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El timing de Guaidó

Cortesía de: Telemundo 51

Andrés Cañizález | 01 de abril de 2020

@infocracia

Juan Guaidó, el joven presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, y quien sigue siendo reconocido como presidente interino del país por casi 60 naciones de Occidente, tiene en este momento al tiempo como su principal desafío.

Sigue siendo Guaidó una referencia de liderazgo en el país, y eso es indiscutible, pero al mismo tiempo la esperanza del cambio político en el corto plazo se ha desvanecido para muchos venezolanos.

No se trata de incredulidad. En verdad, es una dosis de realismo tras un 2019 en el cual no pocos creyeron que la transición democrática lucía a la vuelta de la esquina. Hoy, entretanto, no se ven señales de que esté cocinándose una transformación democrática, tal vez, y tampoco hay certeza de ello, un reacomodo entre quienes ejercen el poder.

Apelamos al anglicismo timing, muy usado en cuestiones políticas. No es exactamente sinónimo de tiempo, sino de la capacidad de usarlo. En política, se suele entender el timing de esta forma: medir los tiempos y los pasos necesarios para que un proyecto político se lleve a cabo.

El propio discurso de Guaidó, y de sus colaboradores cercanos terminó siendo un bumerang para el joven líder, en 2019. No hubo un manejo correcto del timing. Se delinearon estrategias, algunas de ellas traducidas en eslóganes, pero los pasos para alcanzarlas quedaron sólo en el trazado.

Los líderes, cuando son tales, no sólo puede ofertar aquello que el ciudadano quiere escuchar. En no pocas ocasiones se trata de dictar una línea de acción que incluso pueda ser rechazada por sectores de la sociedad, bien porque la contradigan en términos políticos-ideológicos o bien porque sencillamente no se entienda tal plan.

Hay quienes quieren ver divorciadas dos cosas que sucedieron en cuestión de horas, cuando en realidad están en bastante sintonía. Estados Unidos decidió ofrecer una recompensa de 15 millones de dólares por Nicolás Maduro, y sumas igualmente elevadas (en millones de dólares) por varios jerarcas del régimen chavista. A todos se les acusa de estar vinculados con el narcotráfico, como principal señalamiento.

Es la primera vez, al menos en el hemisferio occidental, que Washington le pone precio a la cabeza de un gobernante de un país. La lista de más buscados, con elevadas recompensas, ha funcionado para activar las delaciones y que éstas permitan dar con el paradero de enemigos de Estados Unidos.

En el caso de Maduro obviamente Washington sabe dónde está. Es público y notorio que Maduro está atrincherado en el Palacio de Miraflores. Entonces, esta decisión de Estados Unidos no busca dar con el paradero de Maduro sino que trata de incentivar la lucha interna, dentro del chavismo. No vendrán marines en una acción cinematográfica a llevarse a Maduro. No avanzará el gobierno de Donald Trump en esa dirección, no al menos hasta que la campaña electoral por la reelección entre en su momento crucial. Pero esa es harina de otro costal.

Acto seguido, tras el señalamiento del gobierno estadounidense contra Maduro y sus acólitos por narcotráficos y otra serie de delitos, Guaidó toma la iniciativa y juntando aquello, y la crisis del Coronavirus llama a conformar un gobierno de emergencia nacional “con todos los sectores” (incluso obviamente con chavistas) y del cual sólo “estarán exceptuados los acusados por narcotráfico”.

Trump ofrece una recompensa, Guaidó una vía política. En ambos casos se trata de incentivar las diferencias dentro del grupo en el poder para que haya un desplazamiento de la jerarquía actual.

En reciente conversación con el abogado Mariano de Alba éste me sugería la idea de que nos adentramos en el terreno de “escenarios volátiles”, ya que en verdad todo el relato político, sobre las eventuales salidas a la crisis venezolana, tendrá como correlato la crisis nacional y global del Coronavirus.

En Estados Unidos Trump apuesta a su relección pero se ha puesto en su camino un obstáculo inesperado: el impacto sanitario y económico del Coronavirus, y éste país podría ser el principal afectado global por la Pandemia.

Venezuela, entretanto, tiene a un Maduro que sigue en el poder, pero con una economía destrozada. La recesión mundial y la caída abrupta de los precios del petróleo, junto a las sanciones que Washington ha impuesto al crudo venezolano.

Por si fuese poco, se suman las restricciones sanitarias por el Coronavirus, y toda esta conjugación de factores colocan a la economía venezolana ante una paralización que podría ser total.

Guaidó y su timing, que no es otra cosa que el desafío (mayor, por cierto) de que sus estrategias no queden sólo en palabras. Está por verse.

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