Espacio plural

En los próximos días la oposición y la ciudadanía requieren de mayor empatía política

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Carlos Carrasco –  28 de octubre de 2016

Luego de la “Toma de Venezuela”, el papel de la ciudadanía cobra un protagonismo sin precedentes, al menos en los últimos 8 años. Los venezolanos se sienten como sujetos históricos, que tienen la capacidad de decidir su destino a través de un cambio del sistema político.  En función de eso, la dirigencia opositora conformada en los partidos de la Mesa de la Unidad Democrática y algunas organizaciones de la Sociedad Civil, deben emitir mensajes capaces de precisar las acciones y estrategias a seguir ante la ciudadanía.

gfSi tomamos un ejemplo foráneo, pero de América Latina, se tiene la imagen de Chile en 1988, donde se celebra un plebiscito que presenta una transición electoral para el gobierno militar de Augusto Pinochet. Esto abrió las puertas para la recuperación de la democracia en la nación austral. Parte del éxito, en este caso, pasó por una relación  pragmática entre la sociedad chilena y la dirigencia política disidente a la dictadura militar.

En el caso venezolano, esta relación dista de ser buena. Primero, la sociedad venezolana está sometida a una serie de controles que impiden su ejercicio del espacio público de forma constante. Esto significa que el tiempo invertido en protestar resulta mucho más valioso que en otros contextos. Por lo tanto, la ciudadanía esperara resultados a sus acciones con mayor prontitud. Si eso no es así, se puede traducir en frustración hacia los mecanismos de protestas o hacia quienes la convocan.

Por otro lado, la dirigencia opositora emite mensajes en sus convocatorias que no se relacionan con ciertas acciones que ejecutan en el plano de la realidad. A pesar de que esto puede responder a cierta visión estratégica frente al adversario, los mensajes son difundidos a la opinión pública y generan efectos también entre la ciudadanía, que normalmente tienen como resultado la confusión. También existe otra razón para esto, y es la inconsistencia comunicacional de los voceros en correlación al liderazgo que ostentan. En un día donde se emiten respuestas diferentes por parte del Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, el presidente de la Asamblea Nacional y un excandidato presidencial, resulta difícil para un ciudadano generar un criterio sobre la base de la credibilidad. Afortunadamente para la oposición, aún posee un alto grado de legitimidad, que permite que estos errores puedan superarse. Sin embargo, esto se tiene que corregir de cara a los próximos días.

Esta discordancia entre la ciudadanía y la dirigencia no es un problema comunicacional. La razón concreta subyace en que existen objetivos diferentes para ambas partes. En el caso de la ciudadanía protestar por un Referéndum Revocatorio tiene como significado símbolos que representan una mayor calidad de vida (comida, seguridad, empleo). Para la dirigencia opositora, representa una oportunidad de obtener una cuota de poder y demostrar la capacidad de gobernar. Si se analiza, estos objetivos no entran en conflicto, se pueden complementar. Pero la visión de cada actor sí será diferente en función de los objetivos. Por eso, hechos como un diálogo pueden resultar pocos comprensibles para la ciudadanía, pero indispensables para la dirigencia en función de generar una transición del poder. De igual forma, por eso una concentración como la “Toma de Caracas” o la “Toma de Venezuela” pueden resultar muy convenientes para la dirigencia porque muestra fuerza de convocatoria, pero frustrante para la ciudadanía que no percibe ningún cambio luego de invertir tiempo en protestar.

francisco-velasquez-per-toma-de-caracas-oposici-n-venezolana-anuncia-nuevas-protestasPara solucionar este problema no existen fórmulas mágicas ni antídotos. Pero en épocas de coyuntura, se necesita una mayor capacidad de empatía, especialmente con los aliados, ya que puede ser la herramienta que te garantice una victoria segura. La dirigencia opositora debe entender mejor el papel que siente que está jugando la ciudadanía y la sociedad debe comprender las dimensiones y responsabilidades que está tomando la dirigencia.

Así como pasó en Chile, hoy Venezuela necesita una unidad que transcienda la alianza de partidos, donde la sociedad sea protagonista de un cambio genuino hacia la democracia. La base para esto será la transparencia y la confianza. Todos los que quieran un cambio para el país deben practicar estos dos elementos.

 

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