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Las transiciones políticas: Lecciones

Tomada de Fundacom.com

José Castrillo

La historia política de los últimos 30 años está llena de interesantes procesos de cambios políticos  o transiciones de una forma de régimen político a otro: de autocracias /dictaduras a democracias. Las transiciones políticas fueron productos de complejos procesos y acciones de acumulación de recursos y medios de los actores que deseaban cambiar el régimen político dominante.  El cambio o transición se alcanzó después de un largo camino lleno de obstáculos, piedras en el camino, virajes inesperados en el balance de poder dominante, actos violentos y luego, dadas las circunstancias cuando los actores confrontados, se vieron obligados a buscar una salida o transición pactada o negociada.

Rara vez los regímenes políticos no democráticos, caen súbitamente. Ello  es más producto de un largo proceso de movilización social contra dichos regímenes al que siguió un proceso de negociación. Por tanto, el cambio del régimen no se logró directamente de las manifestaciones multitudinarias en las calles, por muy importantes que fueron. Ellas son necesarias pero no suficientes.

Hay cuatro  casos de transiciones políticas de los cuales se extraen lecciones interesantes que debemos considerar: Nicaragua, Polonia, Chile y Sudáfrica. Estos países, en el periodo histórico que abordamos, estaban bajo regímenes políticos no democráticos, con sus peculiaridades y formas de actuación que menoscababan las libertades civiles de la mayoría de sus ciudadanos.

La Nicaragua de finales de  80 estaba bajo un gobierno comunista liderizado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, con Daniel Ortega como Presidente.  La oposición, en parte, se organizó militarmente con apoyo de los Estados Unidos, quien entrenó y financió una fuerza paramilitar para derrocar al gobierno comunista. Ese objetivo no se logró y en medio de una confrontación militar estancada, el gobierno y la oposición buscaron una salida política negociada, que permitió la transición democrática, a través de unas elecciones supervisadas por la comunidad internacional.

En Polonia, a finales de los 80,  gobernada por una dictadura militar comunista, un sindicato llamado Solidaridad, con Lech Walesa a la cabeza, inicia un conjunto de movilizaciones  y protestas, denunciando las condiciones de trabajo y los bajos salarios, evento que desencadenó  grandes movilizaciones en el país que obligó al gobierno a decretar la ley marcial. Las quejas sindicales se convirtieron en una demanda de democratización de la sociedad, frente a la dictadura comunista del general Wojciech Jaruzelski.  Esas inmensas movilizaciones del pueblo polaco, fueron el punto de inflexión de la dictadura, que años más tarde acuerda el inicio de la transición política. La oposición participó en eventos electorales en condiciones desventajosas, pero ya habían quebrado la legitimidad del régimen y luego lograron derrotar electoralmente a la dictadura, dando paso a la democracia.

Chile, en 1988, el dictador Augusto Pinochet, después de 15 años de ejercer el poder a sangre y fuego, decide convocar a un plebiscito para que el pueblo chileno votara sí quería o no que su gobierno se prolongara por varios años más. En ese escenario, la oposición a su dictadura estaba en parte exiliada, otros presos, muchos desaparecidos y otros más luchando a través de manifestaciones y protestas callejeras para pedir libertad y democracia. Estas acciones, en un periodo de tiempo no dieron los resultados esperados, pero demostraron que buena parte de la sociedad chilena deseaba el fin de la dictadura. Por otro lado, un grupo extremista de la oposición, atentó contra el dictador, quien salió ileso.

La oposición hasta ese momento, fragmentada y dividida no había logrado su objetivo de derrocar a la dictadura de Pinochet. Con la convocatoria del plebiscito por parte del dictador, se abrió la posibilidad de generar un punto de inflexión del régimen dictatorial. Las fuerzas de oposición estaban divididas sobre si participaban o no. Un sector decía que no se debía participar porque sería legitimar a la dictadura, y otro sector, viendo una oportunidad estratégica para socavar la legitimidad del gobierno apostaba a la participación. Al final, la oposición decidió participar con una gran coalición, con organización y movilización y, a pesar de las desventajas  y el miedo en la campaña, logró que el NO, ganara con 10% de votos de ventaja sobre el Sí. A partir de este acto electoral, se inicia la transición política hacia la democracia en Chile.

Sudáfrica, desde los años 40 estuvo gobernada por un régimen político de carácter racial, donde la minoría blanca, ejercía el poder desconociendo los derechos civiles y políticos de la mayoría negra. En los años sesenta el Congreso Nacional Africado, el partido político que agrupaba a la mayoría negra del país, dada la incapacidad de lograr una salida política al régimen del apartheid, decide ir a la lucha armada para enfrentar al gobierno de la minoría blanca. La estrategia de la lucha armada fracasa y sus líderes militares, con Nelson Mandela a la cabeza, son detenidos por las fuerzas de seguridad del régimen.

El Congreso Nacional Africano, sin embargo, siguió movilizando a la sociedad e inicia una campaña internacional  contra el oprobioso régimen del apartheid, que fue ganando aliados y permitieron un boicot económico, político y hasta deportivo contra el gobierno sudafricano, afectando su imagen en el mundo.

En ese contexto, a inicios de los noventa el gobierno de la minoría blanca, encabezado por el presidente Botha,  dado el deterioro de la situación política, social y económica nacional, por la confrontación entre el gobierno y la mayoría negra, que no podía ser ganada por la vía de la fuerza, decide “pasar el Rubicón,” y se enfoca en buscar una salida política negociada.   Mandela sería, desde la cárcel, el interlocutor de las fuerzas opositoras para comenzar la negociación política. El gobierno y Mandela, iniciaron encuentros secretos para establecer una hoja de ruta que abriera el camino a  una transición donde todos los actores enfrentados debían ser reconocidos como legítimos. Resultado de ese proceso de negociación se efectuaron las primeras elecciones presidenciales libres donde resultó electo Nelson Mandela como presidente de todos los sudafricanos: negros y blancos, desmantelándose el régimen del apartheid, dando pasó a la democracia multirracial.

Estas transiciones políticas de regímenes no democráticos a democráticos, arrojan cuatro lecciones básicas que han de considerarse, dado que estas fueron transiciones democráticas exitosas.

En primer lugar la unidad estratégica de las fuerzas de oposición,  a través de la formación de amplias coaliciones que tenían una hoja de ruta única para alcanzar el objetivo de desplazar al régimen prevaleciente.

En segundo lugar, la movilización permanente de la sociedad en todos los escenarios o tableros políticos que sean posibles: movilizaciones masivas, sectoriales, participar en eventos electorales, explorar negociaciones, etc.

En tercer lugar procurar, con estrategias inteligentes, la fractura de la coalición gobernante, lo que permitiría relajar las posiciones maximalistas  de la elite del poder. Ello implica negociar y dar garantías de reconocimiento a los actores que desde el poder ayuden a la transición política.

En cuarto lugar, el apoyo internacional, juega un papel necesario para presionar políticamente al régimen y dar apoyo político, moral y social a los factores de oposición además de dar vocería y espacio internacional para buscar una salida política razonable.

En los casos descritos de transiciones políticas, estos cuatro factores o condiciones, marcaron el éxito de las mismas.  Cada una de esos países con sus peculiaridades, características y contextos históricos del momento, lograron después de muchos esfuerzos y sacrificios las condiciones políticas para cambio. Las fuerzas de oposición se mantuvieron activas políticamente, con un alto precio, pero nunca dejaron de jugar en el ajedrez político dentro de las limitaciones y restricciones que imponían los regímenes políticos dominantes. Lucharon y batallaron, acumulando recursos y medios, hasta que llevaron la situación política a un punto de inflexión, donde el gobierno, por la fuerza de los hechos, decide pasar el Rubicón: negociar la transición política.

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