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La memoria política como expiación

Eduardo Fernández / Foto extraída de: Noticias al Día ya la hora

Andrés Cañizález

@infocracia

En este tiempo de cuarentena, entre otras lecturas, pude leer dos libros de lo que genéricamente podemos llamar memoria política. Dos políticos veteranos de Venezuela no sólo cuentan aspectos de sus vidas personales, sino que también vuelven sobre su camino en la vida pública del país. Ambos, lamentablemente, están escritos en el tono de la expiación.

Y digo que es lamentable que dos figuras públicas, cada uno con más de tres décadas de vida política, teniendo responsabilidades en los dos partidos políticos que construyeron (y viciaron) el sistema democrático 1958-1998, opten por la salida fácil. Yo lo advertí y no me hicieron caso, parecen decir al unísono. No hay en ninguno de estos libros un atisbo de autocrítica por parte de sus respectivos protagonistas.

Se trata de “Permítanme contarles”, de Paulina Gamus, editado en 2018 por la editorial de Sergio Dahbar, y de “La traición de los mejores”, una larga entrevista de Manuel Felipe Sierra a Eduardo Fernández, también de 2018 y en este caso editado por el IFEDEC Centro de Políticas Públicas.

En primer lugar, conviene recordar que no hay una tradición en Venezuela de políticos reconstruyendo sus memorias para el público. Son excepciones los libros y más aún excepcionales las confesiones autocríticas de la clase política que estuvo en el poder, antes de la llegada de Hugo Chávez. Ya veremos si el chavismo tiene capacidad, en el futuro, de reconstruir las memorias de sus protagonistas.

En Estados Unidos o algunos países europeos, en tanto, los libros de memorias de políticos tienen un valor singular. No sólo porque terminan siendo fuente para historiadores y estudiosos, sino porque suele encontrarse el lector con alguna confesión inesperada o una autocrítica sincera al volver sobre lo que fue el ejercicio público de los protagonistas.

Paulina Gamus tuvo un papel público menos relevante que Eduardo Fernández, ya que éste llegó a dirigir a su partido, COPEI, y fue candidato presidencial. Gamus tuvo una larga trayectoria en el extinto Congreso Nacional, estuvo en los órganos principales de dirección de Acción Democrática (AD) y en posiciones gubernamentales de primera fila.

Ni Gamus ni Fernández fueron meros espectadores del proceso de destrucción del sistema democrático, fundado por la anuencia de tres figuras emblemáticas de nuestra vida civil: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba.

Sería oportuno discutir qué nivel de responsabilidad directa tuvieron ambos en la erosión democrática que antecedió al chavismo. Gamus siendo mujer, muchas veces en solitario, abriéndose paso a codazos en la machista dirección adeca; o Fernández, estando al frente del partido, pero en verdad preparándose para llegar a la jefatura de Estado que le fue esquiva.

Empero, fueron protagonistas de primera línea y con esa presencia en el establishment, aunque hayan rechazado lo que se decía o hacía, terminaron convalidando el desmontaje del sistema democrático, que le allanó la presidencia a una figura outsider como lo era Hugo Chávez.

Ambos libros, por otro lado, son bastante irregulares. El más interesante, el de Paulina Gamus, va decayendo en la medida en que avanza y ella apela a los artículos que ya había publicado previamente. De esa forma las últimas páginas terminan siendo una antología de lo que ya había dicho.

Es lamentable que se pierda el tono autobiográfico que caracteriza, para bien, la primera parte de “Permítanme contarles”. Esa parte final termina siendo una mecánica expiación de Gamus. Ante tal hecho de determinada fecha yo opiné esto.

La larga entrevista de Manuel Felipe Sierra a Eduardo Fernández tiene también un mayor interés, para el lector, en su primer tramo cuando el veterano político se pasea por sus primeros años de vida, sobre cómo se acerca a la política y cómo finalmente aquello pasa a ser su centro vital.

Luego, lamentablemente, el libro “La traición de los mejores” se centra en el discurso de Fernández en el Congreso Nacional el 5 de julio de 1987, y pasa a tener igualmente un tono de expiación. Yo lo advertí, yo lo advertí repite Fernández, para que no se le endilgue ninguna responsabilidad en lo que terminó siendo el paulatino desmontaje del sistema democrático.

En ambos casos, estos libros de memoria política, en realidad son unas páginas con las que sus protagonistas buscan la expiación.

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