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¿Bomba de tiempo?

Foto: Reuters

Juan Manuel Trak

@juanchotrak

Es posible que no estemos poniendo suficiente atención a lo que ocurre en el entorno, o más bien en el interior del país. Las protestas siguen en aumento, y la posibilidad de morir de hambre es para muchos el peor de los escenarios. De allí que en diversos lugares de la república cientos de venezolanos se hayan lanzado a la calle a saquear negocios. La ausencia de una política pública orientada a atender y paliar las dificultades que ha supuesto el confinamiento deja a la sociedad en manos de la anarquía.

Como siempre, las primeras víctimas de estos tumultos son los comerciantes y empresarios que sobrevivían a pesar de todos los problemas que vive el país, por lo menos, desde  2013. Pero no es suficientemente malo que una poblada la tome contra los comerciantes, sino que el gobierno insista en echar leña (porque no hay gasolina) a la situación. Responsabilizar a los empresarios y comerciantes del desastre económico es un acto de cinismo solo comparable con la cantidad de dinero robado desde el inicio de la revolución. Quienes han apostado a quedarse en el país con un negocio propio, toreando las vicisitudes del peor gobierno de la historia venezolana, merecen un monumento a la perseverancia y el valor.

Es por ello que cada vez que un ciudadano acusa al sector económico o las sanciones de la calamidad que vive, es una victoria para el gobierno. Sí, es cierto que hay empresarios inescrupulosos, pero también hay políticos, abogados, policías, militares, etc., que aprovechan sus posiciones para beneficiarse. No obstante, la destrucción de la economía no se explica por los especuladores de turno –que son más bien una consecuencia–, sino por el conjunto de decisiones de política económica que toman los gobiernos.

Luego de 2006, cuando Chávez ganó la elección presidencial y tenía el control del 100% de la Asamblea Nacional, el modelo económico profundizó su carácter estatista y autoritario. Si había sido malo entre 1999 y 2006, luego de la reelección fue aun peor. Hoy Venezuela paga las consecuencias de la ambición de un grupo de personas cuya única misión en la vida fue llegar al poder y aferrarse al mismo, aunque eso significase destruir al país.

En estos momentos, la represión del gobierno impide que esa anarquía se politice, también los errores de la oposición contribuyen a la inercia que se ha vivido en los últimos años. Quien esté alegre por la situación y crea que la anarquía por sí misma es capaz de derrocar gobiernos, poco sabe del comportamiento de las masas. Sin conducción política, la protesta solo seguirá destruyendo a los pocos comerciantes y empresarios que sobreviven, y una vez se acabe lo saqueado no habrá comercio para comprar. Muchos dicen que el país es una bomba de tiempo, el problema de las bombas de tiempo es que no sabes cuándo y en las manos de quien es que va a estallar.   

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