Fernando Arreaza Vargas – 8 de julio de 2016
Esta vez quiero usar este espacio para una historia cercana. Normalmente hablo de movimientos, teorías y análisis; pero a veces las pequeñas historias dicen tanto como un ensayo. Lamentablemente esta no es una historia bonita. Esta es una historia chavista. Es verídica, próxima y reciente; por eso no diré nombres.
Hace más de 20 años, una persona cercana -recién graduada ingeniero de la universidad- comenzó unas pasantías en una importante empresa nacional de servicios. En ese momento estaba en manos privadas, y creer en la meritocracia tenía sentido. Gracias al trabajo, la constancia y la honradez las oportunidades se abrieron; y lo que comenzó como una pasantía, terminaría siendo más de dos décadas de trabajo.
Sin embargo, eso nunca le importó a Chávez. Y no le importa a Maduro, Cabello, Rodríguez y el resto. Para ellos la honradez y el trabajo honesto son dos mundos que dejaron de entender hace quién sabe cuánto tiempo.
Luego de pasar por otro grupo privado, la empresa cayó en manos del gobierno. Empeoró el servicio en el país, pero mejoró el sometimiento del chavismo. Bastó que llegaran ellos para truncarle la carrera a esta persona. Lo que era un orgullo y un lugar de trabajo se transformó en miedo, indignación y vergüenza. Decidió quedarse y seguir trabajando, pero siempre tuvo la etiqueta de oposición. Trabajaba ahí, pero nunca de manera bienvenida.
Desde que la expropiaron hasta hoy, las historias sobre lo que alguna vez fue una empresa seria eran de pena. En la empresa pasaba de todo: nuevos directores incompetentes, militares/jefes mostrando la pistola en las reuniones para compensar otras cosas, intimidación para acompañar marchas rojas, cerrados los baños por falta de pago a las cooperativas, queridas de altos chavistas en puestos gerenciales. Un circo.
Si Venezuela fuera un país justo, hace años que le tocaba su jubilación. Pero como las leyes bajo el chavismo son una quimera, simplemente modificaron la cosa para que la jubilación le llegara a quienes ellos eligieran. Pasó el tiempo y llegó un punto en el que simplemente no sabía si en algún momento se podría jubilar. Para el chavismo, 25 años de trabajo no valen nada.
Finalmente, la historia tocó su final días atrás. A los que firmaron por su derecho constitucional de revocar los botaron, así como ordenó Cabello. Primero le llegaron mensajes de otros despedidos de la empresa, y luego le llegó su llamada. No conozco la historia de los otros que botaron, pero en esta fueron crueles. Primero le avisaron que ya podía entrar en la jubilación, y durante una hora pensó que al menos no todo sería tan malo. Sin embargo, al rato, le dijeron que fue un error. «No puedes optar a la jubilación, pero igual el próximo lunes tienes que ir a recursos humanos».
Y ese lunes fue para confirmar que tenía que recoger sus cosas de la compañía a la que le dio toda una vida de trabajo. Solo por haber usado un derecho que sale en la constitución, esa que tanto enseñan y menean los rojos con la manito siempre que aparecen en televisión.
Cuando supe esto me acordé de varias cosas. Empecé a conectar otras historias. Primero recordé una discusión años atrás con un amigo, en ese momento chavista. Es un tipo también trabajador e inteligente, pero él si se dejó convencer por las mentiras de esta pandilla en el gobierno. Ese día hablamos de cómo botaron y humillaron a la gente de PDVSA. El calor de la discusión le llevó a decir que «sí tenían que botarlos, porque para trabajar en una empresa pública es mejor si apoyas al gobierno». Unos minutos después recapacitó. No fue él el que habló, fue ese demonio ideológico chavista que jerarquiza la lealtad sobre el trabajo honrado. Como si de una tribu bárbara se tratase.
Luego pensé en otra cosa. Justamente la persona de esta historia y yo tenemos de familiar lejano a una luchadora social que hace tiempo dejó eso para ser chavista. Ha sido diputada, ministra y demás. En 2013 la entrevisté para un trabajo de la universidad, y en medio de todo, ella me preguntó si yo era chavista u opositor. Pensé en ser honesto y decir que siempre he sido oposición, pero le contesté mejor y le dije que durante la entrevista sería periodista. No creo que ella haya entendido la lección. El afán de medir y tratar a la gente según sus lealtades es parte del uniforme chavista.
Según entiendo, esta señora quiso mucho alguna vez a la persona protagonista de la historia que les comento. Hace años que perdieron el contacto, pero me pregunto si su uniforme chavista le permitirá ver la injusticia de su despido. Me pregunto si alguien que se llena la boca con nacionalismo y frases ridículas de amor a la patria es capaz de ver que su revolución sacó a patadas psicológicas de su trabajo a un venezolano ejemplar.
Porque para mí ser venezolano -ser patriota, querer a tu país- tiene poco que ver con banderas, gritos y frases de amor a Venezuela, y mucho menos con el Chavismo. Ser un verdadero venezolano es primero formarte y luego darle tu talento con constancia a tus conciudadanos venezolanos. La enfermedad chavista decidió botar a una persona más venezolana de lo que Chávez probablemente nunca llegó a ser. Mientras uno por años se dedicó obsesivamente a mandar, humillar a sus contrarios y decir que amaba a Venezuela por todos lados, la otra le dio al país todo su trabajo de manera honrada y sencilla.
Todo esto me llevó a la misma conclusión: luego de cambiar de gobierno no hay que borrar al chavismo, hay que recordarlo en su crudeza. Es natural aspirar a seguir adelante y superar rápido esta etapa tan negra, pero curar las heridas no es olvidarte de ellas. Recordemos el chavismo como ese demonio ideológico que además de distorsionar la vida y el esfuerzo de muchos, erosionó los valores también.
Categorías:Opinión y análisis









100% identificada con esta historia. Empecé como pasante y luego estuve 22 años en CANTV. La diferencia es que no me botaron, yo me fui porque no aguanté tanta mediocridad y como destruyeron una de las principales empresas del país.
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ASI ES, Y LAMENTABLEMENTE AÚN EXISTEN PERSONAS CREYENDON LA REVOLUCION CORRUPTA Y MEDIOCRE, LO TRISTE ES QUE LO SABEMOS PERO NO HEMOS NADA QUE EFECTIVAMENTE FUNCIONE, CONVOCAR A TODA LA POBLACION HACIA UNA SOLA CIUDAD, PARALIZAR ESTA VAINA, A SALIR TODO EL MUNDO SIN MIEDO, POR NUESTRO PAIS.
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