Carta del Director

¿Habemus revocatorium?

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Caracas, 29 de julio de 2016

-“Diosdado Cabello: Ni diálogo ni revocatorio este año ni en 2017.”

-“MUD convoca marcha al CNE el próximo miércoles 27 para exigir inicio de segunda fase del revocatorio”

-“Tibisay Lucena: Cualquier agresión conllevará a la suspensión inmediata del proceso”.

-“Tibisay Lucena: El CNE no puede adelantar o retrasar el revocatorio. Este Poder Electoral no actúa por chantaje de nadie, no recibe presión de nadie”

-“Ramos Allup: En el CNE no existe movimiento para hacer Revocatorio este año”.

-“Oficialismo pide al CNE que anule a la MUD como partido por supuesto fraude.”

-“Ameliach: CNE tiene 30 para decidir la cancelación del partido MUD”

-“Padrino López: Hugo Chávez continúa su camino junto al pueblo y la FANB”

Sirvan algunos titulares para tratar de tejer una respuesta a la pregunta que todos se hacen y encabeza nuestra carta de esta semana: ¿Hay referéndum revocatorio?

Los pocos titulares escogidos para iniciar este escrito nos dan una idea clara sobre las posiciones de algunos actores y, con base en ello y su poder real, de hacia dónde podrían moverse los escenarios. El Consejo Nacional Electoral ejerce toda la discrecionalidad que le resulta posible, gracias a un marco legal diseñado justamente para cuando los tiempos de las vacas flacas en lo electoral llegasen, a fin de no permitir ninguna medición electoral bajo condiciones que puedan implicar un cambio político, lo cual incluye no solo los desequilibrios en las condiciones electorales a los que ya nos hemos venido acostumbrando, sino incluso el evitar la celebración de un referéndum revocatorio en el presente año, la postergación de la elección de nuevos gobernadores y legisladores regionales, y hasta la ilegalización de partidos políticos de oposición.

Conscientes de que un referéndum celebrado este año implicaría no solo la salida de Maduro, sino de todo el gobierno, las pseudo-institucionalidad se alinea para tratar de congelar el juego, al menos hasta el 11 de enero del próximo año, momento a partir del cual los poderes fácticos, y no la gente, escogerían un sucesor para Maduro, si ello resultase conveniente para su estabilización.

Ante este escenario, cada vez más inminente en la medida que el CNE le va restando días a la posibilidad de celebrar un referéndum este año, la oposición responde por tres caminos distintos: no negándose a la posibilidad de dialogar si se cumplen ciertas condiciones, aumentando la escalada del conflicto en el campo institucional, y tratando de movilizar la protesta para presionar el avance del proceso por parte del CNE. Si bien no hay nada cuestionable en que la oposición juegue en estos tres tableros, cuando hablamos de estrategia, el cómo y el orden de los factores, sí altera el producto.

Uno de mis profesores, Thomas Schelling, decía que nadie negocia lo que puede mantener por otros medios. La celebración de un referéndum revocatorio implicaría para el gobierno el permitir la materialización de un proceso de transición política que traería como consecuencia su salida del poder y un cambio en las reglas de juego que desmontaría todo el andamiaje diseñado cuidosamente desde el ascenso de Chávez al poder en 1999 para garantizarse el control del Estado en el largo plazo. Tales cambios implican no solo consecuencias políticas para quienes hoy ocupan el gobierno, sino la apertura de una caja de Pandora que preocupa aún mucho más a quienes tienen algo más que un cargo en juego.

Es por ello que el gobierno, mientras tenga medios disponibles para mantener el poder (Fuerza Armada, Consejo Nacional Electoral, Tribunal Supremo de Justicia, etc.) no permitirá ningún acuerdo en mesa de diálogo alguna que implique un posible cambio. En este mismo sentido, poco puede lograrse con una escalada institucional que implique un choque de poderes, cuando todos los poderes se mantendrán alineados contra la Asamblea mientras ésta no sea capaz de alinear a sus fuerzas para respaldarla.

En tal sentido, la probabilidad de que se celebre un referéndum revocatorio no depende en lo absoluto de lo que el CNE o el gobierno hagan. La decisión para ellos ya está tomada y por evidente huelga continuar explicándola. Depende únicamente de lo que la oposición, dentro de sus limitaciones, sea capaz de hacer. En tal sentido, y de acuerdo a nuestras estimaciones, entre las variables que están bajo el control de la oposición existen tres factores clave de los cuales depende la celebración de un referéndum revocatorio que permita un cambio político por las vías institucionales y, como decíamos antes, aquí el orden de los factores sí altera el producto:

Primero, la cohesión política de la Unidad. La oposición no será capaz de imponer un referéndum revocatorio, ni ninguna de las otras salidas de las que se hablaban, así como tampoco tendrán viabilidad las fantasías sucesorales que están en la cabeza de algunos que se sienten hoy a pocos puestos de una presidencia ganada o negociada, si no existe unidad real, más allá de las ruedas de prensa conjuntas o la negociación de candidaturas unitarias obligatorias para no terminar perdiendo todos.

Segundo, la capacidad para generar movilizaciones políticas masivas. Solo con una unidad sólida que protagonice una narrativa poderosa, trabajando sin egoísmos y con mucha imaginación es posible hacer inevitable una transición política. Las transiciones exitosas han implicado en su gran mayoría un proceso de socialización y masificación de la presión política que ha terminado por obligar a los actores institucionales, e incluso a la Fuerza Armada por el aumento en los costos de reprimir, a recalcular la conveniencia entre mantener el estatus quo por la fuerza o negociar los costos de facilitar una salida institucional.

Tercero, la disposición para negociar las consecuencias de una transición con actores clave. Pero para que tal negociación sea posible deben darse al menos dos condiciones. La primera es que la situación lleve al gobierno a una posición en la que no le es posible mantener el poder por otros medios, es aquí en donde la unidad política y la movilización social antes explicada juegan un rol esencial. La segunda, que la coherencia de la unidad opositora permita acuerdos con las garantías necesarias para reducir los costos de aquellos actores clave, o sea aquellos de quienes depende la posibilidad y éxito de una transición democrática.

Es tiempo de liderazgos responsables que pongan al país por delante de sus ambiciones e intereses. Si actúan así la patria se los reconocerá y premiará, si no estoy seguro que se los demandará y serán otros quienes vengan a ocupar las posiciones de liderazgo que hoy no supieron honrar.

Benigno Alarcón Deza
Director
Centro de Estudios Políticos
Universidad Católica Andrés Bello

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