Carta del Director

Participación masiva y presencial: ¿Podrá lograrlo la consulta?

Extraída de: América Digital

Cuando faltan apenas 40 días para la elección parlamentaria del 6 de diciembre, la dirigencia opositora lucha contra reloj para que la consulta popular pueda conseguir una participación masiva, para lo cual resulta indispensable organizarse y comunicarse efectivamente con la gente.

Benigno Alarcón

Tanto para el gobierno como para la oposición, la abstención -tendencia difícil de revertir en el corto plazo- se ha convertido, aunque por razones distintas, en el principal obstáculo para conseguir un volumen de participación que le otorgue legitimidad a los procesos respectivos que han convocado: las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre y la consulta popular, que aún no tiene fecha definida.

La administración Maduro se ha esforzado en generar un clima de normalidad, anunciando el aplanamiento de la curva de contagio por coronavirus, una flexibilización mayor de las actividades de organismos públicos, del sector comercial y de los servicios, así como la proclamación del “inicio de la Navidad”.

La oposición, por su parte, continúa sus preparativos para realizar en breve una consulta ciudadana, que se ofrece como una manifestación de voluntad popular masiva, a través de la cual el país podrá expresar su apoyo al gobierno interino presidido por Guaidó y el desconocimiento de las elecciones parlamentarias, que tendrán lugar el próximo 6 de diciembre.

Sin embargo, si a los temas relacionados con la organización de la consulta, y sobre todo con sus aspectos políticos y comunicacionales, no se les da un giro de 180 grados en lo inmediato, las probabilidades de éxito son muy bajas.

Carrera contra reloj

El evento combinaría dos modalidades de participación: la presencial, con unos siete mil puntos dispuestos para que los ciudadanos manifiesten y hagan visible su participación, y la virtual, no como alternativa para quienes no pueden hacerlo de manera presencial, sino como mecanismo principal para la contabilización de votos y la recolección de datos de quienes, al participar, continúan apoyando a la oposición.

En este momento, lucen contra reloj los esfuerzos para finiquitar tanto los aspectos tecnológicos, que garantizarían la seguridad y transparencia de la jornada, así como otros arreglos cruciales de los que depende la viabilidad del evento y la credibilidad de sus resultados. Al evidente retraso en la definición de estos temas se suman como obstáculos los graves problemas de conectividad que padece el país, el rezago de la población venezolana en materia tecnológica y el control del gobierno sobre el funcionamiento de Internet.

Además de las incertidumbres técnicas sobre las garantías de verificación de los resultados, son muchas otras las inquietudes que se acumulan, mientras se acerca aceleradamente la fecha de los comicios convocados por el régimen. Cuando falta poco más de un mes para la celebración de las legislativas, la oposición aún no tiene fecha para la consulta y no ha iniciado la campaña para su promoción, lo que hace pensar que ya carece del tiempo necesario para culminar los preparativos y emprender una eficiente labor de difusión sobre la jornada y sus objetivos políticos.

Lo cierto es que el tiempo conspira hoy contra la factibilidad de una consulta que sea contundente, y por lo tanto, políticamente favorable. El retraso de la programación es evidente. No sólo hay problemas de orden técnico pendientes por resolver. También existe un retraso significativo en las tareas organizativas que las agrupaciones políticas deben atender, sin contar otras demoras que impactan el mercadeo comunicacional de la iniciativa. La indefinición sobre la fecha en que ocurrirá la jornada, y la falta de relatos y narrativas apropiadas para atraer el interés de los electores venezolanos, son problemas que amenazan esta propuesta, con la cual la oposición dice intentar darle contenido a la política de abstención promovida desde su seno.

El propósito real de la consulta

Es así como el mayor reto no está sólo en lo técnico, que no es poca cosa, sino principalmente en lo político. Está claro que la consulta es un medio y no un fin en sí misma, por lo que no debería agotarse en su propio ejercicio, como sucedió con la de julio de 2017, sino que del mandato popular deben derivarse consecuencias y acciones que debe emprender el liderazgo de oposición, aunque evidentemente la administración Maduro no los considerará vinculantes.

Nadie tiene claro, quizás porque aún no existe acuerdo sobre ello, cuál es el fin último de la consulta y las acciones y consecuencias que se originarían del mandato que se impone de su resultado. Considerando la actual falta de expectativas y el escepticismo de la gente, no puede esperarse que una mayoría de la población asuma la consulta con decisión y entusiasmo para ver qué pasará luego con ella.  Su participación comprometida, por el contrario, depende de las expectativas que la gente tenga sobre lo que pasará después. De una narrativa capaz de comunicar esto de manera adecuada y convincente, depende, en buena medida, el éxito de la convocatoria.

Organización y mensajes confusos

Cuando faltan apenas 40 días para las elecciones legislativas convocadas por Maduro, la oposición no ha hecho visible ningún esfuerzo para impulsar la participación de los ciudadanos en la consulta popular. La información sobre el tema es pobre y sólo proviene de declaraciones de figuras integrantes del comité organizador, algunas de las cuales resultan confusas e inapropiadas, porque tienden a generar expectativas falsas o poco creíbles acerca del propósito último de la convocatoria.

Destacan, por llamativas, las de la doctora Blanca Rosa Mármol de León, quien ha sostenido que la consulta constituye “la última oportunidad de la oposición”, un criterio que desvirtúa la esencia del proceso. El supuesto carácter vinculante que la exmagistrada le atribuye a la jornada también resulta sospechoso para el elector informado, en tanto que sugiere que la consulta podría estarse organizando para justificar una intervención extranjera, hecha sobre la base del resultado del evento.

Al mismo tiempo, algunas organizaciones reconocidas de la sociedad civil, habitualmente involucradas en las actividades de movilización de la oposición venezolana, se han abstenido de participar en la organización de la consulta. Ellas consideran que no están presentes las condiciones necesarias para llevar adelante la iniciativa. Sus voceros advierten que no sólo es escaso el tiempo para garantizar un evento de calidad; también se alega la desmotivación y falta de conexión del venezolano con el liderazgo y los asuntos políticos, factores que impactarán por igual, tanto a las parlamentarias del 6 de diciembre, como a la consulta ciudadana propuesta desde el polo opositor.

Es importante resaltar que el control y la responsabilidad de los partidos políticos en el proceso y resultado final de la consulta es materia ineludible, pero además un tema que, de no manejarse adecuadamente, bien sea porque al comité organizador no tiene  las competencias y recursos para hacer su trabajo, porque surgen desacuerdos entre los actores políticos y los miembros del comité organizador, o porque el resultado no es el esperado; puede convertirse en un boomerang y en materia prima para nuevos cuestionamientos, en los que el sector político puede terminar con la peor parte.

Lo cierto es que, tanto para avanzar como para abortar la consulta, la comunicación es un asunto esencial, por lo que debe buscarse el apoyo de expertos de primer nivel, más allá de los que están disponibles localmente, para superar lo que, desde hace mucho, ha sido una de las limitaciones más importantes de la oposición y del gobierno interino.

En paralelo, uno de los mayores obstáculos para la implementación de cualquier iniciativa hoy en día es el orgánico. La falta de estructuras organizativas o su debilidad afecta incluso la vida interna de los partidos, actualmente con dificultades para conectar con sus propias bases. Asimismo, es el caso del lado de las organizaciones de la sociedad civil, no menos desarticuladas y dispersas que las estructuras políticas.

El reto de la participación presencial

El tema del quórum, en definitiva, es crucial para el éxito de la consulta. En ese sentido, la participación virtual puede complementar, pero nunca sustituir, el componente presencial que es el que da legitimidad a eventos de esta naturaleza. Y por otra parte, el hecho de que las legislativas de Maduro puedan llegar a convocar a alrededor de seis millones de electores, si sólo participa un 30% de los electores inscritos, representa un evidente desafío para la oposición, que no puede cuestionar la legitimidad de la elección contrastándola con un resultado virtual, y por lo tanto invisible.

Los organizadores de la consulta estarían, por lo tanto, en la obligación de asegurar una participación presencial superior a la de la elección organizada por la autoridad electoral de Nicolás Maduro. Sólo de esta manera se reforzaría el impacto político de la iniciativa, pues si la participación virtual sobrepasara con creces la presencial, la credibilidad de la jornada se vería opacada, aunque hubieran participado en ella un número de ciudadanos superior al que participa en la elección del 6 de diciembre.

Es así como el resultado de la consulta condiciona, inevitablemente, la capacidad de movilización del liderazgo de oposición. En caso de lograrse su implementación oportuna y exitosa, la oposición contaría con una base de apoyo que, adecuadamente utilizada, podría servir para acometer, junto a las organizaciones de la sociedad civil, la labor de construcción, fortalecimiento y articulación de estructuras políticas y sociales que permitirían, posteriormente, motivar y movilizar a la población, siempre que se haga  bajo estrategias claramente definidas, planificadas y ejecutadas con el tiempo necesario para aumentar sus probabilidades de éxito.

La salida de Leopoldo López de Venezuela

Al momento de cerrar la redacción de este editorial se hace pública, en medio de versiones cruzadas, la noticia sobre la salida de Leopoldo López de Venezuela. Son muchas las preguntas que desde entonces han surgido en las redes y las de muchos periodistas amigos que me han llamado desde entonces para pedir mi opinión.

¿La salida de Leopoldo implica que él mismo no ve esperanza para el país? ¿Implica el abandono de la lucha política? ¿El liderazgo de Leopoldo correrá la misma suerte que el de otros tras su salida del país? ¿La salida de Leopoldo tuvo algo que ver con la salida del embajador de España y su reemplazo por un nuevo representante diplomático?

Aunque no tenemos respuesta a la mayoría de las preguntas que puedan plantearse, y siempre hemos preferido abstenernos cuando no conocemos los hechos, hay algunas verdades que vale la pena destacar.

Leopoldo López, como algunos otros líderes, está comprometido con la causa democrática venezolana. Esta lucha es parte de su ADN, su misión y su obsesión en la vida, por lo tanto creo imposible que su salida se traduzca en el abandono de esa causa, sin la cual toda su vida y sus sacrificios dejan de tener sentido.

El confinamiento de Leopoldo López estando físicamente en Venezuela, bien sea en una prisión, bajo arresto domiciliario o como huésped de una embajada, implicaba limitaciones a su capacidad de actuación y comunicación, que nada aportan a la causa democrática.

Hace algún tiempo atrás, cuando se asomó la posibilidad de un salvoconducto para su salida del país, fui de la opinión de que Leopoldo López debía considerar esa opción, no solo para reunirse nuevamente con su esposa, sus hijos, sus hermanas, y sus padres que lo necesitan, y él a ellos, sino por hacer justicia a los sacrificios de buena parte de su juventud y volver a tener una vida normal, lo que además le permitiría, en lo político, ganar una perspectiva nueva y fresca que el confinamiento suele siempre hacer imposible.

El destierro implicará siempre dificultades innegables al ejercicio del liderazgo, pero nunca en el pasado ha implicado su anulación como lo demuestran muchos casos en nuestra propia historia y la de otros. El liderazgo de Leopoldo López dependerá, en consecuencia, de lo que sea capaz de hacer desde su libertad por la causa de su patria.

Por ahora, nos sumamos a quienes celebran que Leopoldo esté libre y junto a sus seres queridos, mientras seguimos protestando para que todos los que aún siguen prisioneros sean liberados plenamente y puedan recuperar algo de la vida que nunca debieron haber perdido, por el miedo que el régimen muestra cada día hacia los hombres y mujeres que no están dispuestos a acallar sus conciencias por miedo.

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