Opinión y análisis

Polarización, un agujero negro

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Fernando Arreaza Vargas – 20 de mayo de 2016

En estos tiempos acelerados, la polarización es una trampa en la que muchos países han caído y siguen cayendo. La celeridad con la que los escenarios cambian obliga a los actores políticos a exacerbar el sentimiento en sus discursos, con el objetivo de consolidar sus fuerzas con mayor rapidez y cohesión. Entonces, aparece el agujero negro de la polarización.

Entre los muchos misterios de la astrofísica, hay uno que funciona para visualizar lo que la polarización representa en la política. Esta teoría explica lo que le sucede a un planeta que orbite cerca de un agujero negro: si está demasiado cerca lo destruye, si está un poco más lejos lo aísla.

En el primer caso, un planeta tan cercano a un agujero negro se vería martillado por la materia que gira alrededor del agujero a altas velocidades. Además estaría expuesto a grandes cantidades de radiaciones. Sencillamente se vuelve inhabitable. En el segundo, el planeta está lo suficientemente lejos para evitar el desastre; sin embargo, la fuerza gravitacional del agujero lo aislaría de la materia y los impactos necesarios para que haya vida. El agujero negaría cualquier chispa que pudiese generar vida.

Las sociedades son planetas, la polarización política es un agujero negro. El primer ejemplo es fácil de trasladar. Una polarización con dos grupos radicalizados es fatal y probablemente estaríamos hablando de conflictos armados. El segundo es más complejo, pero es el que más se ha manifestado en los últimos años. Este escenario es propicio para secuestrar el poder. Reúnes en tu discurso a todos tus oponentes bajo una misma etiqueta, aunque ellos quizás aún deban enfrentar los retos de la pluralidad internamente. Los descontentos en tus filas tardan mucho en migrar al otro bando, puesto es el que llevan años demonizando. En pocas palabras: ralentiza la oportunidad de un cambio.

Lo más curioso de este fenómeno es que traspasa ideologías, creencias y modelos. La polarización aparece en democracias o autocracias. Sus consecuencias las aprovechan mejor los regímenes autoritarios, pero eso no significa que ellos no puedan ser víctimas de sus efectos. La polarización aparece por una necesidad de aglutinar voluntades rápidamente o incluso componer las grietas de fuerzas ya establecidas. Es uno de los caminos más cortos para entrar abruptamente en el mapa político y ser un actor de peso.

Pero hay un precio, la magia alrededor de la polarización es que debes alejarte del centro, asumir una posición cerrada y radicalizar tus ideas.

El auge de la polarización en occidente lo podemos rastrear en los discursos de muchos candidatos y partidos. Desde Chávez, pasando por Rousseff, hasta incluso Uribe y Santos en Colombia. Algunos han fracasado y otros han tenido éxito, su objetivo era separar al país en los buenos contra los malos. Este problema no es inherente a una filosofía, es inherente a una necesidad. La necesidad de ganar.

Todos ellos tienen elementos que buscan radicalizar a sus seguidores. En algunos discursos más que otros, todo sujeto a la demanda de las circunstancias. De todos modos los patrones son claros: venden su proceso como una ruptura con lo anterior, enlazan las propuestas de oponentes políticos con una vuelta al pasado, explotan el antagonismo y califican las luchas electorales como existenciales. Juegan con el miedo. Un país sometido a esa carga tarde o temprano puede que se aísle o se destruya, pero seguro se vuelve problemático.

Varios analistas afirman que el dominio de Trump en las primarias de su partido está relacionado con el caudillismo latinoamericano. Si bien las características del vínculo con sus votantes son similares, la polarización como problema subyacente es la verdadera conexión que explica la similitud entre estos actores. Trump surge tras años de desentendimientos y choques entre el partido Demócrata y el Republicano, que encontraron un pico en la administración Obama. Los republicanos en el congreso concentrándose en bloquear las iniciativas presidenciales y los demócratas sin saber negociar terreno en común.

Como consecuencia los tres pre-candidatos republicanos con mayor apoyo: Trump con ideas radicales, Cruz con la anti-política y Rubio vendiendo el mensaje de una elección en la que habría una lucha existencial por los valores norteamericanos.

Los radicales siempre han existido. Entonces ¿Qué es diferente ahora?… la comunicación y la tecnología. Dave Karpf, en su libro “The MoveOn Effect”, establece una línea evolutiva de investigación en la polarización de la comunicación política:

1) En 2001, Cass Sunstein escribió sobre la “cyber-balkanización”;  los ciudadanos tienden a moderar su visión cuando les presentan evidencia contraria a sus creencias, y tienden a radicalizarse cuando les presentas evidencia que las soporta.

2) La tecnología crece e incorpora filtros que permite a la gente evitar con mayor facilidad hechos y opiniones contrarias a las suyas, polarizando más la opinión pública (la cámara de eco de Wael Ghonim que discutimos antes).

3) Una década después, Eli Pariser argumenta que el problema sigue empeorando, puesto que compañías como Google y Facebook ven las opiniones y los hechos no deseables para cada persona como problemas de ingeniería que se pueden resolver con mejores algoritmos.

4) Phillip N. Howard explica que la data política y el micro targeting  se expanden, permitiendo a los actores categorizar a los ciudadanos según sus preferencias, lo que resulta en mensajes más específicos, más personales y más efectivos para influir en las personas.

5) Joseph Turow señala que bancos y marcas comerciales comienzan a perfeccionar el uso de los datos de compras de un ciudadano en información de mercado y comportamiento.

14305594014726El problema es conocido, pero lejos de enfrentarlo lo estamos explotando. Quienes tienen el perfil público para implementar prácticas más sanas, sucumben ante las tentaciones del poder. Es muy fácil confundir la verdadera unión, la tolerancia en una sociedad, con un apoyo mayoritario y circunstancial a una idea o candidato. Cuando muchos concuerdan en algo en un país, la intolerancia puede existir pero evidentemente pasa desapercibida.

Cuando parece que tenemos una sociedad despolarizada, un tejido social fuerte, y en el fondo no es así, simplemente estamos viendo una polarización con una mitad muy grande y otra muy pequeña. Una vez el juego cambie y los actores se redistribuyan, la ilusión desaparece. Los problemas resurgen. En otros casos, la polarización está latente en grupos que no se manifiestan hasta que alguien los galvaniza.

Para arreglar ese problema viene una decisión un tanto paradójica: si llegas al poder con una idea de cambio ¿Cómo entierras prácticas nocivas si justamente quieres eliminar esa práctica de echarle tierra encima al pasado? Los procesos polarizados no solo son causa de grandes descontentos, también caen generando mucho descontento.

La mesura en los discursos y la inclusión de todos los grupos pareciera parte de la respuesta, pero solo parte de ella. Tienes que acercar grupos de personas que llevan años alejándose. Tienes que combatir la suma de los miedos.

 

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