Mesa de Análisis

¿Quiénes nos gobiernan?

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Marcos Tarre Briceño –  10 de febrero de 2017

¿Qué tipo de personas conforman el gobierno en Venezuela? ¿Esos civiles y militares activos o retirados que rotan una y otra vez en los más altos cargos, son eficientes? ¿Están dedicados a buscar el mayor bienestar de la población? ¿Anteponen los altos intereses de la nación a sus intereses partidistas o particulares? ¿Son íntegros? ¿Son honestos? ¿Son sinceros?

¿Hasta qué punto tantos rumores que se escuchan tienen algún fundamento? ¿Por qué tanta impunidad frente a la delincuencia, dejando desamparados a los sectores más pobres y vulnerables? ¿Por qué tanta tolerancia hacia algunos sectores armados y violentos qué hacen vida pública en el país?  ¿Por qué ningún funcionario acusado en el exterior es investigado en el país? O dicho en crudas y resumidas palabras, ¿hasta qué punto la delincuencia organizada puede haber penetrado el Alto Gobierno?

La delincuencia organizada se adueña de espacios de un país amparada y de la mano de la corrupción; y tristemente, según el más reciente índice de la organización Transparencia Internacional, Venezuela descendió nuevamente en su calificación y quedó entre los 10 países más corruptos del mundo, con puntuación similar a la de Somalia, Iraq y Siria.

Además de las facilidades que brinda la corrupción, existen elementos de juicio para pensar en una posible articulación Gobierno-Crimen Organizado con hechos tan evidentes como la tolerancia a los colectivos armados que imponen su Ley en algunas zonas urbanas del país o bien la complicidad para mantener el control de los pranes y mafias carcelarias en casi todo el sistema penitenciario o la activación por parte del Gobierno de grupos violentos motorizados cada vez que se siente amenazado o quiere amedrentar a la población.

También circulan informaciones nacionales e internacionales, avaladas algunas por procedimientos judiciales abiertos en tribunales internacionales a altos funcionarios venezolanos o sonados casos de alijos de cocaína encontrados en aviones procedentes de Venezuela o la más reciente y perturbadora noticia que los medios han llamado el caso de los narcosobrinos; así como los insistentes rumores que circulan sobre el Cartel de Los Soles”, el contrabando de gasolina, las manipulaciones con los alimentos regulados o los intolerables e inexplicables índices de impunidad y desestructuración policial que han convertido a Venezuela en el segundo país más violento del mundo. Para añadir gasolina al fuego, recientemente conocidos articulistas y analistas han emitido sospechas sobre la naturaleza del régimen que nos gobierna.

maduro-1Recientes publicaciones en los medios de comunicación internacionales y venezolanos comienzan a presentar una versión diferente a las tradicionales sobre el actual gobierno del país: no se trata de que la delincuencia organizada haya logrado penetrar estructuras del gobierno, sino que, al igual que sucedió en Bolivia en 1980, el gobierno del Presidente Nicolás Maduro sería una organización de delincuencia organizada.

Carlos Sánchez Berzaín, abogado boliviano, experto en Derecho y Ciencia Política, politólogo, ex ministro de Estado y miembro importante de la oposición de ese país, escribió[1]:

Que Venezuela está gobernada por una dictadura es una realidad que ni el propio régimen del socialismo del siglo XXI puede desmentir, pero además, los acontecimientos recientes con la comisión de delitos desde el Gobierno, verifican que el grupo de poder delinque a título de actos de gobierno con el propósito de obtener beneficios directos en el ejercicio de una autoridad tan dañina como ilegítima. Los hechos llevan a constatar que el Gobierno de Nicolás Maduro ejerce el poder como un grupo de delincuencia organizada.

Una segunda opinión en ese mismo sentido fue publicada en la editorial del diario El Nacional, escrita por su director en el exilio, Miguel Henrique Otero[2]:

La de Maduro no es una dictadura con antecedentes en América Latina. No es comparable a la Pérez Jiménez ni a las protagonizadas por los militares en el Cono Sur. Se trata de una que tiene fundamento en un narcoestado, es decir, un Estado dominado por los intereses del narcotráfico, un Estado sujeto por las prácticas de los carteles de la droga.

Una tercera opinión, ésta vez del veterano periodista y analista venezolano Manuel Malaver, señala[3]:

Ya sucedió en Colombia y México cuando carteles que se hicieron con un inmenso poder a través del tráfico de cocaína, y de otros estupefacientes, se declararon en guerra contra el Estado y durante años activaron organizaciones militares y paramilitares que cometieron crímenes y desafuero atroces. Y sucede en Venezuela, donde una mafia de narcotraficantes conocida como el “Cartel de los Soles” tomó hace 17 años el Estado desde dentro, lo utiliza como instrumento de la delincuencia organizada, y lenta, pero implacablemente, liquida instituciones, recrudece la represión y cada día es más una mafia en abierta rebelión contra la Constitución y las Leyes que “algo” a lo que se pueda llamar “gobierno”.

Existen precedentes históricos en el mundo que reseñan como el crimen organizado se apodera de un país, bien sea en África o en nuestro continente:

Roberto Suárez Gómez[4] fue uno de los principales capos de la droga de Bolivia en la década de 1970 y principios de 1980. Con su riqueza en expansión, Suárez se convirtió en un factor en la política nacional y desarrolló el 189° golpe de Estado de su país. Este “Golpe de coca” colocó a la banda/pandilla de Suarez en el poder político. Al General Luis García Meza se le dio la presidencia nacional a través de un soborno notificado de $ 1.300.000. Entonces, cuando García Meza asumió el cargo, nombró al coronel Luis Arce Gómez, un pariente de Suárez Gómez, como el Ministro del Interior, con lo que le da el control de todas las operaciones antidrogas en Bolivia. Aunque el régimen de García Meza sólo duró hasta octubre de 1982, que termina en otro golpe, la fortuna que genera para el grupo narco-elite boliviano y la devastación que causó en la economía nacional, fueron significativas.

El caso del actual gobierno de Venezuela pudiera ser aun más complejo ya que, de ser ciertos los rumores, opiniones y especulaciones, no se trataría de un solo grupo del gobierno que se ha convertido o derivado hacia practicas típicas de la delincuencia organizada; así como tampoco sólo se trataría de narcotráfico, sino de una variedad y abanico de diferentes modalidades de crimen organizado, de una compleja red y matriz de funcionarios del alto gobierno, tanto civiles como militares manejando el Estado en función de intereses inconfesables.

A pesar de lo difícil de poder comprobar este tipo de acusaciones o señalamientos, y establecer sus justas proporciones y aproximarnos a la verdad; la posibilidad o hipótesis de que estamos gobernados por delincuencia organizada debe comenzar a introducirse en los escenarios de análisis de nuestros políticos, así como en el ámbito académico, la percepción ciudadana, los medios de comunicación y el plano internacional. Los escenarios posibles deben abarcar desde los peores y más dañinos, hasta los más aceptables y menos perjudiciales. O, como ha dicho el Dalai Lama: “…Es mejor seguir teniendo esperanza, pero hay que estar preparado para lo peor

En política, plataforma permanente de conversaciones, acuerdos y negociaciones, bien sea internas del gobierno o en el seno de la oposición o confrontadas Gobierno-Oposición, es imprescindibles conocer lo mejor posible al adversario, cuáles son sus objetivos e intereses reales, para saber a qué tipo de juego se está jugando. Tal como diría el doctor Miguel Angel Latouche, nuestro reflexivo filósofo de la negociación, no se puede ir uniformado, entrenado y preparado para jugar básquet y conseguir que en el terreno se está jugando fútbol, tal como le sucedió a la oposición en el frustrante y frustrado escenario de diálogo de diciembre pasado.

[1] “Gobiernos de delincuencia organizada”. Carlos Sánchez Berzaín. Marzo de 2016 http://www.carlossanchezberzain.com

[2] “El régimen de las bandas organizadas”. El Nacional. 30 de enero de 2017.

[3] “El Cártel de Los Soles en guerra contra Venezuela.” Manuel Malaver. La Patilla. 31 de enero de 2017.

[4]  “Pandillas callejeras: La nueva insurgencia urbana.” Max Manwaring. Marzo 2005.

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