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Un nuevo diálogo político y los retos de la oposición

Tomada de El Montonero

Héctor Antolínez

Para este año y como fase previa de lo que serán las elecciones del 21 de noviembre, una nueva negociación ha sido propuesta por los principales actores políticos del país. Sin embargo, para la oposición se trata de una situación menos que ideal y que no se puede comparar con procesos anteriores

La historia reciente de la política venezolana está marcada por una serie de intentos de diálogo entre el chavismo y la oposición que no han generado verdaderos frutos y no han hecho mucho para aliviar la crisis política venezolana. En la actualidad, cuando el país experimenta una debacle económica sin precedentes, son varios los voceros que han asomado la posibilidad de reintentar este proceso para tratar de encontrar una salida a la situación actual de Venezuela.

Desde las conversaciones en abril de 2014 en Miraflores, pasando por el diálogo en 2016, República Dominicana en 2017 y Barbados en 2019, los encuentros entre la oposición y gobierno de Nicolás Maduro han fallado en lograr objetivos puntuales que permitan liberar la presión de una crisis que se ha extendido por tanto tiempo que parece ser permanente.

Sumando el panorama económico y social, el colapso de los servicios públicos y el efecto de la pandemia de covid-19 en Venezuela, hoy en día todo parece indicar que el nuevo diálogo que se propone desde el chavismo, que inclusive ya puso una serie de condiciones sobre la mesa, nace más de una necesidad por aliviar la situación, en particular, la que corresponde a las sanciones,  que de un deseo por buscar una solución real.

Los motivos para un nuevo diálogo con una oposición debilitada

Lejos de mostrar la fortaleza que tuvo en el año 2017 cuando mostró músculo político con apoyo internacional y protestas de una magnitud sin precedentes en el país, actualmente la oposición no atraviesa por su mejor momento.

El liderazgo de Juan Guaidó  ya no representa ese factor de unidad como en el año 2020, y con actores políticos como Henrique Capriles Radonski, marcando distancia del interinato, todo apunta a que si la oposición optara por acudir a un nuevo diálogo, no lo haría en la posición de unidad y fuerza a la que ha estado acostumbrada.

Para el politólogo Ricardo Sucre no existen dudas de que las fuerzas democráticas se encuentran en lo que se pudiera calificar como un “punto bajo”, y destaca que aunque se trata de una oposición legítima y legitimada por la propia gente, existen otras que pueden competir con ésta, como el grupo de partidos que se identifican como contrarios al gobierno de Maduro y que en la actualidad hacen vida en el seno de la Asamblea Nacional.

“Sí, la oposición está en un punto bajo. Para empezar ya no se tienen tantos países que reconocen a Guaidó como en su momento se tuvieron, además la oposición ya no tiene esa capacidad de movilización que tuvo antes y que se vio en el año 2017, por ejemplo”, destaca Sucre.

Para el académico otro problema que enfrenta el liderazgo de Guaidó tiene que ver con la forma en la que es visto por los ciudadanos que se supone deberían seguirlo. En este sentido, Sucre afirma que en estos momentos, “Guaidó ya no cuenta con el reconocimiento pleno de su propia gente” y que esto ha derivado en una “postura muy crítica hacia él”.

Esta realidad de la oposición crea un contexto que no se había hecho presente en diálogos anteriores como el de Dominicana o el de Barbados, un escenario con una dinámica nueva: una oposición débil y sin estrategias, según Sucre (ya empleó las cartas del gobierno interino y las sanciones internacionales), y un gobierno que parece ser más fuerte.

Ahora bien, Sucre destaca que más allá de la propia debilidad del interinato y los otros factores opositores, existe una realidad crítica en el país que pudiera ser lo que obligó al gobierno a buscar este nuevo proceso de diálogo como una forma de aliviar la presión que pesa sobre él.

“Un punto en el que pueden converger la oposición y el gobierno, es que el chavismo necesita estabilidad política para su gestión. En la actualidad el poder en sí mismo no es suficiente. Creo que el gobierno tiene una demanda de su propia base y esto se ve reflejado, por ejemplo, en el anuncio de primarias. El gobierno de Maduro está fuerte, sí, pero necesita una gestión para satisfacer y poder seguir avanzando”, explica el politólogo.

Si bien esa necesidad de avanzar y poder mejorar en su gestión pudiera ser el catalizador de un nuevo diálogo, para Sucre existe otra posibilidad: que Maduro busque diferenciarse de otras crisis que actualmente afectan la región, como la de Colombia.

“Maduro necesita diferenciarse en la región, decir que acá en Venezuela las cosas son distintas a lo que ocurre en otros países. Necesita decir: sí, ustedes me llaman dictador, pero acá hay paz y hay diálogo, cosas que no pasan en otros lados”, señala.

La situación, tal y como la observa el politólogo, muestra “un gobierno que no se siente amenazado en su permanencia, pero que debe mejorar”,  y una oposición “con una estrategia que está equivocada, no de ahora, sino desde el año 2019”.

El dilema de Capriles Radonski

Quizás una de las peores realidades que la oposición debe asumir a la hora de pensar en un posible diálogo con el gobierno de Nicolás Maduro, es que a diferencia del año 2015, cuando se logró la mayor victoria electoral contra el chavismo, ahora está totalmente dividida.

El interinato y el G4, los miembros del G4 que critican la abstención, sectores más radicales como el de María Corina Machado y los partidos que se encuentran en la Asamblea Nacional, fueron en su momento parte de un bloque que desde el 2017 se ha venido fragmentando como si se tratara de un iceberg en el medio del océano. Ante esto la verdadera pregunta es: ¿puede la oposición ir a un diálogo con el chavismo en un estado de separación como el que tiene actualmente?

Para el politólogo Nicmer Evans existen pronunciamientos que lo llevan a pensar que al menos existe la intención de “trabajar en bloque”, de hecho, él cree que la fragmentación de la oposición no es total y que aún existe un grupo que se pudiera considerar como un mismo sector.

“Hay un grupo, en la oposición, que sigue siendo un bloque, pero tiene fracciones que interpretan el poder y la forma de conseguirlo, de formas distintas. El problema, lo que las diferencia es el manejo que han hecho de la situación política, ese es el tema que los separa”, dice.

Sin embargo, Evans sostiene que existen sectores que parecieran no poder trabajar en conjunto y cita al interinato de Juan Guaidó, y al que representa Luis Parra en la AN. Asegura que es “muy difícil aspirar a una alianza entre ambos”, pero insiste que lo mejor para la oposición en general sería “buscar la mayor capacidad de consenso posible, a pesar de que no vaya a existir plenitud de acuerdo”. Algo similar, según él, pasa con los grupos más extremos.

“Hay sectores que en definitiva no van a tener el interés de sumarse a la postura del diálogo, pero creo que en la actualidad es muy difícil negar la necesidad de dialogar. Siempre habrá dificultades con los extremos, pero en las posturas que se acercan más al centro,  siento que hay condiciones favorables para poder lograr un bloque que vaya unido a las conversaciones”, expone.

Uno de los factores que pudiera ser decisivos en la conformación de un nuevo bloque mayoritario de la oposición es Henrique Capriles Radonski, quien pareciera encontrarse en el medio de un dilema entre apoyar al sector que representa Luis Parra y el que representa Juan Guaidó.

Evans asegura que  Capriles ha demostrado un nivel de “eficiencia” al a hora de lograr resultados que no se había visto en mucho tiempo en la oposición, algo que se ve reflejado en la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral con presencia opositora y en donde su sector tuvo un rol protagónico junto con organizaciones de la sociedad civil.

“Lo del CNE creo que es el único logro de negociación que hemos tenido en los últimos tiempos, creo que al menos ahí se avanzó y que por ese motivo, un nuevo proceso de diálogo debería darle continuidad a esos actores y a ese método”, explica.

Si bien la decisión de Capriles de apoyar o trabajar en conjunto con alguno de los otros líderes de la oposición pudiera ser un espaldarazo para relegitimar alguna postura, para Evans es vital que cualquier nuevo bloque mayoritario de la oposición tenga una visión más extendida del panorama político, si busca tener éxito.

“Para poder definir los factores que puedan contribuir, hay que tener una óptica más amplia. No puede pensarse en la oposición como lo tradicional. Hoy en día la oposición abarca hasta el propio Partido Comunista de Venezuela. No se les puede apartar”, añade el analista.

Con demandas impuestas por Maduro,  incluyendo la de un diálogo público, frente a las cámaras de televisión, solo el tiempo dirá si la posibilidad actual de un acuerdo se concretará. Lo cierto es que mientras pasan los días, se aproxima el 21 de noviembre, fecha que podría ser determinante en la validación de los liderazgos actuales o en su reemplazo por otros, que asuman, en lo adelante, la conducción de la oposición venezolana.

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