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¿Volverá Venezuela a la Comunidad Andina de Naciones? (CAN)

Foto: Archivo

Eglé Iturbe de Blanco

Economista (UCV-1961), Magister en Planificación Industrial. Ex ministra de Hacienda y Ex directora principal de Petróleos de Venezuela (PDVSA)

@Egleidb


El día 9 de julio del presente año, con motivo de la reunión del Consejo Presidencial Andino, celebrada en Bogotá, Colombia, con la presencia en calidad de invitado especial del presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, éste expresó el interés de Venezuela de retornar a la Comunidad Andina de Naciones (CAN), y a tal efecto iniciar el proceso de incorporación progresiva   como miembro pleno. Ante esta declaratoria, que pareciera a mi juicio, algo inoportuna  o extemporánea dada la situación en la que se encuentra Venezuela, inmersa en una crisis integral en lo económico, político  y social y en plena pandemia del COVID-19, aumentando aceleradamente el número de contagios y fallecimientos  y en espera de un mayor crecimiento de los casos en los meses por venir, según los especialistas en la materia, a lo que se une la expectativa de un proceso de elecciones parlamentarias para el 6 de diciembre próximo. Nos parece oportuno recordar el comportamiento que el país ha tenido frente a la integración latinoamericana y qué podemos esperar de él en las actuales circunstancias.

Venezuela ha mantenido históricamente una actitud ambivalente frente al proceso de integración latinoamericano debido a la forma en que el desarrollo económico del país se ha venido dando desde mediados del siglo pasado. El petróleo ha signado el desarrollo económico y social generando una economía monoproductora, que abandonó por el petróleo sus principales fuentes de producción agrícola de exportación como el café y el cacao y cubriendo sus necesidades de importación de todo tipo de productos con las divisas provenientes del petróleo. Fue a partir de los años sesenta, con la llegada de la democracia, el inicio del proceso de sustitución de importaciones y el Primer Plan de Desarrollo de la Nación que se empezó a tomar conciencia de la necesidad de independizarse de las divisas petroleras, usándolas como palanca del desarrollo y no como única fuente de sostenimiento de las crecientes necesidades del país.

 El petróleo garantizó un tipo de cambio estable que por muchos años hizo muy difícil el desarrollo industrial y agrícola de Venezuela  dada la imposibilidad de competir con los productos importados, especialmente de los Estados Unidos de Norteamérica, los cuales estaban protegidos por un Tratado de Reciprocidad Comercial entre ambos países que favorecía la importación de un amplio listado de productos norteamericanos a cambio de no colocarle trabas a la entrada del petróleo venezolano y a su mercado. Cabe recordar que Venezuela era considerada hasta finales del siglo pasado un  abastecedor seguro y confiable. Este tratado fue denunciado por Venezuela a finales de los sesenta y se pudo, entonces, adelantar  un proceso de simplificación arancelaria eliminando los mecanismos para-arancelarios y permitiendo la adopción de un arancel compatible con las posibilidades de participar en el proceso de integración  que se  había iniciado en la región con la creación de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC y ahora ALADI) a la cual el país se adhirió con siete años de atraso después de largas negociaciones y cuando la misma había perdido parte de su dinamismo..

Los gobiernos democráticos de la década de los sesenta estuvieron muy conscientes de la necesidad de vincularse activamente a los procesos de integración y en contribuir a dinamizar el proceso iniciado en la ALALC.  En 1966, los presidentes de Colombia, Chile y Venezuela, demás de importantes representantes de los gobiernos de Ecuador y Perú,  se reunieron en Bogotá “con la finalidad de analizar los urgentes problemas que atañen los destinos de nuestros países y el porvenir América Latina[i] y propusieron un conjunto de medidas para promover la coordinación de las políticas de esos países dentro de la ALAC, que permitieran un desarrollo más armónico de los países de menor desarrollo (Ecuador y Bolivia) y de mercado insuficiente (Venezuela) y que además ese grupo de países pudieran darse entre sí concesiones que no fueran extensivas al resto de las naciones, así como celebrar acuerdos de complementación entre ellos, para ampliar sus mercados y  poder lograr un desarrollo económico más acelerado que les garantizase una mejor participación en la integración latinoamericana. Los acuerdos aquí logrados se empezaron a materializar de inmediato y dieron origen a la creación del GRUPO ANDINO (GRAN), mediante la firma en 1969 del Acuerdo de Cartagena.

Venezuela participó activamente, tanto en la reunión de Bogotá y su seguimiento, como en la redacción del Acuerdo de Cartagena, sin embargo, no se incorporó de inmediato al Grupo Andino debido, en cierta medida, a la preocupación de los empresarios en referencia al posible desmantelamiento de sus niveles de protección, dado el menor nivel de desarrollo industrial del país frente a Colombia y Chile y a la poca oferta exportadora venezolana para el momento. Venezuela negoció su ingreso durante un par de años incorporándose finalmente al acuerdo cuatro años después,  en 1973. Con posterioridad al ingreso de Venezuela se produjo el retiro de Chile en 1976 con la llegada del gobierno de Augusto Pinochet y la adopción de políticas económicas más liberales. Ambas situaciones, el ingreso tardío de Venezuela y el retiro de Chile, afectaron la dinámica del proceso de integración andino, debido a la amplitud de la concepción integral del mismo que consideraba no solo la integración comercial, mediante un programa de liberación intra-subregional, sino también un arancel externo común frente a terceros países y la armonización gradual de las políticas económicas y sociales.  Pero el GRAN no se conformó con estos mecanismos tradicionales, sino que inició en la década de los setenta la creación de una amplia base institucional que fortaleciera políticamente las democracias, promoviera activamente las conformación de instituciones que le dieran integralidad y apoyo político de los gobiernos, y participación plena y activa de los grupos empresariales y laborales, de los representantes de los  sectores de salud, de educación y turismo así como  los representantes de los parlamentos, los máximos tribunales de cada país y las herramientas financieras para apalancar los proyectos y armonizar las políticas financieras y monetarias, así como la coordinación progresiva de los planes de desarrollo. Se crearon así los Consejos Asesores de Empresarios y Trabajadores en apoyo a la Comisión del Acuerdo, el Parlamento Andino (1979); en el Tribunal Andino de Justicia (1979). Muy importante los convenios en el área de educación (Andrés Bello 1970), Salud (Hipólito Unanue 1971) y Trabajo (Simón Rodríguez 1973). En el área financiera ha sido pieza fundamental la Corporación Andina de Fomento, CAF, creada en 1968  y que hoy ha ampliado sus actividades a toda la región, denominándose CAF-Banco de Desarrollo Latinoamericano;  así como el Fondo Andino de Reservas (1976) para la protección de las reservas y la armonización de las políticas monetarias,  financieras y cambiarias.

Dos herramientas importantes fortalecieron el GRAN: a) el trato preferente a Bolivia y Ecuador como países de menor desarrollo relativo y b) los Acuerdos de Complementación Industrial,  que estaban destinados a impulsar  el desarrollo industrial de los países en forma conjunta aprovechando mercados, transferencias de tecnologías, recursos básicos de los países participantes como acero y petroquímica para lograr mercados externos con producciones competitivas.  Desafortunadamente los procedimientos acordados para estos Acuerdos fueron complicados y engorrosos y solo se pudo avanzar en tres de ellos: Petroquímica, Metalmecánico y Automotriz. Si se hubiese avanzado con este mecanismo la Subregión tendría otra cara industrial en los sectores mencionados. Los programas de desarrollo industrial nos dieron muchas enseñanzas sobre las posibilidades reales de la integración conjunta, en especial en materia de desarrollo tecnológico, racionalización de la industria existente en Colombia, Venezuela y Perú y la creación de una base productiva de ese sector en Ecuador y Bolivia. Desafortunadamente estos programas, como el del sector automotor no entró en vigencia y se desaprovecharon las oportunidades de tener vehículos subregionales con alto contenido regional que hubieran soportado una amplia gama de producción de partes y piezas de mayor tecnología que las que ya se elaboraban en los países del GRAN y de darle a Bolivia y Ecuador la oportunidad del desarrollo de una industria con mercados  garantizados para sus producciones y con adecuados convenios de cooperación tecnológica de las empresas trasnacionales participantes.

El inicio del presente siglo significó nuevos cambios sustantivos en los procesos de integración y sus resultados. De nuevo Venezuela después de haber sido factor altamente dinamizador del proceso decide retirarse del GRAN, ahora Comunidad Andina de Naciones (CAN), en el 2006, cuando  toman fuerza los primeros indicios de las políticas socialistas del gobierno de Hugo Chávez y su propuesta de Socialismo del Siglo XXI. Este cambio político en la  Constitución Nacional, aprobada en 1999, de pasar  de la “democracia representativa” a la llamada “democracia participativa”  se da también en Ecuador y Bolivia y el desarrollo de estos países pasa a apoyarse más que en las ventajas del proceso de integración, en la chequera petrolera y los abundantes recursos que Venezuela dispuso a mediados de la década pasada que se utilizaron en buena parte a promover el llamado  Socialismo del siglo XXI a otros países Argentina , Brasil y Nicaragua y al Caribe.

Dentro de esta estrategia, Hugo Chávez  Frías, bajo la orientación de Cuba, promueve la creación de nuevas organizaciones de integración con la finalidad de independizar a la región de la tutela norteamericana pretendiendo reorientar el proceso de integración hacia lo político de manos de los gobiernos y no hacia el desarrollo integral de los países. Promueve y se crean la Unión de Naciones del Sur UNASUR (2008); la Comunidad Económica de América Latina y el Caribe CELAC, (2010), el ALBA-TCP (2004) para estrechar los lazos con Cuba, y el Banco del Alba. Estas iniciativas se cubrieron con el manto del “bolivarianismo”, porque Chávez Frías asumió la responsabilidad, que según, él tenía de lograr la nueva independencia de América Latina y de Venezuela, tarea que a su juicio no había culminado el Libertador Simón Bolívar.

 El resultado de este enfoque ha sido el debilitamiento progresivo de los procesos de integración y su cada vez menor importancia en los distintos países, aunque América Latina y el Caribe tienen una tradicional vocación integracionista por sus tamaños, sus recursos y su necesidad de insertarse en la nueva dinámica mundial con nuevas herramientas. Han surgido también nuevos acercamientos hacia el pacífico y un activo comercio con países fuera del continente que están marcando la pauta del crecimiento económico mundial, casos de China e India y de la propia Comunidad Económica Europea, herida por el BREXIT.

La participación de Venezuela en el GRAN  permitió por otro lado el adoptar políticas internas que de otra manera hubieran sido difíciles de implantar, me refiero entre otras a la regulación de la inversión extranjera que en Venezuela no tenía limitaciones y se había creado una amplia comisión para redactar un Proyecto de Promoción de Inversiones Nacionales y Extranjeras para regular la inversión extranjera por esta vía que por esta vía  y asumir la adopción de la Decisión No. 24 del GRAN que resolvió ese problema sin mayores traumas.

En el caso de la industria automotriz, la medida permitió la racionalización de las marcas y modelos existentes en el mercado con casi 15 ensambladoras y estandarizar partes y piezas para favorecer la producción local y empezar a pensar en proyectos para piezas más complejas como los motores de algunos modelos de vehículos de pasajeros y transporte liviano; el acuerdo petroquímico estimuló los proyectos de El Tablazo en el Zulia para la fabricación de urea, amoníaco, fertilizantes nitrogenados y otros productos y la empresa Monómeros Colombo-Venezolano, que aún existe. El acuerdo metalmecánico favoreció la producción básica de aluminio y acero como materias primas para la fabricación de múltiples productos aguas abajo fabricados por la industria privada nacional. En el área agrícola los beneficios no fueron tan favorables porque Colombia y los otros países tenían un desarrollo más avanzado en el campo que el de Venezuela. En infraestructura y transporte también se pueden ver las mayores facilidades de comunicación terrestre y aérea que se desarrollaron. En la parte social, los convenios en educación, salud y trabajo dieron resultados limitados por los retrasos en los programas económicos, pero se puede evaluar hoy en día cómo el retiro de Venezuela de la CAN, a través de la tragedia que significa la diáspora de casi 4 millones de venezolanos que hubieran podido  seguir amparados por  el pasaporte andino y  la libre movilidad de las personas que se han ido hacia estos países vecinos y que hoy, están teniendo limitaciones en su acceso,  permanencia y tránsito , la homologación de algunas carreras profesionales y se ha vuelto a los nacionalismos limitativos del inicio de los procesos de integración.

Los cambios políticos, el debilitamiento democrático en algunos países de la región, la debilidad de la planificación y la falta de construcción de una visión de región que sustituya la suma de visones locales frenaron la dinámica del proceso y sus beneficios, facilitando la búsqueda de soluciones bilaterales o mirando hacia otras latitudes. No se logró construir una visión integracionista, ni incorporar en ella la visión del desarrollo como concepto integral, sino verla como un sector más, inclusive muchas veces no se incorporaron en las legislaciones nacionales decisiones tomadas en conjunto o se hizo con retardo. La participación empresarial y laboral fue muy importantes en la etapa de dinamización del proceso, se integraban las delegaciones  como asesoras y llamando la atención sobre las consecuencias de algunas decisiones.

El proceso de integración a pesar de los avatares políticos, económicos y sociales de los países aún subsiste, aunque pareciera que ha perdido fuerza en los últimos años y las propias instituciones andinas requirieron cambios importantes. La propia oficina técnica del Acuerdo se sometió a mediados de los 80 a un proceso de cambio en la forma de trabajar, pasando de una estructura vertical formal tradicional a una estructura por procesos y en consecuencia por proyectos, lo cual permitió dinamizar la actividad, pero no fue fácil, es difícil hacer cambiar las instituciones; y luego la Secretaría volvió a la forma de trabajo anterior. Hoy en día tiene una nueva organización.

 En base  a la experiencia recabada en los años que me tocó estar vinculada desde distintos ángulos y responsabilidades  al proceso de integración andino  y  trabajos posteriores en la Fundación Integración y Desarrollo FID me permiten hacer algunas reflexiones sobre los retos que debe enfrentar el reingreso de Venezuela a este mecanismo de  integración  para que retorne su papel protagónico en el desarrollo de la región, y por otra parte, dejar sobre la mesa la percepción de que este proceso no será ni rápido ni de logros positivos inmediato porque Venezuela se encuentra en una condiciones económicas, políticas y sociales que  requerirán  de un largo y dificultoso proceso. El país no estará en condiciones de otorgar concesiones de ningún tipo hasta tanto se supere la crisis y se reconstruya la estructura económica, se vuelva  a la democracia, se recuperen los niveles de producción interna, se mejores los salarios, el empleo y el ingreso per cápita y se reduzcan los elevados índices de pobreza. En esta etapa no serán los venezolanos quienes impulsen la dinámica de la CAN sino los que aspiren a ser apoyados por los demás países para la reconstrucción nacional.  No se puede olvidar tampoco que la diáspora de millones de venezolanos de todos los niveles sociales que han buscado apoyo en los países de la comunidad, en especial en Colombia, Perú y Ecuador,  así como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de  Colombia (FARC) que se han asentado en el territorio y la conversión de Venezuela en un Estado narco terrorista, dificultarán cualquier negociación.

En lo personal creo que el sitio natural de apoyo para la reconstrucción de Venezuela, en múltiples aspectos, puede ser la CAN, donde parte de sus miembros están en el Grupo de Lima  y pueden motorizar los apoyos de los países fuera de la región. Venezuela necesitará de una condición especial que deberá definirse antes de iniciar cualquier proceso de reingreso, Bolivia y Ecuador fueron los países de “menor desarrollo relativo” dentro del Acuerdo de Cartagena y ambos hoy en día superan las condiciones económicas de Venezuela.

“Cómo debería llamarse Venezuela entonces para aspirar un trato diferente?, recordarán ambos países el trato especial que les dio Venezuela en su oportunidad poniendo su mercado al servicio de los acuerdos de integración de ambos países y apoyándolos en negociaciones tecnológicas y de otra naturaleza. ¿Será posible un trato preferencial transitorio, asumirá Colombia un papel impulsor de esta iniciativa?¿No será conveniente más bien la realización de acuerdos bilaterales con varios países en materias específicas antes de iniciar una negociación comunitaria? Estas y muchas otras preguntas están en el tintero.

No hay que olvidar que la propia CAN está enfrentando grandes desafíos para su dinamización que deben enfrentarse como retos para el futuro, algunos de los cuales señalo a continuación:

  1. El proceso de integración en la Región  es un hecho político de países en democracia que requiere de la comprensión y apoyo de los gobernantes de los países involucrados al más alto nivel porque su impacto, afecta el desarrollo económico, la calidad de vida de los ciudadanos y las instituciones,
  2. Debe ser participativo porque hablamos de procesos democráticos donde las decisiones de inversión, producción, importación y exportación deben estar en manos privadas mayoritariamente, salvo las excepciones que cada país establezca. Debe incluir además la activa participación de las organizaciones de la sociedad civil en su conjunto porque los beneficios de la integración deben ser recibidos y percibidos por toda la población,
  3. Debe realizarse entre países con visión de largo plazo compartida en sus líneas generales, porque estos procesos son largos, van al fondo de los temas y requieren armonización de políticas y planes de desarrollo,
  4. A la vez tienen que ser procesos flexibles para que los países que se incorporen puedan manejar sus realidades nacionales con éxito y puedan incorporar los acuerdos y decisiones colectivas en sus estrategias de desarrollo. La integración es consustancial al desarrollo, no un compromiso sectorial más afecta toda la vida de los ciudadanos de los países participantes,
  5.  Es muy importante desarrollar un sentido de pertenecía regional que se construya alrededor de la educación, la cultura, el libre tránsito de personas, el respeto mutuo y las instituciones, entre otras acciones porque mientras las autoridades y los ciudadanos no se consideren parte de un proceso que les da identidad común es difícil lograr aceptar la soberanía delegada que exige el proceso en varias de sus manifestaciones,
  6. Es necesario mirar con lente de largo plazo hacia dónde va el mundo y cómo se pueden compatibilizar las variadas condiciones políticas, económicas y sociales  en las cuales se encuentra hoy día la región, y qué pasará al superar la pandemia actual , para incorporarla al ritmo del avance mundial más multipolar y alimentado por varias revoluciones tecnológicas que están cambiando  las formas de hacer las cosas y priorizando los sectores más importantes como la salud, la educación y la seguridad ciudadana y
  7. Por último, muy respetuosamente, quiero recomendar al presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado, Juan Guaidó, que proceda a la creación de un Grupo de Trabajo que establezca las condiciones y la estrategia, antes de iniciar el proceso de acercamiento progresivo a la Comunidad Andina. Sin duda la CAN es el área geográfica e histórica natural de Venezuela y en ella debe buscar apoyo para su reconstrucción.

[i] Declaración de Bogotá.  16 de agosto de 1966 firmada  por los presidentes de  Venezuela Raúl Leoni , de Chile Eduardo Frei, de Colombia Carlos Lleras restrepo,  y por Ecuador Galo Plaza y Fernando Schwalb, por Perú.

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