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Por qué empeoran y mejoran las condiciones electorales en la hegemonía chavista

Tomada de La Vanguardia

Alonso Moleiro

La concepción de un proyecto hegemónico progresivo, pensado para ser ejecutado en plazos históricos, y con unas miras muy específicas en el largo plazo, ha obligado a la clase política chavista, expresada en el PSUV, partido oficial, a desarrollar un discurso muy astuto y especulativo en torno a las citas electorales y el voto como significado, instrumento, tentación y señuelo. Uno de los padres de esta sofisticada y perversa estrategia ha sido y es el inefable Jorge Rodríguez.

Hugo Chávez dejó enunciado el encargo a sus discípulos: ni pacto con la burguesía, ni desenfreno revolucionario. La dimensión irreversible de la revolución bolivariana como un objetivo histórico se irá desarrollando de acuerdo a lo que indiquen las circunstancias del momento, la síntesis de las condiciones objetivas y subjetivas, bien se trate de una dinámica de repliegue o radicalización. Siempre al mando del timón del poder.

Con el soporte de las Fuerzas Armadas, el control de las instituciones y el respaldo de su voluntariado paramilitar, Nicolás Maduro y sus secuaces saben que puede trascender la legalidad e imponerse en la zona extra-política de la fuerza cuando sea necesario,  invocando cualquier argumento, tercerizando culpables e identificando nuevos motivos, como ocurrió con la convocatoria a la Asamblea Constituyente de 2017 o la propia consulta presidencial de 2018.

En el contexto de estos 20 años, el torbellino incivil revolucionario, de la mano de su guía, Hugo Chávez, ha sabido alternar con enorme astucia las amenazas y las profecías  violentas con los llamados al diálogo en función del interés nacional, en medio de una estrategia cívico militar que sus opositores no supieron comprender bien en las primeras de cambio.

El diseño, “pacífico, pero armado”, ha permitido diseñar un péndulo que tiende a confundir a sus rivales, que con frecuencia se extravían con planteamientos especulativos electorales que, como ha quedado visto, pueden ser mejorados en alguna medida, o adulterados hasta ser desnaturalizados, según el interés que tenga Miraflores en espantar o motivar a sus enemigos a votar.

El contrapunto del escamoteo electoral lo constituyen las protesta en las calles.

Este comportamiento deshonesto es la consecuencia de la ruptura del pacto democrático como valor ciudadano y  como criterio estratégico, vigente en la Venezuela del pasado y común en todas las sociedades civilizadas del mundo, y es asumido por la escuela revolucionaria como una circunstancia natural en el diseño cotidiano de la política.

En su modelo de dominación, el chavismo acepta el país que encontró al arribar al poder, y le permita existir y  organizarse en partidos e instituciones, pero asume que este no podrá jamás tomar el poder, ni capitalizar todas las consecuencias de una victoria ajena, que en cualquier caso siempre será invocada como popular e intocable si la victoria es propia.

Vista la mecánica de dominación chavista como una de las claves naturales de la política venezolana en lo que va de siglo, con 20 años de marramucias institucionales de toda  índole a cuestas, a nadie debería sorprender que Maduro y Jorge Rodríguez ofrezcan a sus enemigos mejoras institucionales en las venideras consultas, que vendrán prescritas en el diagrama marxista de las condiciones objetivas y subjetivas.

El deber de la dirigencia de la Oposición democrática debe ser salir al encuentro de esa propuesta que le abre posibilidades a una consulta electoral y procurar potenciar sus efectos afincándose en el descontento popular, puesto que como estrategia en algunos momentos ofreció resultados.  

Las condiciones electorales de la política venezolana pueden mejorar en apariencia, como mejoraron relativamente de 2005 a 2009, y luego, con algunos retrocesos, de 2010 a 2015; o empeorar drásticamente, como ya sucedió en los tiempos de la Constituyente y la pasada elección presidencial.

La puesta en escena de cada nuevo diseño obliga a la Oposición a reinterpretar las circunstancias, y esta empresa es habitualmente muy compleja en un universo tan disímil y heterogéneo. Los partidos opositores venezolanos y sus líderes más conocidos han sido especialmente ineficientes al momento de explicar y justificar sus líneas políticas en escenarios cambiantes.

Las condiciones no mejoran “porque hay democracia”; “porque votar es la salida” o porque “tenemos años diciéndolo”. No: las condiciones electorales mejoran –y empeoran—de acuerdo a  lo que indique el contexto del momento, en el marco de un modelo de dominación que, por definición, es electoral.

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