Destacado

El perro mordiéndose la cola, nuevamente

tomada de CNE

Tulio Ramírez

Finalmente conocemos los resultados electorales del 21 de noviembre. Por supuesto, como era de esperarse, la sorpresita de Barinas no sorprendió a nadie. Era intolerable para el gobierno perder la gobernación en el territorio más sagrado de la revolución. El TSJ decidió nuevas elecciones para el 9 de enero de 2022. “A la segunda va la vencida”, diría Maikel.

Pero volvamos al tema de los resultados. La mayoría de los analistas coinciden en que el desánimo, la abstención, la diáspora, el ventajismo del gobierno, la desconfianza en el CNE, entre algunas otras razones, evitaron el respaldo en las Mesas de una buena parte de la población que se autodefine como opositora. Otros, con una lectura más optimista, argumentan que la jornada fue exitosa, ya que evidenció que la sumatoria de votos de los no alineados con el gobierno, estuvo por encima de la obtenida por el sector oficialista.

Un tercer grupo, quizás los menos, insiste en concluir que los resultados reafirman la tesis de que la vía electoral en condiciones de Dictadura solo servirá para “lavar la cara del régimen”, por lo que habría que emplear esfuerzos en una estrategia diferente al voto, aunque no aclaran exactamente cuál podría ser.

Más allá de estos sesudos análisis y malabarismos teóricos para defender las diferentes tesis, existe un hecho incontrovertible, en 14 de los estados donde el PSUV obtuvo la victoria, la situación habría sido diferente si  la Mesa de la Unidad,  Alianza Democrática y otras agrupaciones no gobierneras, se hubiesen unido en torno a una sola candidatura. Así lo indican las estadísticas que corren por las diferentes redes sociales.

Esos 14 estados, hoy en manos del gobierno, hubiesen representado un 60% de todas las gobernaciones. Si a ese porcentaje le sumamos las gobernaciones efectivamente ganadas, es decir, Zulia, Nueva Esparta y Cojedes, el porcentaje se colocaría en 73%. Sin incluir a Barinas, por supuesto. En este caso habrá que esperar a enero, aunque, si se unen los opositores y la gente se anima a votar, esa gobernación, después de 22 años, dejará de ser un palacio para convertirse en una institución pública.

Ahora bien, los números son elocuentes. Se podrán hacer todas las conjeturas posibles. Podrán argumentar que esa alianza opositora es imposible porque “primero debe haber unidad de principios y después unidad de votos”, o saldrán expresiones como “con alacranes ni a la esquina”, o que “el candidato más idóneo era el mío y no el otro”, o que “el otro fue el que dividió porque la candidatura natural era la del mío”, o que “con ese partido no comulgo”, etc., etc., etc. Si esos argumentos los hubiese utilizado Winston Churchill para no reunirse con Stalin, buena parte del mundo estaría hoy hablando alemán.

Partamos de un hecho cierto. Muy pocos asumen las derrotas de manera autocrítica. Solo lo harán si eso supone sacar algún tipo de ventaja para ganar adeptos en próximas elecciones. Serán “humildes” y “proclives a la unidad”, solo si esta se da en torno a ellos. Al final, con esa actitud, continuarán las candidaturas divididas, restando posibilidades y cediendo terreno aun siendo mayoría. El perro seguirá girando sobre sí mismo, tratando de morderse la cola.

Otro tanto es el caso de los opositores que se abstuvieron bajo el argumento de “no contar con un CNE confiable”, y que vale la pena comentar. Pero solo me voy a referir a este tipo de “abstencionista hasta que…”. No comentaré sobre aquellos que, por principio, asumen la abstención como “único mecanismo de expresión política en elecciones organizadas por una dictadura”. La máxima que fundamenta este último argumento es,  “en dictadura no se vota y no se diga más”.

Sobre estos últimos compatriotas solo quiero recordar lo que, con insistencia, el politólogo John Magdaleno ha manifestado en varias oportunidades a quienes no ven posibilidad alguna, en contextos dictatoriales, de una transición a la democracia por vía electoral. Manifiesta Magdaleno que de 102 transiciones a la democracia que se han experimentado en el mundo, en 37 oportunidades se logró salir de la dictadura con mecanismos electorales.

Pero volvamos a quienes muestran resistencia a ejercer el derecho al voto, mientras el CNE esté dominado por mayoría de rectores identificados con el gobierno chavista. Es indudable que en esas condiciones, siempre habrá la posibilidad de que lleven a cabo acciones u omisiones que perjudiquen a la oposición. La historia corrobora esta tesis, y no solo en el caso venezolano. El caso de Nicaragua es el ejemplo más reciente.

Sin embargo, esta posición contiene en sí misma, el germen de lo que  contradictoriamente se quiere evitar, a saber, la posibilidad de que se consolide el gobierno en el poder. Este criterio deja la vía libre para que el chavismo logre triunfos electorales siendo minoría,  y con el aditamento de no tener necesidad de hacer trampas por el forfait del adversario.

La ilógica lógica de este argumento va por el siguiente camino, “no votar hasta contar con un CNE perfecto, hará que, por la abstención, los candidatos oficialistas sean siempre mayoría en la Asamblea Nacional. Esa AN con mayoría oficialista designará  a los rectores del nuevo CNE, repitiendo la fórmula que supone mayoría de rectores aliados a la revolución.  Con este nuevo CNE chavista, tampoco se irá a votar porque no es “perfecto”  y nuevamente “ganará” la abstención. Así, en un eterno ritornello, el argumento para no votar servirá para nunca contar con ese CNE “perfecto”. El perro continuará girando sobre sí mismo, tratando de morderse una cola que, jamás alcanzará.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s