Opinión y análisis

Juventudes y Democracia

EFE/Elvis González

Danny Toro

A diferencias de las democracias, los regímenes autoritarios presentan mayores dificultades para poder dar respuestas a los diversos problemas sociales y económicos que enfrentan y también, como apuntaría Juan Linz, viven recurrentemente crisis de legitimidad que les plantean desafíos, en algunos casos sumamente difíciles. Esto no quiere decir, ni mucho menos, que esos problemas no los enfrenten las democracias, pues muchas los han hecho y no todas han salido victoriosas (la democracia representativa venezolana es un buen ejemplo de esto), solo que la democracia moderna ofrece mas válvulas de escapes a los problemas sociales, en tanto se vincula la representación en el Estado y la realidad de la población. Teóricamente, los regímenes democráticos establecen mecanismos para poder asimilar mejor los cambios de generaciones y los nuevos tiempos. Porque no siempre se han hecho ni se hacen las cosas iguales y lo que determina el éxito de un sistema político, es justamente su capacidad de amoldarse y responder a los cambios que son inevitables.

Y justamente en este terreno, de los cambios sociales, es que entran en juego las juventudes y su participación política. Parece haber una creencia establecida en los jóvenes líderes venezolanos, que la juventud busca inexorablemente la democracia y la libertad, que ese ha sido su papel teológicamente establecido utilizando como referente indiscutible a la generación del 28. No hay movimiento estudiantil en el país que no haya hecho una actividad donde emanen reflexiones sobre el carnaval de 1928, junto a Rómulo Betancourt y compañía. Eso es  poderoso en la medida que genera un hilo histórico y una identidad común, pero también nos mueve en la peligrosa tendencia de la predicción histórica y con ella, sus notables consecuencias. No se pretenden renegar aquí, en absoluto,  los inmensos logros de la democracia venezolana y el increíble papel de líderes como Rómulo Betancourt, (para mí, sin duda, uno de los grandes estadistas de la historia venezolana) sino ver las cosas en perspectiva.

Hay una vinculación entre los nuevos cambios sociales y las juventudes. Usualmente han sido los jóvenes quienes han tenido menos ataduras morales, han sido más laicos y se inclinan a lo diferente, a lo nuevo. El cúmulo de movimientos sociales durante todo el siglo XX es una muestra palpable de eso. El cambio generacional ha ido de la mano también de mayor aceptación a esos cambios y mayores ganas de permitirlos. Que se hayan promovido y reconocido derechos para las mujeres, para la población LGBTI y los afrodescendientes, es una muestra ello. También los cambios políticos. La generación franquista que permitió la apertura democrática, estaba integrada, en buena medida, por los jóvenes – para quienes la guerra civil era algo ya lejana-. Las expresiones artísticas occidentales que llegaron a Alemania Oriental venían de la mano de los jóvenes también, al igual que los avances en gobernabilidad y las relaciones directas con las tecnologías y redes sociales.

Pero todo esto hay que verlo con cuidado. He utilizado aquí el término de juventudes porque parto del hecho de la diversidad de los jóvenes, quienes son mucho más dinámicos que el  homogéneo término de juventud.  En la juventud encontramos de todo, entre los jóvenes sudafricanos del Congreso Nacional que asumieron dejar de lado el camino de las armas, hasta las juventudes de la Gestapo y la SS. Entre el movimiento Hippie de los 50s y 60s en Estados Unidos como los genuinos demócratas venezolanos de los 30s. En los jóvenes como en la sociedad,  hay de todo.

Así como la juventud venezolana promovió el debate político y la democracia en los años 30s, 40s, y 50s, también fue partícipe del fenómeno de la antipolítica de la década de los 80s y 90s, que sepultó a la democracia representativa y en el cual se afianzó Hugo Chávez. El abandono de los espacios de discusión pública, el nublado entendimiento de las conquistas sociales y políticas,  así como las salidas fáciles acompañaron a jóvenes en estos complejos años. Ilustrativo es al respecto el discurso de Rafael Caldera en la UCV, en marzo de 1992, apenas un mes después del intento de golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez y que se puede ver en Youtube.

Puede por lo tanto que estas líneas vayan en contracorriente a la idealización de las juventudes y la dura lucha que estamos dando en Venezuela por restablecer la democracia, pero mientras entendamos realmente el papel que podemos jugar en estos tiempos, mejor será nuestra contribución a la construcción democrática. A veces no sabemos el rol que cumplimos en momentos tan difíciles y podemos promover circunstancias que no nos gustarían a ninguno.  Las juventudes son un actor importante en procesos democratizadores, pero un actor más, que debe trabajar conjuntamente con otros actores de la sociedad, emprender negociaciones, estrategias y acciones realistas, y entender su propia diversidad.

Cada vez son más los grupos de dirigentes estudiantiles que defienden la dictadura perejimenista de los años 50s y también son muchos que piensan que debemos ir  hacia un régimen igualmente cerrado, pero con otra orientación ideológica, en esa pseudoclasificación entre dictaduras buenas y malas. La labor comienza entonces por ganar el debate de las ideas con ideas democráticas y que planteen camino para un desarrollo nacional. Y este último punto no es menor, la narrativa democrática contribuye más a procesos democratizadores que el mero hecho de ser jóvenes y traer ideas nuevas. Es necesario ahora pensar no solo en medios y estrategias para desplazar al autoritarismo del poder, sino cómo construiremos, llegado el momento, una genuina democracia. Esa narrativa hay que configurarla hoy y sumar a todas las voluntades democráticas del país y ganarle,  por medio del debate, a esas ideas que no le hacen bien a nuestras luchas actuales y a nuestros sueños futuros. Los jóvenes pueden ahora dinamizar la lucha actual y plantear  retos al autoritarismo gobernante, construir ideas poderosas que sirvan de base a nuestra democracia futura, pero sin predisposición histórica ni altares políticos;  en esta lucha por la democracia venezolana todos las voces cuentas, todos los esfuerzos importan y lo que nos debe unir es precisamente el espíritu democrático.

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