Opinión y análisis

Joe Biden: expectativas y retos (I)

President Joe Biden delivers remarks on the economy in the State Dining Room of the White House, Friday, Jan. 22, 2021, in Washington. (AP Photo/Evan Vucci)

Félix Arellano

Luego de un largo y complejo proceso de cuestionamiento e intentos de  impugnaciones, sin contar con las pruebas, como un mero ejercicio de abuso del poder por parte del presidente Donald Trump, que incluyó la bochornosa irrupción de grupos de fanáticos al Capitolio,  finalmente Joe Biden ha logrado juramentarse como el 46 Presidente de los Estados Unidos, y las expectativas de cambio que está generado, los retos y los obstáculos, tanto a nivel nacional como internacional, son enormes.

Vamos a reflexionar en una serie sobre algunos de los aspectos más relevantes de la nueva administración en los Estados Unidos, la complejidad del contexto, las expectativas de cambio, los retos y obstáculos; con particular atención en los temas de la agenda internacional y el caso venezolano.

Es importante resaltar que esta elección ha representado una prueba de fuego, que la institucionalidad democrática de los Estados Unidos ha logrado enfrentar y superar. La Corte Suprema de Justicia ilustra el mejor ejemplo y, en particular, los nuevos magistrados promovidos por Donald Trump, que han dado una lección de institucionalidad al país y al mundo, han decidido en justo derecho y no se han prestado a la farsa.

A última hora también han actuado institucionalmente, tanto el vicepresidente Mike Pence, quien se mantuvo fiel al Presidente durante todo el periodo, pero tampoco se prestó a la destrucción de la institucionalidad democrática, y las autoridades del partido republicano, que si bien resultaron demasiado complacientes frente a las arbitrariedades del Presidente durante los cuatro  años de gestión, a última hora han reaccionado y reconocido la derrota, en particular Mitch McConell, líder del partido en el Senado, cuya intervención, previo al bochornoso ataque al Congreso, ha sido una pieza  impecable e histórica.

Recuperar la convivencia nacional e internacional, se presenta como uno de los grandes desafíos para el presidente Joe Biden; frente a ello, su amplia experiencia en la política y en los asuntos internacionales, evidencian una potencial garantía para el trabajo que se avecina.

Su discurso en el acto de juramentación resumió cabalmente la gravedad de la situación y la voluntad para enfrentarla. Sobre el discurso bien podríamos afirmar que representa una pieza de humanismo y ética, necesaria en los tiempos sombríos que estamos viviendo. Una radiografía de la crisis que enfrenta su país, pero también el mundo; y una estimulante propuesta para la paz, el diálogo, la convivencia, la tolerancia, la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Desde la perspectiva académica, se podría interpretar como una actualización de la visión wilsoniana en la política exterior, aquella fundamentada en los catorce puntos para la paz, propuestos por el presidente Woodrow Wilson en 1918. Para los críticos, muchos de ellos radicalizados, un decálogo de buenas intenciones y fantasía, pues consideran que el mundo se enfrenta con una permanente lucha por el poder y competencia despiadada.

El Presidente electo ha resumido, en apenas veinte minutos,  la gravedad de los desafíos que le esperan, entre otros, la pandemia del covid-19, que se complica con las nuevas mutaciones del virus y el errático manejo de la administración anterior; el discurso de violencia y exclusión promovido durante cuatro años, que ha exacerbado el racismo, la xenofobia y la exclusión; los problemas estructurales de la economía, que no se resuelven prometiendo devolver el pasado, ni construyendo muros o aplicando sanciones a los socios que, por elemental reciprocidad, se revierten agravando la situación.

Es necesario destacar que ante las complejidades y penurias que está enfrentando la humanidad, resulta esperanzador y reconfortante que el Presidente de la primera potencia militar del planeta, resalte insistentemente la necesidad de la unión en su país, también se necesita, en particular, incorpore en su discurso de inauguración la propuesta de la sanación de las heridas. Estados Unidos está herido, polarizado, pero el mundo también.

Muy poco ha profundizado el presidente Biden sobre los aspectos internacionales en su discurso inaugural, pero al resaltar que su país debe ser de nuevo “el faro del mundo”, ha generado la esperanza que se retomará la defensa de los valores fundamentales del orden internacional liberal, que su país ha promovido, y que lamentablemente fue menospreciado en los últimos cuatro años. La democracia, la libertad y los derechos humanos requieren de un apoyo activo del gobierno de los Estados Unidos.

Ahora bien, la agenda internacional también resulta crucial, más aún si consideramos el papel fundamental que ha jugado el gobierno de los Estados Unidos en la conformación del orden liberal basado en principios y reglas. Es cierto que la dinámica global exige de una profunda revisión, pero el aislamiento no resuelve nada y crea nuevos problemas.

El país que ha promovido la globalización, con grandes transformaciones tecnológicas, muchas de ellas producto de la capacidad creativa e innovadora de sus centros de investigación, como el Silicon Valley, no puede desconectarse del mundo. Lo que se requiere en estos momentos es orientar parte de la capacidad creativa a la búsqueda de fórmulas que permitan mantener la dinámica del crecimiento global y generar mecanismos de inserción y apoyo para los más vulnerables a nivel nacional e internacional.

En el plano internacional son muchas las expectativas que está generando el cambio de gobierno, particularmente para los socios tradicionales y las democracias del mundo que, en gran medida, fueron menospreciadas en estos cuatro años. La agenda es compleja, pero las señales de un mayor espacio para el diálogo, la negociación y la cooperación, generan confianza para avanzar frente a los grandes desafíos. Resulta fundamental promover el diálogo y una amplia agenda de trabajo en nuestro hemisferio y en el marco transatlántico.

Los críticos deben destacar que la gravedad de los problemas requiere mano dura y no buenas intenciones. Es evidente que la disciplina y las sanciones pueden ser necesarias; empero, aplicadas de forma unilateral y por largo tiempo, pueden resultar poco efectivas. En efecto, podemos apreciar que la estrategia de máxima presión, aplicada en varios casos en estos cuatro años por el gobierno de los Estados Unidos, no ha resultado tan efectiva; por el contrario, todo pareciera indicar que los gobiernos autoritarios que han sido objeto de sanciones se han consolidado, encontrando aliados estratégicos y formas de evadir las sanciones.

Las órdenes ejecutivas aprobadas en el primer día de gobierno por el presidente Biden, varias de ellas relativas a temas internacionales, representan una señal positiva en la reconstrucción de la confianza, tal es el caso de la  reincorporación al Acuerdo de París sobre el cambio climático, y a la Organización Mundial de la Salud (OMS); la propuesta para retomar el tratado de no proliferación nuclear con Rusia. Por otra parte, el rencuentro con la comunidad latinoamericana, muy presente en el acto de juramentación, y con la Unión Europea para la reconstrucción de un diálogo transatlántico. 

Ahora bien, no podemos desconocer que la persuasión tiene sus limitaciones y los gobiernos autoritarios aprovechan la oportunidad para consolidarse; todo indica que se requiere de fórmulas creativas, innovadoras y mucha coordinación  con los gobiernos democráticos del mundo para enfrentar en conjunto el incremento de las tendencias autoritarias.

Es necesario revisar y fortalecer el multilateralismo y eso no se logra retirándose de las instituciones, al reincorporarse en la OMS o retomar el apoyo a la Organización Mundial del Comercio (OMC), se debería trabajar para promover reformas que permitan una mayor eficiencia y dinamismo del sistema multilateral. Estamos conscientes que es una tarea de largo aliento, que requiere de estrategias de acción en coordinación con los gobiernos democráticos.

El reto que representa para la nueva administración el incremento del autoritarismo particularmente en nuestra región y los casos desafiantes de China, Rusia, Irán, Corea del Norte y Cuba, que exige de estrategias concertadas con los gobiernos democráticos, particularmente en el diálogo traslaticio, para hacer más efectiva la presión y encaminar las negociaciones a resultados concretos, lo abordamos con mayor detalle en la segunda parte.

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