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La expropiación de la moneda o la parábola del billonario sin un centavo

Tomada de Notimérica

José Ignacio Guédez Yépez

La tiranía madurista acaba de anunciar una nueva reconvención monetaria para suprimir seis ceros a la moneda, con lo cual sumaría catorce ceros eliminados desde 2008 hasta acá. Esta medida pudiera pasar desapercibida al no tener implicaciones prácticas aparentes, en un contexto donde ya el bolívar escasea y está siendo sustituido en la práctica por monedas de otros países, el dólar específicamente. Sin embargo es el síntoma de una enfermedad que, a pesar de tener ya dos décadas, no ha sido bien diagnosticada todavía. También representa la evidencia irrefutable de la mayor devaluación y más larga hiperinflación de la historia de nuestro continente, que a su vez se traduce en la más grave expropiación del régimen chavista, la del valor del ingreso y los ahorros de los venezolanos.

Comencemos con un caso práctico para entender la magnitud de la tragedia. Si en 2008 un venezolano hubiera caído en coma teniendo en su cuenta bancaria un saldo de un billón de bolívares (Bs. 1.000.000.000.000) y se despertara hoy en 2021, conseguiría que en su cuenta habría como saldo un centavo de bolívar (Bs. 0,01). Pasó de ser billonario (un millón de millones) a no tener absolutamente nada, literalmente un centavo. Esto fue lo que le pasó a todo un pueblo, siendo el régimen chavista y su modelo empobrecedor el único culpable de tamaño desfalco. Basta recordar que la primera reconversión la hizo Chávez hace trece años, para despejar cualquier duda sobre la relación de este fenómeno y las tan mentadas sanciones. La causa de este empobrecimiento colectivo es el modelo estatista, militarista, centralista, rentista, absolutista y antiliberal, que se instauró en Venezuela con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia en 1999. Modelo que sigue vigente y seguirá estándolo mientras sus autores sigan usurpando el poder.

Cada vez que un caudillo expropia una empresa o la estatiza, está aumentando el gasto del Estado para mantener esas estructuras que no son necesarias para su funcionamiento ni se enmarcan en sus atribuciones legales. El pueblo cree que esa acción sólo perjudica a los ricos, y esta es quizá una de las mayores posverdades que ha sobrevivido a la más contundente evidencia. Los dueños de esas empresas tienen su patrimonio resguardado en otros países y seguirán siendo ricos después de la expropiación, aunque nunca les paguen lo que les deban. En cambio, el pueblo es al final quien termina asumiendo las consecuencias cuando el Estado devalúa la moneda para poder pagar la deuda interna generada por los gastos improductivos de esas empresas expropiadas. En vez de cobrar impuestos a los privados para financiar los servicios básicos de la población, el Estado le mete la mano en el bolsillo al pueblo para pagar la burocracia innecesaria y las pérdidas de sus estatizaciones.

El resultado final de esa receta populista es siempre el mismo, la devaluación de la moneda y la hiperinflación. No es a los ricos que se expropia, es al pueblo llano que solo cuenta con un ahorro en moneda local y su ingreso laboral. Ese es el verdadero patrimonio expropiado por estos regímenes, el de las familias trabajadoras que ven reducirse el valor real de sus ahorros y de su ingreso. Recordemos que en Venezuela hasta la llegada del chavismo, un trabajador del sector público podía comprar un vehículo y hasta una vivienda con su sueldo, a través de las cajas de ahorros. Ni hablar de lo que significa que el salario mínimo oscile entre uno y cinco dólares mensuales. Expropiaron la moneda nacional, con el agravante de que durante dieciséis años estuvo prohibido adquirir libremente cualquier otra moneda mundial, en virtud del control de cambio. Este “corralito” de casi dos décadas, en la práctica condenó a la gran mayoría de la población a la pobreza más extrema, toda vez que mientras se devaluaban sus ingresos en bolívares, no pudieron tener acceso a otras monedas para resguardar el valor de su dinero.

Hay quienes creen, o dicen creer, que los culpables de esta tragedia querrán y sabrán solucionar la crisis que ellos mismos generaron premeditadamente. Claro, con dólares afuera bien resguardados es más fácil pontificar sobre la supuesta autoregeneración de Maduro. Pero lo cierto es que para revertir la situación hay sólo una fórmula que pasa indefectiblemente por la capacidad de conseguir financiamiento internacional para renegociar la deuda externa, mientras se elimina a lo interno el déficit fiscal y la impresión de dinero inorgánico. Además de atraer inversión privada a largo plazo. No cabe duda que el primer paso es la reinstitucionalización del Estado, la recuperación de su democracia y la vigencia de su constitución y Estado de derecho. En resumen, Maduro es el único cero que hay que quitar.

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