Espacio plural

La importancia de re-institucionalizarnos

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José Bucete – 12 de febrero de 2016

Me permito comenzar este artículo invitando a cada estimado lector a hacer un ejercicio mental de simple imaginación. Si le preguntáramos a cada venezolano si se siente orgulloso de ser de esta tierra mágica, sin temor a equivocarme creo que casi el 100% respondería al unísono: Sí. Pero si preguntamos sobre las condiciones del país o del comportamiento ciudadano de cada uno, probablemente las respuestas se esparcirían en una gran sopa de respuestas. Ni hablar cuando caemos en preguntas de índole político o gubernamentales. Y peor aun si hablamos de las instituciones en Venezuela. Lo cierto es que en nuestro país tenemos una mezcla de sentimientos y de entendimientos y ya vamos a ver por qué.

Somos un país ampliamente improvisado, eso se debe a dos grandes factores: el desconocimiento de las reglas claras del juego; y la poca previsibilidad por parte de todos, hasta del gobierno, la típica “viveza criolla”. Eso nos lleva a ser un país, en la mayoría de las veces, poco reflexivo y muy permisivo, cómodo porque nos encanta buscar a quien se le acuña la culpa de cada uno de nuestros males, de los cuales casi ninguno (por no decir ninguno) es por razón propia. Somos más vivos cuando conociendo las reglas las violamos con el argumento de que todos somos iguales, esto es por la grave debilidad de las instituciones y por lo tanto el poco respeto que la colectividad les tiene. En otros casos, las instituciones del estado que nos deben agrupar, son inexistentes.

Estamos claros que en nuestro país las instituciones del estado son débiles, subordinadas al presidente de turno o al jefe sea cual sea el que esté de turno. Otro elemento que genera el problema es la desconfianza que sentimos los ciudadanos con respecto a nuestras instituciones, con algunas más que otras, pero lo que si se reparte igual es la desconfianza; podemos sumarle a esto también que el sentimiento de no igualdad ante la ley y el orden entre ciudadanos impera en la psiquis de cada venezolano que hace vida en este país.

Una de las tareas más importantes que le corresponde a la nueva Asamblea Nacional es la reinstitucionalización del país. Reformar, adecuar y en algunos casos cambiar a los titulares de esas instituciones, pero entiéndase bien, no es para el popular “quítate tú pa´ ponerme yo”, porque estaríamos en un círculo vicioso e interminable; sino para generar y crear en la población la sensación de que un país verdaderamente autónomo e independiente sí puede llegar. Alcanzar un país de iguales en deberes y en derechos es posible. El fortalecimiento de la sociedad mediante sus instituciones, donde la gente pueda confiar.

A veces solo pensamos que las instituciones son esos espacios del gobierno que crean o hacen que se cumplan las reglas, pero no, no solo podemos referirnos a ese tipo de instituciones; existen otras instituciones sociales, civiles, etc., que también en la Venezuela de hoy carecen del respeto de la sociedad.

2014_Venezuelan_Protests_(12F)¿En qué contribuimos cada uno en la mejora del país? ¿Seguimos esperando que los políticos sean los únicos que intervengan en los asuntos públicos?, o ¿ahora solo esperamos por los nuevos diputados? El fortalecimiento de las instituciones debe venir desde el ciudadano más raso, de cada uno de los venezolanos responsables que ve que las soluciones a los problemas del país están en que todos nos involucremos, fortalezcamos, exijamos y cumplamos con las distintas instituciones; ser solo opinadores de oficio y ver la paja del ojo ajeno y no ver la propia, o solo denunciar y no proponer nos hace tan indolentes como el que solo calla.

Para alcanzar ese ideario de país que todos tenemos, todos debemos trabajarlo. Tomar conciencia de la responsabilidad individual para fortalecer la colectiva, exigir instituciones sólidas a las distintas instancias del poder público, pero fortalecer a todas y cada una de esas que no forman parte del poder público, pero que organizan al poder ciudadano.

Tener una Venezuela distinta pasa por tener instituciones fuertes, que respeten las leyes, que las cumplan y que las hagan sentir, pero por encima que generen en los ciudadanos esa sensación que perdimos hace ya mucho tiempo: confianza. Esa Venezuela sí es posible, si todos queremos.

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