Opinión y análisis

De corrupción, anti-política y extremismos

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Fernando Arreaza Vargas – 1 de abril de 2016

¿Qué es la corrupción? ¿Cómo se define? ¿Es inherente a los humanos? ¿Tiene solución? Todas estas preguntas carecen de una respuesta clara; sin embargo, todos debatimos, proponemos y abordamos nuestros problemas públicos tomando esas interrogantes como respondidas.

corrupcioLa definición más general que tenemos es que la corrupción es el abuso de los puestos de poder. Obtener un beneficio personal a cambio de hacer un trabajo para el cual ya te pagan o por, incluso, dejar de hacerlo.  Es una enfermedad que erosiona la estabilidad de un país. A veces rápido, otras veces más lento. Y aunque es un mal global, no tenemos una radiografía clara del concepto.

Hace poco leí un artículo interesante sobre el tema. Sarah Chayes, experta en Cleptocracia y anticorrupción en Asia del Sur para el Carnegie Endowment, hace una conexión entre la corrupción y el extremismo. En su libro Thieves of State, Chayes explica cómo los surgimientos de grupos radicales en todo el mundo tienen algo en común: la corrupción como acelerador y provocador de la aparición del extremismo.

La idea es simple pero contraria a las creencias generales. La tendencia apunta a la corrupción como una causa y no una consecuencia. Chayes explica que los extremistas logran controlar territorios, armas y poblaciones cuando estos ciudadanos, frustrados de ser víctimas de la corrupción local, aceptan y apoyan a radicales que no entienden pero esperan sean la solución contra un sistema que los aplasta y abusa de ellos. En total, Chayes afirma que ocho revoluciones han tomado lugar desde 2011 por sistemas corruptos.

Para la autora, combatir Al-Qaeda, Isis, Boko-Haram o cualquier grupo insurgente sin atacar la corrupción en los países de la región donde operan es un círculo vicioso. Mientras la gente esté frustrada y en búsqueda de justicia social, los extremistas religiosos tienen margen para actuar.

En Occidente

Otro elemento que presenta es la diferencia con la que las personas de occidente entienden la corrupción. La dimensión moral que toma este problema en el Medio Oriente hace del tema algo mucho más sensible en esa región. Chayes explica que en los países de occidente no se entiende el problema de, por ejemplo, Nigeria con Boko-Haram, porque abordamos la corrupción con una perspectiva diferente. Para nosotros hay un aire de resignación. Sabemos que existe la corrupción, que es un problema, lo lamentamos pero no lo vemos como esa dificultad dolorosa que causa una indignación profunda y conflictos armados sucesivos. ¨Así es el mundo¨, nos decimos.

Es en este punto donde introduzco un argumento propio. La corrupción actúa más lento en occidente y tiene otras consecuencias: no toma forma en el extremismo religioso, toma forma en la antipolítica institucionalizada. Así como el ciudadano iraquí puede aspirar a que un grupo extremista resuelva lo que la política no le resuelve, muchos ciudadanos en occidente hoy aspiran a que un outsider les resuelva lo suyo derrumbando las instituciones.

compra2Es cierto que hay bandas en Centroamérica y Suramérica, mafias que controlan algunos territorios y operan gracias a sistemas corruptos. Pero lo característico en occidente viene siendo la aparición de estos outsiders en diferentes lugares como una respuesta a la degradación de la imagen de sus gobiernos. Los líderes detrás de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, Pablo Iglesias y Podemos como tercera fuerza en España, Donald Trump y su exitosa campaña para candidatearse como no-político, o Marine Le Pen en Francia, nacionalista y de extrema derecha. Todos están atacando, en mayor o menor medida, algún pilar sobre el que sus instituciones se sostienen apelando a la frustración del electorado.

Estos personajes surgen ante la continua espera de los ciudadanos por respuestas a sus problemas. Los sistemas corruptos socavan la creencia de la gente en sus instituciones, en sus políticos, para crear un ambiente propicio para individuos que nadie entiende. No obstante, cuando alguno de estos logra capitalizar el descontento el remedio termina siendo pero que la enfermedad. Hugo Chávez lo demostró en Venezuela.

Lo más dramático es que se suele atacar este problema cuando es tarde. La mayoría de los grupos extremistas o anti políticos son ignorados o considerados inofensivos hasta que un día toman una dimensión preocupante. Uno de los principales líderes de Isis reclutó miembros dentro de un centro de reclusión estadounidense en Irak y fue liberado, por ejemplo.

Los extremos se tocan

También llama la atención que las conexiones entre estos problemas es más profunda de lo pensado. En la ausencia de la mesura, la negociación, la unión y la política… triunfa todo lo malo. Tenemos varios ejemplos.

Puedes-Trump-Ohh-Foto-AP_NACIMA20151004_0015_6El surgimiento de Isis ha causado miedo en la población norteamericana. Muchos de los ciudadanos piensan que se necesita alguien fuerte, no un político, alguien que le haga frente de verdad al extremismo. Donald Trump propuso expulsar a todos los musulmanes de Estados Unidos y de retomar la tortura con agua para extraer información de los recluidos, entre otras cosas. Más allá de la viabilidad o la cordura detrás de las propuestas, el gran ganador es Isis. La radicalización de la anti-política occidental quema los puentes y termina alejando a las comunidades musulmanas. Esa radicalización la utiliza el Estado Islámico para captar más apoyo y su guerra toma más fuerza. Al final, Trump e Isis se dan argumentos entre ellos para seguir creciendo.

Otro ejemplo, el ascenso de partidos nacionalistas y xenófobos en Europa. El miedo por los ataques en Paris meses atrás y los de Bruselas la semana pasada, hace que el electorado acuda a esos discursos más radicales. El ascenso de estos grupos está dinamitando la Unión Europea, lo que vuelve a sus miembros más vulnerables. El manejo inadecuado de la crisis de los refugiados crea más oportunidades para que estas personas, en búsqueda de seguridad, acudan a otras respuestas. Todo esto en un contexto de inestabilidad en la región por las implicaciones que tendría una ruptura de la zona euro.

Conociendo al verdadero enemigo

Aunque la corrupción no es la única causa, sí es un factor de peso tanto en el extremismo religioso como en la anti política institucionalizada. Sarah Chayes defiende la idea que en occidente los Estados Unidos debe entender sus propias redes de corrupción y luego abordar las de otros países.

Es esencial plantear nuevas vías para abordar el debilitamiento institucional alrededor del mundo. Ya sea la anti-política, el extremismo o cualquier otra consecuencia; la democracia y la estabilidad como se conoce sufre cuando los discursos incendiarios cautivan a la gente.

Trabajar en la política y la gobernabilidad puede ser incluso una prioridad por encima de la seguridad, como dice Chayes desde la perspectiva en Asia y África: “la gente piensa en la seguridad primero. Primero la seguridad y luego nos ponemos con el gobierno. El problema de este argumento es que no vas a obtener seguridad hasta que te enfoques en la gobernabilidad. De hecho, enfocándote en la gobernabilidad es como obtienes seguridad”.

Estudiar los eslabones que corroen nuestro sistema es más importante que nunca.

 

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