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Venezuela: balance de poder 2021,  retos y apuestas 2022

José Castrillo

Venezuela llega al año 2022 con un balance de poder sui generis: un gobierno que es minoría social pero tiene la mayoría política y una oposición que es mayoría social, pero en términos políticos es minoría.

 El gobierno ha sabido jugar políticamente para mantenerse en el poder, usando todos los recursos a su alcance como el poder del Estado, el uso y abuso de medios extrapolíticos para neutralizar la eficacia de la oposición: inhabilitar candidatos, intervenir vía judicial los partidos políticos, dividir y desincentivar la participación electoral (la abstención solo favorece al que ejerce el poder) en los distintos comicios programados.

 La oposición ha malbaratado por incompetencia su mayoría social, apelando a estrategias que en vez de permitirle acumular poder, logran lo contrario. Hoy luce golpeada y sin un propósito estratégico u hoja de ruta clara para enfrentar al gobierno en el próximo ciclo político 2022-2024.

 Las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre de 2021, arrojaron unos resultados muy peculiares: el gobierno con menos votos a nivel de entidades federales o estados, logró ganar 19 gobernaciones, y la oposición 3 . El 09 de enero de 2022, la oposición ganó la gobernación de Barinas con más de 43 mil votos de diferencia. A nivel de los resultados locales o municipales, el oficialismo logró 212 alcaldías, cuando en el 2017 había ganado 298. La oposición y sus facciones alcanzaron más de 120 alcaldías, cuando en el 2017 lograron menos de 30.

Estos resultados muestran un mapa rojo, pero con muchos puntos azules a nivel local. El gobierno, en términos absolutos alcanzó 3,9 millones de votos y las facciones de la oposición 4,4 millones de votos, lo que corrobora que este último bloque político es mayoría social, pero no ha podido convertirse en mayoría política.

El bloque oficialista procurará para el año 2022, mantener el status quo, apostando a una mejora de la percepción de la gestión gubernamental como producto de la desaceleración de la hiperinflación y un repunte de la actividad económica, después de varios años de caída brutal del PIB. El gobierno seguramente procurará ampliar, alargar o torpedear el proceso de negociación, iniciado el año pasado en México, apostando a la estrategia Resistir y Esperar: una percepción de mejora económica, el COVID 19 y la desmovilización política de la oposición son tres bazas para mantener el orden actual.

El bloque opositor deberá, para el 2022, hacer un gran esfuerzo de reflexión y autocritica para entender el momento político, que se inicia con el nuevo año. Tendrá, en consecuencia, que revisar sus estrategias políticas desarrolladas hasta ahora, las cuales no han resultados eficaces para lograr el cambio político.

 Deberá renovar su liderazgo, particularmente, centrado en reconstruir un liderazgo colegiado e intentar ampliar su base de apoyo social y sectorial, creando una gran coalición nacional, que le permita acumular recursos de poder para enfrentar al gobierno, a través de acciones políticas legítimas.

En este sentido, tendrá en su agenda de acción estratégica dos opciones políticas: activar el Referéndum Revocatorio, según lo previsto en la Constitución vigente (ya hay un grupo notable de venezolanos trabajando en activar ese derecho político de rango constitucional), o esperar y trabajar para construir una plataforma electoral y candidatura única para enfrentar y desplazar al gobierno del poder en la próxima elección presidencial prevista para el año 2024. Estas dos opciones políticas son paralelas al proceso de negociación que está en curso.

Sea cual sea la decisión política que tome la oposición -Revocatorio en 2022 o esperar la elección presidencial de 2024- el camino será minado y lleno de obstáculos, porque el oficialismo sabe que es minoría social, pero hoy es mayoría política. Sin embargo, esta ecuación puede cambiar  en los próximos años si la oposición define su estrategia u hoja de ruta, que le permita ser mayoría política y social simultáneamente.

Como lo expresó el profesor Carlos Raúl Hernández, en un artículo de opinión: “La historia no es una fatalidad sino una cadena de oportunidades, y lo que hemos visto, desde la abstención del año 2005, es una cadena interminable de fracasos que confluyen en las elecciones del pasado 21 de noviembre, por parte de las fuerzas de oposición».

 Ojalá hayan aprendido de los errores del pasado. La oposición no ha contado con los medios para derrocar  (acto de fuerza) al gobierno, pero tampoco ha acumulado los recursos para derrotarlo (término político, expresados en votos y cargos políticos). Como lo dijo alguna vez Charles De Gaulle: qué estrategia es válida sí se carece de los medios que la hagan viable.

José Castrillo: Politólogo /Magíster en Planificación del Desarrollo

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