Opinión y análisis

Sin vacunas no habrá recuperación

Rendering 3d vaccine medicine bottle flu vaccine anti-vaccination and covid-19 – Tomada de El Global

Leonardo Vera

Venezuela está entre los países del continente que menos gente ha vacunado contra el covid-19. Con sólo unas 300.000 dosis aplicadas, estamos por debajo de países con poblaciones sustantivamente menores como Panamá, Bolivia, El Salvador y Ecuador. A esta fecha, el país no conoce un plan de vacunación y el único anunciado por el gremio empresarial, luego de haber sido fustigado por unas autoridades gubernamentales que muy poco saben de salud, parece haber sido abortado.

A decir verdad, el gobierno de Maduro ha sido particularmente errático en la forma como ha abordado el tema de las vacunas y el proceso de vacunación. Los anuncios hechos por Maduro en diciembre del pasado año, asegurando la recepción de 10 millones de dosis de la vacuna rusa Sputnik V hacia el primer trimestre de este año, no se materializaron. Solo han llegado al país 350 mil dosis de la vacuna rusa (en cuatro envíos), y otras 500 mil dosis de la vacuna china Sinopharm, que se han administrado discrecionalmente, pero sin que se haya hecho público un plan de vacunación oficial.

Por otro lado, las vacunas que llegarían a Venezuela de AstraZeneca (un paquete de entre 1,4 y 2,4 millones de dosis), gestionadas a través de la mesa técnica ante el sistema COVAX y donde participa la Organización Mundial de la Salud, fueron rechazadas por Maduro y más tarde por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien confirmó, en una rueda de prensa, que no permitirán la circulación de esa vacuna, “en razón de las complicaciones que se han presentado a los vacunados”.

Desde la Organización Panamericana de la Salud, un señor llamado Ciro Ugarte, director de Emergencias en Salud, quien parece fungir como agente de cobranzas, y poseer una llave mágica, nos recuerda cada cierto tiempo que dinero no han recibido por las vacunas. Pero hace unos días anunció que había recibido el primer pago de Venezuela para acceder a las vacunas del mecanismo COVAX y que el segundo se encuentra “en proceso”. En perspectiva eso facilitaría el acceso de la vacuna a 5,7 millones de personas en Venezuela, lo que comprende sólo el 20% de la población del país y no se sabe para cuando.

En definitiva, Venezuela no está recibiendo ningún lote significativo de vacunas y tampoco tiene un plan nacional de vacunación y esta situación constituye un gravísimo aspecto de salud pública que además complica cualquier escenario de recuperación de la economía.

Comenzado el segundo trimestre del año, Venezuela se adentra al peor momento de la pandemia con un número oficial de nuevos casos registrados diarios que oscilan entre 900 y 1.500, pero con un subregistro que es estimado por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME) de la Universidad de Washington, en cerca de una quinta parte del total de nuevos casos diarios. Esto quiere decir que cuando alguna autoridad oficial anuncia que se han registrado 1.000 nuevos casos diarios, lo más probable es que hayan sido 5.000 en realidad. Ante la precaria infraestructura del sector salud, el gobierno de Maduro ha terminado apelando a un endurecimiento del confinamiento, como mecanismo preventivo.

En un país con un altísimo grado de informalidad, como es hoy Venezuela, solo un porcentaje relativamente bajo de la población puede seguir trabajando y recibiendo ingresos desde del hogar. Esto limita seriamente el alcance de las políticas de encierro (lockdowns) como fórmula para quebrar los contagios. A esto se añade los escasísimos mecanismos de apoyo fiscal, que se limitan a ciertas bonificaciones de frecuencia quincenal, que no son universales, y cuyo monto oscila entre 3 y 4 US$, sin que alienten a buena parte de la población trabajadora a quedarse en casa.

Unos pocos estudios que han aparecido para determinar el impacto de los encierros sobre la actividad económica, apuntan a que los efectos son menores en países en desarrollo con amplia informalidad en el empleo. Sin embargo, los efectos existen y un estudio de Alon, Kim, Lakatos y Van Vuren (2020), precisa que por cada 12 semanas de encierro al año, el PIB se ve afectado en 2,9 puntos porcentuales en países en desarrollo. Sin trasladar linealmente esta norma estadística a una economía como la venezolana, lo que sí parece evidente es que mientras más tarde en implementarse el proceso de inmunización, la política de encierro seguirá presente y la economía sentirá los daños.

Vale aquí recordar que las perspectivas de recuperación de la economía venezolana hacia el primer trimestre del año, aunque aún en rangos leves, no eran del todo descabelladas. El año 2021 se perfilaba como un año complejo, pero con mejores ingresos petroleros (50% de incremento a razón de mejores precios y una producción promedio de 550 mil barriles/día) y en un contexto donde la dolarización de los salarios y una consecuente mejora sustantiva del poder de la población,  parecían avizorar cierto empuje en la demanda interna.

Pero este errático manejo de la pandemia y, en particular, esa destructiva propensión del chavismo de politizar todo asunto de interés público, nos ha dejado sin un plan acabado, transparente y bien comunicado de inmunización, y esto, sin la menor duda, está cambiando cualquier perspectiva de crecimiento de la economía venezolana. Venezuela muy probablemente no estará vacunando masivamente sino para final de año y cualquier perspectiva de recuperación económica en ese contexto, se va desdibujando.

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