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Bolivia: ¿transición tutelada?

Foto: AP

Las transiciones tuteladas generan varias lecturas, por una parte,  se asume que el papel fundamental corresponde a las Fuerzas Armadas, que controlando el uso legítimo de la fuerza, juegan como el árbitro que debería garantizar la paz y la convivencia, siempre y cuando asuman, como lo establece el ordenamiento constitucional, un rol neutral. Otra lectura destaca los privilegios que logra la institución militar al tutelar el proceso de transición. 

En Bolivia estamos observando que el proceso de transición inicia formalmente cuando el Alto Mando Militar y, en particular el General Williams Kaliman, le sugirió al Presidente Evo Morales su renuncia. Las razones para que renunciara eran obvias y estaban presentes desde el momento que inscribió su candidatura, que violaba la constitución vigente y que rechazaba la voluntad popular expresada en el  referéndum consultivo que él mismo promovió en el año 2016. Naturalmente frente a tales hechos privó la autorización que emanó tanto del poder judicial, como del órgano electoral; ambas instituciones controladas por Evo Morales.

En reconocimiento a Evo se debe destacar que, dentro de su libreto autoritario, no avanzó en el deterioro de la institución militar; fraccionándola, reduciéndola, concentrándola en actividades mercantiles y corporativas o creando mecanismos paralelos para controlarlas; tratando con ello de evitar el fantasma de la salida militar. Siempre teniendo presente el adagio según el cual “los militares son leales, hasta el día que dejan de serlo”. Ahora bien, no es descartable que en el proceso boliviano algunos sectores de la fuerza militar aspiren mantener privilegios, pero en todo caso debemos resaltar que hasta el presente han evitado un conflicto fratricida. 

Es importante apreciar que, no obstante que Evo contaba, desde hace varios años, con un mecanismo de alta agresividad y violencia paramilitar, como son los “Ponchos Rojos”, que utilizó ampliamente para desestabilizar a los gobiernos de Gonzalo Sánchez de Losada y Carlos Mesa; y luego de su salida a México, han multiplicado  la violencia; empero, las Fuerzas Armadas lograron mantener su fortaleza institucional. 

En este contexto, al pretender forzar una cuarta e inconstitucional reelección, paralizando el proceso del conteo de los votos, cuando era evidente la segunda vuelta, hecho que se transforma en el punto de ebullición de la protesta social,  que generó las condiciones para una inminente conflagración civil, lo que condujo a la nueva postura de las fuerzas armadas, promoviendo la renuncia de Evo Morales.

En el proceso de transición boliviana destaca el papel que está jugando el Congreso, que con el apoyo de la comunidad internacional, en particular las Naciones Unidas y la Unión Europea y la sociedad civil boliviana, en particular la Iglesia católica; se ha concentrado en la construcción de la salida pacífica; y ha logrado aprobar por unanimidad la convocatoria, en un plazo prudencial, a unas nuevas elecciones, en las que no participará Evo Morales. 

El partido de Evo Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), con mayoría en el Congreso, pareciera estar entendiendo tanto que, en las actuales circunstancias no puede ejercer una posición hegemónica y de aplanadora, como lo venía haciendo en los últimos años, con prepotencia y un alto nivel de corrupción; como, la conveniencia de la vida en democracia. Si un proceso electoral es seguro y transparente, cualquier grupo político con respaldo popular, que se traduce en votos, puede llegar al gobierno; empero, también el voto castigo lo puede sacar del poder.

La ausencia de Evo ha facilitado el proceso de negociación, pero también conviene señalar que algunas voces importantes del partido han llamado al diálogo y a la paz, contribuyendo a que, la premonición de guerra que dejó Evo en su despedida, se desvanezca, para beneficio de todo el pueblo boliviano y del continente. 

Cuando la transición a la democracia en Bolivia parece inminente, ahora se presenta un gran desafío para la oposición democrática boliviana, que en algún sentido coincide con la venezolana al privilegiar las diferencias, frente a la unidad. Si la oposición boliviana participa dividida en el próximo proceso electoral, pudiera el MAS lograr de nuevo el poder. En estos momentos el MAS no tiene liderazgo, pero aún tiene pueblo cautivo y radical. 

Las divisiones en la oposición democrática producto, entre otros, de agendas personales, egos, radicalismos o intereses mercantiles son el camino para perpetuar el autoritarismo y destruir la esperanza democrática. Por otra parte, el nuevo gobierno boliviano enfrenta el reto de construir convivencia, tolerancia y paz social, en un país de una profunda heterogeneidad.

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