Bitácora del Poder

El piquete del miedo y la era de las narrativas

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Fernando Arreaza Vargas  –  7 de abril de 2017

Escribo esto hoy miércoles 5, luego del madrugonazo de los diputados al régimen y el inicio del proceso para destituir a los individuos que se sientan en el lugar de lo que normalmente se reserva para magistrados. Escribo esto, luego de ver como internacionalmente nuestros gobiernos vecinos siguen presionando luego del recule, la lloradera y las mamarrachadas del enviado de Maduro en la OEA. Escribo esto, luego de la abrumadora presión callejera que se llevó varios piquetes policiales. Escribo esto porque la cúpula roja perdió el control.

El movimiento para eliminar por completo la Asamblea Nacional no solo nos quitó nuestra única institución real, también le quitó a la oposición casi lo único que podía perder. La desesperación de los campeones mundiales en deuda y corrupción los obligó a dar un paso en falso en busca de legitimar sus opciones para arañar recursos. Se les fue de las manos.

El show del Tribunal Supremo, con colaboración de La Fiscal o no, movió la pieza para alinear los factores que cambiaron el ambiente. La oposición se unió, la gente encontró un objetivo claro para salir y el chavismo se metió en un rincón internacional, donde solo un par de países le lanzan agua y pan a ver si resisten. El piquete más grande que tenían, el piquete del miedo, se cayó.

No todo está resuelto. Cuando del otro lado hay gente de pocos escrúpulos dispuesta a mucho por permanecer en el poder, nada está resuelto hasta el final. Sin embargo, es evidente que están en una coyuntura decisiva. El baile alrededor de las leyes, resolver a billetazos, posicionar sus cuentos y usar la fuerza bruta ya no es suficiente.

La Narrativa

Este texto será corto porque no tiene sentido profundizar en un tema tan inmediato y volátil. Probablemente para cuando leas esto, ya varios eventos habrán evolucionado. No obstante, hay algo que me parece fundamental desde el principio hasta el final: hay que usar la mejor versión de nuestra historia para hablarle a la gente. Usar la verdad, con el tono y los símbolos correctos.

La mejor manera de moldear nuestro discurso es visualizar esta cúpula roja como aislada, sin recursos, sin apoyo y desesperada. No es suficiente con que sea verdad, hay que repetirlo hoy, mañana y todos los días hasta que esa sea la historia que domina el público.

El miedo no paraliza, como siempre hemos creído. El miedo te hace avanzar o retroceder, te ralentiza o te acelera; y depende mucho de la narrativa que controle el momento. En muchos de los territorios que controlaba ISIS, la gente aceptó estos terroristas como la ley porque en su cabeza había un solo planteamiento: la seguridad territorial me la da el gobierno o esta gente, no hay otra opción. Así como eso, hay otros ejemplos donde el miedo te lleva a decidir entre actuar o perder.

El miedo en la política no es una respuesta, es una condición que provoca una respuesta de acuerdo al sentido que se le dé a ese temor. Así como lo puedes transformar en inacción, también lo puedes transformar en fuerza.

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