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¿Es posible un revocatorio contra Maduro?

Tomada de Entorno Inteligente

EDITORIAL

Benigno Alarcón Deza

La posibilidad de activar un referendo revocatorio –planteada el pasado mes de mayo por un movimiento encabezado por Nicmer Evans y César Pérez Vivas- generó rechazo y dudas entre los ciudadanos venezolanos quienes ya vieron fracasar esa opción en dos oportunidades: 2004 y 2016. Sin embargo, en estos momentos la oposición estaría evaluando la posibilidad de presentar ante la Comisión Negociadora este mecanismo como una fórmula que podría facilitar un eventual acuerdo. Si se logra que se simplifiquen los mecanismos para que los ciudadanos puedan decidir si quieren o no activar un proceso revocatorio, este podría convertirse en un punto medio entre las exigencias radicales del gobierno de elecciones presidenciales en 2024, reconocimiento de su mandato y levantamiento de las sanciones; y las de la oposición de elecciones presidenciales y legislativas ya

Cuando el pasado 25 de mayo el politólogo Nicmer Evans y el exgobernador del Táchira, César Pérez Vivas, se presentaron ante el Consejo Nacional Electoral (CNE), primero para que el Movimiento Venezolano para el Revocatorio (Mover) sea aceptado como un grupo de la sociedad civil; y segundo, para que se pronuncie sobre la fecha que marcaría la mitad del periodo de Maduro, tal como lo dice la Constitución, diversos sectores rechazaron la posibilidad de activar ese mecanismo y hasta estigmatizaron a quienes estaban haciendo la propuesta. Otros, especialmente provenientes del chavismo que se han deslindado de Maduro, se unieron a esta solicitud, como es el caso de los exministros Héctor Navarro, Jorge Giordani y Víctor Álvarez, entre otros.

Entre los promotores de esta propuesta existe conciencia de que el camino está lleno de tropiezos con antecedentes claros de frustración, como el más reciente de 2016. Pero conscientes de lo difícil que resulta que en estos momentos se genere un movimiento de unidad espontánea dentro de la oposición, tanto por los recursos que se han invertido para lograr su fragmentación como por los errores que se han cometido, un posible referendo revocatorio exhibe como ventaja el poder convertirse en ese elemento que convoque la mayor cohesión posible en torno al objetivo de generar un cambio político.

A diferencia de 2016, cuando Maduro aún mantenía cierto apoyo al interior del chavismo, en el camino se han venido produciendo ciertas fisuras hacia lo interno de la coalición oficialista, debido a la corrupción y el manejo de la economía, entre otros temas. Lo significativo es que la posibilidad del referendo también propicia esas fisuras, dada la posibilidad de que algunos sectores que aún forman parte del régimen consideran que se aproxima el momento para que otras figuras sustituyan a Maduro en la Presidencia.

La mitad del período

Uno de los aspectos importantes a definir dentro de la posibilidad de que se active un revocatorio es cuál es la fecha que marca la mitad del período de Maduro, cosa muy importante, porque a partir de allí es que se decide cuándo debe solicitarse y activarse. No obstante, la situación no está nada clara. Como se recordará, luego de las cuestionadas elecciones presidenciales de 2018, Maduro decidió juramentarse el 24 de mayo de ese año ante la también cuestionada Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Sin embargo, la Constitución establece el 10 de enero como fecha del nuevo período presidencial y, justamente, ese día Maduro se juramentó nuevamente, pero ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).

Si el referendo se realiza en el cuarto año del período constitucional y el gobierno pierde, habría que convocar a elecciones presidenciales en los siguientes 30 días. Si, por el contrario, la revocatoria se produce un día después de culminado el cuarto año, quien ocupa la vicepresidencia ejecutiva es quien asume las riendas del Ejecutivo hasta la finalización del período. En este último caso, es predecible que el oficialismo intentaría aprovechar el resto del período presidencial para posicionar a un nuevo liderazgo que pueda competir en las presidenciales de 2024, pero también se abriría un paréntesis para que la búsqueda de una salida negociada puede convertirse en la mejor alternativa para la élite gubernamental.

El escenario de un revocatorio que culmine con un lapso de espera hasta la presidencial, si bien no es el escenario ideal para muchos, puede ser el único que merezca alguna consideración entre las élites gubernamentales y de soporte del régimen, por lo cual no debe descartarse como alternativa. Tal lapso permitiría al régimen, así como a otros actores no menos importantes como la Fuerza Armada Nacional, el tiempo para negociar las condiciones de una transición política, al tiempo que este término puede ser usado por la oposición democrática para prepararse mucho mejor para una elección presidencial. Un referendo revocatorio ganado por la oposición generaría un escenario completamente distinto al actual, al eliminar una parte importante de las alternativas que el régimen tiene fuera de la mesa de negociación. Lograr la movilización necesaria, como demuestra el caso del referendo en Chile, dependerá de una buena campaña de comunicación.

Conclusiones y recomendaciones

Como se ha comentado, si bien al principio el escenario ha sido descalificado por algunos partiendo del intento fallido de 2016 y por la supuesta legitimación que ello implicaría de la elección presidencial de 2018, la activación de un referendo revocatorio es una propuesta que merece ser seriamente considerada, porque seguramente se convertirá en el centro del debate una vez superadas las elecciones regionales y municipales convocadas para este año. Adicionalmente, la figura del referendo revocatorio luce como una iniciativa homologante alrededor de la cual, la fuerza democrática debería unirse sin mezquindades y deslastrada de intereses individuales.

Un aspecto que podría resultar clave a la hora de lograr resultados positivos si se activa el referendo revocatorio, es el de exigir un cambio en la madeja de obstáculos que ha tejido el chavismo para evitar que este mecanismo sea viable. En ese sentido, es necesario que un proceso revocatorio cuente con observación internacional formal, no acompañamiento ni nada similar, siguiendo los protocolos propios de la observación electoral internacional desde sus primeros pasos, como los es la recolección de firmas, hasta todo lo que involucra la campaña, el sistema de votación, el conteo y las auditorías de resultados, entre otras etapas. Sin embargo, quienes formularon la propuesta ante el CNE han venido manifestando que lo deseable es que se produzca una reingeniería del proceso, una simplificación de trámites.

Un elemento a favor es una mejor disposición de la comunidad internacional a considerar nuevas alternativas. Existe un ambiente más óptimo para trabajar escenarios que conduzcan a una solución pacífica y democrática, pero se necesita que la oposición sea coherente en relación a sus planteamientos para evitar ruidos innecesarios y confusión que solo terminan obstruyendo toda alternativa estratégica.

En conclusión, es importante explorar las posibilidades que ofrece la activación de un referendo revocatorio, siempre y cuando la oposición democrática y la sociedad civil, en su conjunto, trabajen en función de un mismo objetivo que es lograr la transición política, en el menor tiempo y al menor costo posible para la población.

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