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¿Cuándo importa la protesta?

La protesta es parte de la cotidianidad de los venezolanos Foto: The New York Times

Ángel Álvarez PhD Ciencia Política 30 de agosto de 2019

¿Qué hace a una protesta social efectiva? Hay muchas formas de protestas que cumplen funciones muy diferentes. Algunas de ellas son más políticamente efectivas, mientras que otras pueden ser simplemente actos de expresión de descontento que, aún siendo psicológicamente útiles, tienen efectos inmediatos y mediatos poco irrelevantes. Algunas de ellas, incluso, pueden ser políticamente inconvenientes, así estén plenamente justificadas por razones morales. 

Algunos autores sostienen que la protesta es efectiva cuando se produce por la causa justa, en el momento y en el lugar correcto. Esto no es del todo inadecuado. Las condiciones objetivas, materiales y culturales, crean oportunidades. Tanto o más importante es, sin embargo, que exista la disposición y la organización para aprovechar estas oportunidades cuando se presentan y, más aun, crear oportunidades en las que la protesta adecuadamente conducida puede ser fructífera. Charles Tilly, el conocido teórico de los movimientos sociales, puso el dedo sobre la llaga con su concepto de protesta WUNC –acrónimo derivado de worthy (digna), united (unida), numerous (numerosa) y committed (comprometida).

La dignidad del movimiento le ayuda a ganar reconocimiento como un jugador respetable, que debe ser escuchado y con el que se puede interactuar. Al mostrar moderación y controlar las emociones, evitar el insulto y minimizar la rabia, los manifestantes ganan respeto. Los movimientos exitosos evitan la acción violenta no solo por convicción, sino especialmente por conveniencia. Al comportarse pacífica y “decentemente”, atraen audiencias más grandes y logran una presencia más continua en la escena pública. Adicionalmente, el comportamiento digno evita la marginación y reduce la credibilidad de los intentos de criminalización de la protesta. Mientras más gente considerare legítima a una protesta pacífica, menos se podrá justificar el uso de medios violentos para contenerla.

La unidad es un tema más complejo. En palabras de Tilly, es más una “mistificación” que una realidad. Los movimientos de protesta a menudo suponen compromisos sobre metas comunes entre personas con ideologías o preferencias muy diferentes. Más, si se evidencian grietas de importancia en un bloque que para el público debería ser monolítico, la fuerza del mensaje de protesta se debilita. La imagen de unidad es un activo valioso para los movimientos sociales. Muchas veces la unidad se expresa y se refuerza por uso de vestimentas, colores, banderas, cantos y consignas compartidas, pero las muestras externas de unidad no siempre son indispensables. Al margen de las naturales diferencias y conflictos que ocurren en todo movimiento social y entre los líderes políticos, lo importante es que la unidad sea experimentada como una realidad en la mente de los que protestan.

Como todo movimiento basado en la lógica democrática de la igualdad de derechos y la voluntad de la mayoría, las manifestaciones de protesta son en buena medida un asunto número. El éxito de una protesta se parece mucho al de cualquier causa política. Tal y como los gobernantes electos, al mostrar grandes números de participación y respaldo, los movimientos de protesta pueden reclamar con éxito la representación legítima de la soberanía popular. Cuanta más gente protesta, mayor es la posibilidad de que los manifestantes puedan afirmar que representan una gran parte e incluso a la mayoría de la población. Para ello, como se sabe en política desde los estudios de la competencia por espacios políticos (ver el modelo económico de la democracia de Anthony Downs, 1957), los movimientos exitosos de protestas que a veces nacen enfocados en un sector social altamente cohesionado y radicalizado tanto en sus discursos como en sus actos, tienden a moderarse y pacificarse para comunicarse mejor y ganar credibilidad y respaldo entre ciudadanos del promedio, alejados de las posiciones extremas.

El compromiso con el movimiento es una actitud, un fenómeno psicológico en las mentes de participantes en las protestas. No es directamente observable, pero si es indicado por la perseverancia y voluntad de persistir en protesta pacífica, unitaria e incluyente, especialmente en los momentos de reflujo y de agudización de la represión. El mayor compromiso lo muestran aquellos activistas que, en el marco de protestas pacíficas, optan acciones personalmente costosas y riesgosas –por ejemplo, los que van a una manifestación en lugar de solo  expresar una opinión en un grupo pequeño, o quienes se suman a una huelga de hambre en lugar de una huelga de trabajo. Sin embargo, también la participación en un evento de protesta no costoso puede mostrar compromiso. Los activistas comprometidos pueden enfrentar condiciones ambientales adversas, aportar recursos y sufragar sus costos y los de otros, correr el riesgo de represión policial o viajar largas distancias para motivar a otros participantes y llegar al lugar de la protesta. Básicamente, el compromiso se muestra al superar las barreras prácticas y los temores que se interponen en el medio participación y comportándose de la manera adecuada (lo que arriba llamamos dignidad) en el evento de protesta.

En definitiva, el éxito de un movimiento de protesta descansa menos en condiciones materiales y objetivas que la capacidad de ser agenciada de forma organizada, unitaria, pacífica, numerosa y sostenida por activistas motivados, entrenada y disciplinados.  Hay que decir que, muchas décadas antes de Tilly y no desde la academia sino desde la esfera de la política de masas, V.I. Lenin destacó la importancia de la vanguardia políticamente formada, comprometida y organizada (en su caso, en el centralizado partido bolchevique) en la propiciación del cambio político. Sus ideas revolucionaron al marxismo que, desde la perspectiva socialdemócrata alemana, privilegiaba la visión determinista, mecanicista del cambio como resultado de la situación económica.  Puede no gustarnos lo que Lenin hizo con la revolución rusa, pero no deja de ser cierto el papel predominante que le asignó a la acción política de activistas conscientes (“condiciones subjetivas”) por encima de las condiciones que materialmente sirven justificación a la protesta (“condiciones objetivas”).

Viejas teorías leninistas aparte, lo cierto es que investigaciones recientes sobre los movimientos de protesta con efectos de importancia ponen claro que más importa quiénes y cómo protestan que por qué y cuando lo hacen. Las características de la protesta, sus actores y sus acciones, alteraran los cálculos, actitudes e incluso el comportamiento de quienes observan protestas, de los aliados, y de los adversarios al movimiento. Se trata de lo que en algunos (ver a K. T Andrews, 2001: “Social movements and policy implementation: The Mississippi civil rights movement and the war on poverty, 1965 to 1971”) califican como la perspectiva de “acción-reacción” para protestar, o lo que Michael Lipsky, en 1968, vio como el “acto comunicativo de protestar,” que busca persuadir y motivar a terceros (observadores, potenciales aliados e, incluso, algunos adversarios) de manera de trasmitirles emociones positivas y puntos de vista favorables a los manifestantes.

Mientras la protesta sea un mensaje que más y más gente reciba y con el que muchos se identifiquen, diferentes entre sí y distintos a los convocantes y organizadores del movimiento, más éxito tendrá. Y para ello la clave está en la acción planeada, pacífica, unitaria, masiva, comprometida, sostenida, disciplinada y, en una palabra, digna.

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