Espacio plural

Una situación difícil y una jugada decisiva

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Danny Toro – 20 de mayo de 2016

El triunfo de la oposición el 6 de diciembre, no solo representó un gran avance competitivo en el juego político, sino que marcó el comienzo de un irregular y tosco dibujo del camino a nuevos escenarios en el país y la configuración de las fuerzas políticas en él; es que el 6 de diciembre no puede verse como una elección más, sino como el punto de inflexión de la fuerza política predominante en la última década en Venezuela y un avance significativo a un cambio político total en el país. Este deslizamiento en la correlación de fuerzas, que no solo se representan en el nuevo parlamento, sino que es un vivo reflejo en la dinámica social del día a día, va inmerso en los cambios sociales y políticos que está experimentando América Latina, y especialmente los países abanderados con el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, evidencia pertinente del desgate de dicho paradigma político en la región y la ausencia total de determinismos en la historia de las sociedades.

an-635Esta nueva correlación de fuerzas, tanto a nivel político como social, se mezcla e impulsa con una enorme y dura crisis económica, la cual avanza y se recrudece cada día más, ocasionando un profundo descontento y malestar social, que se expresa en la caída de popularidad del presidente Maduro, la motivación de la oposición para iniciar un referendo revocatorio presidencial y situaciones sociales irregulares, como saqueos e intentos de disturbios en ciertos lugares del país. Estos elementos componen el panorama nacional actual y plantean decisivos movimientos de las fuerzas políticas en la construcción de una realidad social: un cambio político, por un lado, y una permanencia en el poder por el otro.

Ante este conflictivo escenario por el cual se desliza el país, la oposición necesita capitalizar el descontento social, recalcando el cambio que representan desde el 6D y generar así una transición política, mientras el oficialismo necesita generar la suficiente estabilidad económica y social para asegurar el poder. Nos encontramos, pues, en un escenario político conflictivo, aunado a la conflictividad económica y el malestar social. Ante esta diatriba de fuerzas, surge la necesidad de recalcar la importancia del sistema democrático como medio para resolver y disminuir conflictos.

Una de las características fundamentales del sistema político democrático es que permite evitar y resolver conflictos, disuadir fuerzas sociales para que confluyan con normalidad, mediante instituciones políticas y mecanismos sociales; he ahí una válvula de escape a las actuales tensiones. La oposición ha decidido por optar el referéndum revocatorio presidencial, como uno de estos mecanismos democráticos para resolver la crisis nacional. De ganar el referéndum, la oposición mostraría legitimidad suficiente para un cambio político, y de ganar Maduro, lograría una estabilidad suficiente para maniobrar hasta 2019. Sin embargo ¿Será lo suficientemente eficaz y eficiente el Poder Electoral para bridar cabida a las expectativas que se ciernen sobre él? Deslizar un referéndum al próximo año, como han expresados voceros del oficialismo, aumentaría la escalada del conflicto político, porque claramente mostraría una complacencia del CNE hacia el Ejecutivo como el único comodín disponible, aumentaría la certeza de alguna parte de la sociedad sobre lo poco imparcial y democrático del Poder Electoral y permitiría al PSUV mantener el poder y maniobrar hasta concluir el actual periodo presidencial. En otras palabras, se obstaculizarían los mecanismos democráticos de resolución de conflictos y las fuerzas sociales y políticas en pugna no encontrarían salida para confluir con normalidad.

Loposicion-venezuelaos hechos vandálicos ocurridos el 18 este mes en la marcha de la oposición al CNE, muestran claramente los primeros reflejos y visualizaciones de este enfrentamiento de fuerzas políticas, que de no ser disuadidas por los mecanismos constitucionales y democráticos, es evidente que seguirán ocurriendo y con mayor intensidad, no por la orden premeditada de alguien o algún sector, sino por el mismo aumento del conflicto y la incertidumbre del actuar de las sociedades humanas. El papel decisivo del CNE resulta vital.

Por su parte, el enfrentamiento entre el Poder Judicial y el Legislativo solo añade ingredientes al conflicto nacional. Minimizar un parlamento recién electo es, de nuevo, una obstaculización de los mecanismos democráticos. Las fuerzas políticas y sociales seguirán y aumentaran su choque.

Las decisiones políticas gubernamentales, para su efectiva viabilidad y estabilidad, deberían tener un respaldo popular junto a la legitimidad de ejercicio. Maduro, con una caída abrupta de su popularidad y con respaldo del Poder Judicial, se mueve en decisiones que desembocarán en aún más inestabilidad, tanto por su bajo respaldo social como por su incisiva pugna conflictiva. El decreto de excepción es muestra de ello: de nuevo, se obstaculizan los mecanismos democráticos necesarios para resolver el conflicto. Y por último ingrediente un pretorianismo siempre latente en nuestra historia.

El presidente de la Asamblea Nacional ha denunciado varias veces conspiraciones de un golpe de estado, al igual que el Presidente de la República, y sin caer en rumores, la historia latinoamericana cuenta con ejemplos de estas actuaciones ilegales; de nuevo obstaculizar los mecanismos democráticos aumentará el conflicto en el país, donde por atavismos históricos, la Fuerza Armada también puede estar.

La oposición, como toda fuerza política, seguirá movilizándose con su capital social, presionando para un revocatorio este año. Dependerá de los poderes del Estado, y especialmente del Poder Electoral, evitar o no una profundización del conflicto. Si el presidente Maduro continúa, con el respaldo del TSJ, inhabilitando las decisiones de la AN, tomando decisiones sin respaldo popular, no solo estarían entre dicho su legitimidad de ejercicio, sino su capacidad para evitar un conflicto más grave.

La oposición, como su rol político lo expresa, se configura en la presión al poder gubernamental, pero el gobierno, al igual que los demás poderes del Estado, como su posición se lo determina, tiene el poder político suficiente para evitar un mal mayor, dándole cabida y respiro a las fuerzas sociales para que confluyan con tranquilidad. De las jugadas políticas próximas, que configurarán y pintarán el paisaje de nuestra realidad, la del gobierno será fundamental.

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