moderna y que apunten a la productividad nacional así como a la diversificación productiva, única forma de abandonar el modelo rentista petrolero que ha imperado por décadas.

En ello va la suerte del país, atada indefectiblemente a la suerte de quienes hoy asumen la gran mayoría de la Asamblea Nacional. En esto, políticamente hablando, no se puede ser tímidos, asustadizos. Al país hay que decirle la verdad, también hay que decirle cómo salir del atolladero, hay que decirle además cuánto costará, a quienes costará y cuándo se podrán ver los resultados. Basta de ocultar la verdad sobre el precio de la gasolina, por poner solo un ejemplo, al pueblo hay que decirle que cada litro regalado en el país, además regalado a la fracción más pudiente de los venezolanos (la que tiene vehículo propio), representa una pérdida por costo de oportunidad de al menos un dólar americano. En total, el subsidio se estima entre 8000 y 15000 millones de dólares anuales, que podrían emplearse en más médicos, más hospitales, más profesores, más escuelas, más policías, mejores carreteras y un larguísimo y no menos importante etcétera.

Decir lo correcto y hacer lo correcto en materia económica nunca ha salido políticamente gratis en su momento, no obstante, es lo ético, es lo deseable en un país que tiene que acostumbrarse a que ofreciendo trabajo, también deberían poderse ganar elecciones.

Ahora bien, si dicho y hecho lo correcto, el Ejecutivo Nacional niega la sal y el agua a las acciones tendentes a mejorar la situación económica, acelerando el camino populista – clientelar, tocará a las fuerzas políticas de oposición preparar la ruta constitucional para cambiar el gobierno en la primera oportunidad legalmente posible (rogando porque no resulte demasiado tarde). Venezuela no soportará mucho más esta crisis y es infinitamente mejor darle cause democrático a la solución, que esperar a que se resuelva mediante un estallido que todo el mundo sabrá cuando comience, pero que nadie sabrá cuando termine, ni sus últimas consecuencias.

Se abre un nuevo rumbo para Venezuela. El camino está recién comenzando a ser andado, la MUD hoy más que ayer debe seguir unida, debe actuar con firmeza ejerciendo el mandato que le dio el pueblo, pero también con ponderación. Debe actuar con inteligencia, trabajar hasta el grado de la fatiga y medir el pulso de la opinión pública para trazarse objetivos y estrategias alcanzables, reales, con los pies bien puestos en la tierra. Como dice el poeta “… se hace camino al andar”.

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