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Joe Biden frente a la geopolítica del autoritarismo (II)

Tomada de El Español

Félix Arellano

La reciente gira del Presidente Joe Biden a Europa nos permite ir precisando la estrategia frente a los actores fundamentales de la geopolítica del autoritarismo, es decir China, Rusia, Irán y Turquía. Al respecto, las evidencias indican que el epicentro se orienta a la contención del expansionismo chino en todos los planos, privilegiando el esquema multilateral, coordinando esfuerzos con los aliados tradicionales de occidente, de allí la importancia de renovar el diálogo transatlántico y, en ese contexto, avanzar en el freno del bloque autoritario, que se estaba consolidando en los últimos años, como reacción ante la política de máxima presión aplicada en el gobierno del presidente Donald Trump.

China es el gran adversario en múltiples planos económicos, tecnológicos y financieros; pero el tema militar también va en ascenso. El avance chino es global, y ha sido muy eficiente, en particular en los países en desarrollo. Su gran objetivo, lograr el liderazgo de la economía mundial, la cuarta revolución industrial, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, la tecnología 5G. Como lo ha señalado la Unión Europea es un adversario sistémico. En ese contexto, la ruta de la seda representa el proyecto más emblemático de su creciente protagonismo.

Las relaciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos son amplias y profundas, la estrategia de la máxima presión que privilegió el Trump, que incluyó, entre otros, el uso de las sanciones económicas como el incremento de los aranceles, ha tenido efectos paradójicos, pues en la práctica termina afectando las exportaciones competitivas de los empresarios norteamericanos al mercado asiático.

En el plano financiero, las relaciones entre ambos países también son intensas y complejas, conviene recordar que China es el principal tenedor de bonos de la deuda pública de los Estados Unidos, y, por otra parte, la economía china ha logrado importantes niveles de transformación productiva gracias a las inversiones extranjeras provenientes de esa nación. En este contexto, el tema financiero representa otro elemento que los vincula, su manipulación con fines coercitivos puede perjudicarlos recíprocamente.

La amenaza china es enorme, pero también existen importantes oportunidades; esto significa que se requiere de una estrategia creativa, que permita establecer límites a su expansión; pero a su vez, aprovechar las oportunidades. En este contexto cabe destacar que sobre pragmatismo en las relaciones internacionales, la Unión Europea cuenta con amplia experiencia.

Conviene recordar que, si bien la UE define a China como adversario sistémico, ha avanzado en la suscripción de un acuerdo de inversiones, que firmó en el mes de diciembre del 2020 y, por los conflictos recientes, se ha paralizado el proceso de ratificación en los órganos legislativos, incluyendo el Parlamento Europeo.

Trabajar el caso chino en el marco del renovado diálogo transatlántico resulta un avance importante, tanto por los aportes de la experiencia europea, como por la efectividad de una estrategia aplicada por un conjunto más amplio de países, lo que posible una mayor fortaleza económica.

La estrategia se caracteriza por el pragmatismo de combinar presión e incentivos; en términos metafóricos se trata de combinar “la zanahoria y el garrote”. Definir límites en el proceso de expansión chino, que en gran medida tiene que ver con el respeto del orden liberal y, paralelamente, aprovechar oportunidades.

En este contexto, salen del escenario las visiones especulativas como la tesis de la guerra fría, o las perspectivas más catastróficas que giran en torno de la “trampa de Tucídides”. Como parte de la estrategia pragmática que se adelanta desde Washington, ya se ha anunciado que inician las negociaciones para realizar una cumbre de los dos Jefes de Estado próximamente.

La administración Biden aspira que los aliados de la UE se sumen activamente en la definición de límites, tanto al expansionismo chino, como del resto de países que hacen parte de la geopolítica del autoritarismo, en particular, Rusia, Irán y Turquía.

En este orden de ideas en el caso de Irán, se encuentra en pleno desarrollo un esquema pragmático y creativo de negociación pendular con los Estados Unidos, promovido por Alemania, Francia y Reino Unido, miembros del comité de administración del acuerdo sobre el programa nuclear con Irán (Plan de Acción Integral Conjunto), para explorar las posibilidades de reincorporación de la potencia americana en el acuerdo.

El tema iraní es muy complejo y genera fuertes resistencias de varios gobiernos del medio oriente, las monarquías sunitas y, en particular Israel a la revolución islámica chiita iraní; como al interior de los Estados Unidos, en especial, a los sectores más conservadores en el Congreso.

Para Biden, la estrategia de la máxima presión que aplicaba la administración anterior, no ha logrado los resultados esperados; por el contrario, ha estimulado el fortalecimiento de la expansión iraní en el área, recurriendo incluso a fuerzas paramilitares y, adicionalmente, está propiciando una mayor vinculación con los países promotores de la geopolítica del autoritarismo.

Trabajando en conjunto con los aliados europeos se aspira desarrollar una estrategia más creativa, dinámica, pragmática y efectiva para controlar el programa nuclear iraní y su creciente expansión internacional que contempla el apoyo de grupos paramilitares que apoyan la corriente chiita del islam.

Otro elemento que ilustra la estrategia pragmática que promueve el presidente Biden, es la revisión de las relaciones con el gobierno de Recep Tayyip Erdogan de Turquía. En este contexto, en el marco de la reciente cumbre de la OTAN, se realizó una reunión de trabajo entre ambos mandatarios, lo que formalmente inicia un nuevo proceso entre ambos países, que goza del respaldo de la mayoría de países miembros de la UE. Las diferencias con el gobierno de Erdogan son muchas, empero, para todas las partes resulta conveniente abrir espacios para nuevas oportunidades de comercio e inversiones.

El progresivo acercamiento con Irán y Turquía, además de reducir los niveles del conflicto con esos actores, puede contribuir a la contención de la estrategia de expansión global de la geopolítica del autoritarismo, estos dos países han incrementado en los últimos años sus relaciones con China y Rusia, en gran medida, para hacer frente común ante la máxima presión que aplicaba la administración de Trump .

El otro caso significativo en el marco de la geopolítica del autoritarismo tiene que ver con Rusia y, en el marco del reciente viaje oficial de Biden a Europa, se ha incluido, como acto de cierre, una reunión cumbre con su homólogo Vladimir Putin. Las relaciones entre ambos países se encuentran bajo una gran tensión. Rusia enfrenta desde hace varios años sanciones por su política expansiva, la ocupación de Georgia y la presión sobre Ucrania; adicionalmente, el partido demócrata cuestiona la “conexión rusa”, su intromisión cibernética en los procesos electorales de los Estados Unidos.

En las condiciones actuales todo podría sumar para mantener la máxima presión contra el gobierno ruso; empero, cambios en las relaciones con Rusia, podrían reducir la actitud desafiante de Putin y sus recientes vinculaciones con China, que en el fondo también representan una amenaza para el liderazgo ruso. Es importante destacar que Rusia es un actor relativamente débil y no representa una amenaza significativa al liderazgo americano.

El solo hecho de realizar la cumbre entre ambos Jefes de Estado en Ginebra, contribuye a reducir las tensiones y, por otra parte, satisface el poderoso ego de Putin, que sueña con retomar el papel hegemónico del pasado. El presidente ruso asume la cumbre como el reconocimiento de su liderazgo mundial, lo que pudiera contribuir a reducir su acción agresiva en el contexto internacional y a crear espacios para abordar otros temas complejos en los que Rusia ejerce un importante protagonismo, tal es el caso de Siria, Libia, Bielorrusia e incluso, el de los gobiernos autoritarios en América Latina: Cuba, Nicaragua y Venezuela, importantes aliados de Putin.

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