Espacio plural

A propósito del 23 de enero: superemos el mito del desarrollismo

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Guido Revete – 27 de enero de 2017

Hace 59 años, el 23 de Enero de 1958, era derrocado un gobierno dictatorial, creador de una policía política tenebrosa y profundamente represor de las libertades políticas y civiles. Pero además, con la caída del general Marcos Pérez Jiménez se caía por fuerza histórica un gran período de desarrollo nacional.

No obstante, lo que venimos a rescatar en esta oportunidad es que la caída del modelo desarrollista no está asociada a la ausencia del gendarme necesario, sino al fin de un periodo histórico concreto, el cual gozaba de las condiciones objetivas para la utilización de la renta petrolera, captada internacionalmente, en el desarrollo nacional, de la manera en que se utilizó. Y que contrario al sueño-país que genera en algunos dicho período histórico, sueño potenciado por el uso de anécdotas grandilocuentes sin referencias históricas fehacientes, no es posible volver el dial. Como escribiera un gran pensador de nuestra historia económica: más que el anunció de un tiempo por venir, se trata del anuncio de un tiempo ido.

El desarrollo de la economía venezolana a través del ingreso de la renta durante ese periodo histórico, sería medianamente equilibrado dada la posibilidad real de ejecutar este ingreso hacia la oferta y la demanda de la economía a la vez, sin que representara un alto costo de oportunidad, situación que, valga recalcar, resulta prácticamente imposible de hacer de manera “armoniosa” en la actualidad.

Sin embargo, este hecho fue posible dada la condición estructural del país en aquel entonces, a saber: una economía a grandes rasgos atrasada, con un número elevado de la población que todavía subsistía en ambientes rurales y ciudades muy poco desarrolladas. En este escenario, el Estado podía permitirse la modernización de la sociedad a la par de estimular el mercado interno, a través de los ya conocidos mecanismos “desarrollistas” que en Venezuela fungieron en realidad como formas de distribución de la renta petrolera: un acelerado proceso de urbanización que a su vez funcionaba como una estrategia para dinamizar el flujo de este ingreso internacional en la economía nacional, lo cual generó importantes puestos de trabajo tanto en la administración pública, como en el sector construcción, requiriendo este segundo elemento mano de obra no necesariamente calificada; un número sostenido y creciente de importaciones, posible gracias a la sobrevaloración de la moneda que históricamente ha permitido este ingreso ajeno a cualquier dinámica de producción nacional, situación que por cierto, empezaba a ahogar el cada más incipiente mercado productivo dado el éxodo campesino a las grandes ciudades.

40904marcos_perez_jimenez_2En este sentido, si bien Marcos Pérez Jiménez, como hombre de época, supo aprovechar las circunstancias históricas para el desarrollo de la economía nacional, este desarrollo se haría a través de un modelo insostenible en el tiempo, lastre que sigue arrastrando la estructura económica nacional 60 años después.

El sueño del “desarrollismo” planteado como un calco y copia de las políticas empleadas por Pérez, ese sueño que hace olvidar en algunos hasta los hechos lamentables aparejados a toda dictadura, sólo resulta un canto de sirena proveniente del desconocimiento de la estructura económica nacional, su –hasta ahora- único modelo de acumulación y sus diversos modelos de distribución rentista.

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