Opinión y análisis

Caracas para locos

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Guillermo Ramos Flamerich – 29 de julio de 2016

El título de este artículo es el mismo que el de una canción que Vytas Brenner presentó en su disco Jayeche en 1975. Eran otros tiempos, la locura de la ciudad radicaba en su crecimiento acelerado y anárquico. Cada vez más tráfico, más barrios sin los servicios básicos, menos calidad de vida, delincuencia en ascenso y un cielo abrumado por decenas de rascacielos que se levantaban sin respeto por el pasado y la memoria. Era la borrachera petrolera y la ingenua ilusión de que estábamos a un paso de ser un país desarrollado. ¿Cómo no pensarlo si en Caracas podías conseguir lo mejor de las grandes capitales cosmopolitas y era la esperanza de miles de inmigrantes del continente, también del mundo?

La resaca la advertimos bien tarde y cuando existía cierto consenso de construir una sociedad con bases renovadas y sólidas, abierta a la participación y a la organización ciudadana. La demagogia, la corrupción y traición, junto con unos precios petroleros exacerbados, crearon un cóctel mortal que día a día nos está mandando de forma y fondo a realidades que ya creíamos superadas. Seguimos camino al foso de nuestra historia y el desenlace todavía no está claro.

descargaLo que sí está claro es que Caracas cumple 449 años en la absoluta desidia. Ya no es el abandono de millones de cráteres en las vías, la falta de aceras o el mal servicio de recolección de los desechos sólidos, sino la anomia representada por los animales que se mueren de hambre o los que descuartizan para comérselos en un zoológico como el de Caricuao. Las cientos de colas que se multiplican en los abastos y mercados por la esperanza de que ese día vendan algún producto básico, de los regulados. Más gente que busca alimentos en la basura, el costo de la vida que se come nuestros sueldos y aspiraciones mientras, paradójicamente, la vida no vale nada, porque la violencia ya es una silenciosa compañera. El miedo ya es común a todos los que transitamos este valle, mientras vemos y sentimos como la ciudad se va apagando.

Cada día las alegrías son menos, más sencillas y sentidas. Poco a poco se nos está olvidando lo que es vivir en convivencia.

La Caracas que esta semana está de aniversario sí que parece una ciudad de locos. ¿Es insalvable, lo hemos perdido todo? No. Existe una coyuntura política en Venezuela que debemos superar. Es necesario recuperar la democracia, construir y reconstruir las instituciones y descentralizar el poder. Pero los ciudadanos no debemos esperar a que sucedan todos esos acontecimientos para ponernos a hacer algo. Tenemos que organizarnos, creer en la transformación de nuestras comunidades y estar atentos tanto a las grandes decisiones políticas, como a lo cotidiano. Es momento de soñar no con la ciudad que fuimos (esa debe ser honrada con la preservación de su memoria histórica), sino con una capaz de superar todos los errores del pasado y del presente, conscientes que su desarrollo va mucho más allá de un buen gobierno y es responsabilidad de una ciudadanía comprometida.

Hay que exigir. Reclamar. Proponer. Diagnosticar y estar preparados para asumir los inmensos desafíos que están por llegar en los años de la Reconstrucción.

 

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