Opinión y análisis

¿Estábamos al borde del barranco y la pandemia nos terminó de empujar?

Extraído de: Última Hora

Tulio Ramírez

Indudablemente que los indicadores en materia de inflación, salud, sueldos y salarios, productividad, desempleo, pobreza, educación, servicios, combustible y otros tantos, ya venían en caída libre mucho antes de la pandemia. Venezuela desde 2018 ya se mostraba como el país con mayor índice de inflación en América Latina y entre los tres primeros países en el mundo.

Ya para 2017 el salario mínimo venezolano había dejado atrás a los pagados por Cuba y Haití. Para el 2018 los venezolanos recibían apenas 15,96 dólares al mes por concepto de salario mínimo, ya era el más bajo de la región, retrotrayendo las condiciones de vida de los venezolanos a las condiciones precarias y de pobreza extrema de la Venezuela rural de la época de la Guerra Federal. La encuesta ENCOVI realizada en 2019 ya revelaba niveles de pobreza que rondaban el 83% de la población.

El Producto Interno Bruto ha venido en caída libre desde 2016. La desaceleración de la economía representaba en ese año un 44,3% menos que el PIB de 2013. Según cifras del Banco Central de Venezuela para 2018 la economía venezolana se había contraído en un 15%, por quinto año consecutivo. 

Las tasas de inflación venían creciendo como un tsunami desde 2017. Tal incremento era mayor al 50% mensual, cerrando cada final de año con un porcentaje mayor al 160%. Esa enorme ola inflacionaria convirtió a Venezuela en uno de los 3 países con mayores índices a nivel mundial. Esto, unido al deterioro rápido del salario se convirtió en coctel explosivo para los niveles de vida de los venezolanos.

En cuanto a la tasas de desempleo el Banco Mundial señala que el gobierno para 2015 declaró que la desocupación se encontraba en un 14,02%, el cierre de empresas y la baja productividad por la contracción de la demanda la aumentó para 2018 en 33,3%. Es de hacer notar que estas cifras no incluyen el subempleo o los trabajadores temporales e informales quienes para las estadísticas gubernamentales se encuentran en condición de empleados.

En cuanto a los servicios públicos, ya desde el año 2017 comenzaba a escasear el agua, los apagones se hicieron moneda corriente y el servicio de comunicaciones telefónicas comenzó a hacer aguas. Es de destacar que para marzo de 2019 Venezuela vivió el apagón más largo de su historia. Fueron entre 5 y 7 días continuos, dependiendo de las regiones. La falta de mantenimiento e inversión en nuevas tecnologías hicieron que las fallas en las hidroeléctricas no se hicieran esperar.

En materia de salud no fue diferente. Desde el año 2017 se comenzaba a comentar sobre la crisis del sistema de salud. Los hospitales públicos ya mostraban una preocupante carencia de insumos y los módulos de Barrio Adentro no prestaban el servicio que suponía debían prestar como centros de atención primaria. Se mantenían cerrados la mayor parte del tiempo.

El deterioro de la educación ya se avisaba desde mediados de la segunda década del año 2000. Después de una explosión matricular en todos los niveles educativos a partir de 2003 con las misiones educativas y el anuncio de una supuesta victoria temprana en materia de alfabetización de adultos, se verifica que, desde el año 2007, ha descendido de manera considerable la matrícula escolar. El descenso más grave fue en los grados iniciales donde, según las cifras que aporta la Memoria Educativa de Venezuela, para 2018 se mantuvo un promedio de 3 millones de estudiantes fuera de las aulas.

Quizás la expresión que titula este artículo no sea la más adecuada. En realidad no estábamos al borde del barranco porque hacía rato había comenzado el descenso por la pendiente de la pobreza y el deterioro de las condiciones de vida de los venezolanos. Lo que hizo la pandemia fue darle más velocidad a la caída. Veamos.

Para diciembre de 2020 el salario mínimo descendió a 0,80 dólares, convirtiéndose en el más bajo de la región. La tasa de desocupación según el FMI se colocó en 53% y la economía se contrajo en 23,9% con un aumento importante del déficit fiscal. Por su parte, la ONU presume que la economía venezolana seguirá contrayéndose en 2021 aunque no en dos dígitos, anuncia que será alrededor de un 7%, aunque con niveles de inflación que se mantendrán en cuatro dígitos. Lo importante es que no se vislumbra recuperación en lo inmediato.

Los servicios públicos prácticamente colapsaron desde la pandemia, ya no solo es servicio eléctrico es inestable, ahora se suma la escasez de gasolina y gas por el deterioro acelerado de la industria petrolera. El servicio de salud pública se encuentra en terapia intensiva y la medicina privada es impagable para el 90% de los venezolanos. El número de contagiados por COVID 19 dejó al desnudo la precariedad de nuestras instalaciones sanitarias.

En materia educativa, aumentó el abandono estudiantil. La matrícula en 2020 se redujo un 36% con respecto a la de 2006. El cambio a la educación Online trajo consigo una disminución de aproximadamente 4.967.660 estudiantes en todos los niveles educativos, según cifras aportadas por el Boletín Anual de Memoria Educativa Venezolana editado en enero de 2021. Esto, sin mencionar que la brecha entre los que tienen acceso a la tecnología y a la conectividad y los que no la tienen, ha ensanchado de manera considerable la ya existente. Otro tanto tiene que ver con la calidad educativa, asunto pendiente de evaluar cuando termine la pandemia.

Definitivamente la pandemia no ocasionó las calamidades de los venezolanos, las agudizó.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s