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Civil y militar o cívico-militar

Foto cortesía de: La Crónica Jalisco

Luis Manuel Esculpi

Parlamentario, ex presidente de la Comisión Permanente de Defensa del Congreso de la República, analista político.

Para los interesados y estudiosos del tema de las relaciones civiles y militares, el nombre del politólogo norteamericano Samuel Huntington les resulta familiar por su extensa obra, parte de ella dedicada al estudio de las Fuerzas Armadas y su relación con la sociedad, igual  sucede al mencionar a José Antonio Olmeda y Margaret Daly Hayes, ambos expertos en el análisis del tema de seguridad y con reconocidos trabajos y compilaciones sobre estas relaciones en Iberoamérica.

Asimismo en la bibliografía sobre la materia destacan los académicos venezolanos Aníbal Romero, José Machillanda, Manuel Caballero, Miguel Manrique, Domingo Irwin, Luis Alberto Buttó, Hernán Castillo, Francine Jacome y José Alberto Olivar, entre otros.

Hemos escrito recientemente acerca de las modificacioneslegales para intentar cubrir con una fachada presuntamente jurídica, el predominio de la Fuerza Armada en la sociedad y su presencia determinante en la administración pública;, también hemos analizado la prédica de la denominada “unión cívico-militar” y toda la elaboración discursiva para justificarla.

Consideramos erróneo la concepción que pretende sustituir las relaciones civiles y militares por la unión cívico-militar, esto con el propósito de disimular la visión militarista que priva en el régimen.
En tal sentido coincidimos totalmente con varios de los autores mencionados, entre ellos: Olmeda, Irwin y Buttó cuando asumen la fórmula de relaciones civiles y militares, como la pertinente para definir esa compleja relación entre el estamento armado y la sociedad, tal como ha sido catalogada por los entendidos en la materia, desde inicios de la segunda mitad del siglo pasado.

La revista Tiempo y Espacio, del Instituto Pedagógico de Caracas, en el año 2017, como un homenaje póstumo al profesor Domingo Irwin, publicó  uno de sus últimos trabajos titulado “La Militaridad: Una Propuesta de Militarización para la Sociedad Venezolana”. En ese texto, en una de sus partes donde se refiere a la expresión cívico-militar, señala: “Es una generalización carente de sentido académico serio, el término en cuestión es una de las traducciones del inglés: «civil militar relations»”. Más adelante en la misma página (64) el profesor Irwin cita el libro de dos prestigiosos académicos; Rafael Bañon y José Antonio Olmeda: “La Institución militar en el Estado contemporáneo”, en el cual indica que el militar no es civil, pero es cívico por ser ciudadano. Luego añade: “claro está, es un ciudadano militar, no civil”.

En un libro del profesor Luis Alfredo Buttó, publicado por la Universidad Metropolitana y titulado: “Teoría y Praxis de las Relaciones Civiles y Militares” (2018) el autor recurre para su explicación al Diccionario de la Real Academia y señala: “Es muy claro cuando establece la acepción de la palabra civil: (…) «Dícese de la persona u organismo, etcétera, que no es militar o eclesiástico»”. Así continúa argumentando: “mientras lo cívico está presente tanto en lo civil como en lo militar, de acuerdo a la definición, estaría establecido que lo civil es una cosa y lo militar es otra”. Luego añade:.. “Si lo cívico no se diferencia, ni se opone, ni se desmarca de lo militar, mal pueden utilizarse de manera indistinta las expresiones cívico-militar y civiles y militares”.

Hay otro argumento definitorio: el personal militar está limitado para ejercer todos los derechos ciudadanos, por su propia condición de profesional de las armas, eso lo diferencia, natural y tajantemente, de los civiles.

Los regímenes autoritarios, para comunicar la idea de transformación, tienen por costumbre cambiar los nombres a lugares, monumentos y avenidas, además construyen un meta lenguaje, asignándole códigos propios para disimular o trasmitir sus verdaderos propósitos. Así se ha convertido la “unión cívico-militar” en una fórmula para incorporar a la milicia como un componente de la Fuerza Armada Nacional, justificar la primicia de lo militar y el concepto de guerra popular prolongada o guerra asimétrica para combatir al enemigo imperialista.

La visión moderna en los regímenes democráticos, define las relaciones civiles y militares, como un binomio donde el instrumento principal para la defensa de las naciones y de su integridad territorial está al servicio y bajo el control del poder civil. Cuando se define de otra manera a  relaciones, es precisamente para evadir el control democrático.

Así en paralelo, se ha inventado otro término inexistente en nuestro idioma: “La militaridad”. Con el sentido de diferenciarla del vocablo militarista, para con esa otra denominación adelantar la misma política que hoy por hoy es uno de los rasgos esenciales y característicos del régimen. Existen varios libros en los cuales se fundamenta bajo esa palabra los ejes centrales del “nuevo pensamiento militar”, en esos textos, se encuentran párrafos completos, donde se trasluce con toda claridad, la visión de la primacía del estamento armado.

Contraviniendo lo establecido en la Constitución, al igual que en las reformas legales, y en la conducción permanente se  proyecta a la Fuerza Armada Nacional al servicio principalmente de un modelo político.
Los contenidos doctrinarios sirven de insumo y son materia de estudio en los institutos educativos militares, varios de sus autores han participado en el diseño de los programas de formación. Además del empleo de imágenes y términos que van conformando una “ideología” que distorsiona el sentido profesional y el rol que la Carta Magna le asigna a la FAN, están redactados en un lenguaje ampuloso, con frases prefabricadas y palabras rebuscadas, a veces sin relación con el sentido de lo que se quiere trasmitir, pareciera más bien concebidas para impactar al lector e impresionar a los educandos.

En próximas oportunidades analizaremos, en líneas generales, el contenido de esos materiales a fin de sustentar indiscutiblemente las afirmaciones que ahora hacemos.

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