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¿Negociar: será posible?

Tomada de Infobae

Alex Fergusson

Según los más importantes analistas políticos del país, y nuestras propias vivencias, nos encontramos en un entorno de debilitamiento de la percepción sobre el talante democrático del gobierno venezolano.

Mientras tanto, éste se percibe firme, cómodo y con mayor poder, fundamentalmente militar, el cual ha desplazado la importancia de otros factores internos como su propio capital político y social, es decir, al pueblo chavista (un 15 % de la población) sumergido, igual que todos en la crisis general del país.

No obstante, la importancia de las organizaciones del narcotráfico, de las que maneja los beneficios de la corrupción, de las bandas criminales y paramilitares que operan libremente en el país, e incluso de sus “compatriotas cooperantes” infiltrados en la oposición, no ha disminuido, aunque también se han vuelto una fuente de conflictos internos no despreciable.

La dirigencia opositora, por su parte, sigue fragmentada, pese a las iniciativas para renovar el liderazgo y recuperar la unidad, pero con poca disposición a colaborar entre sí, en gran medida por la pugna entre intereses personales o de grupo que la debilitan frente al gobierno, y la desconfianza que ello genera en el seno del pueblo opositor.

Eso crea una asimetría de poder, que hasta ahora ha hecho muy poco probable el avance de las negociaciones previstas. El gobierno se siente sin presión, y percibe débil a la oposición, así que no ve ninguna razón para participar en una negociación en la que tiene más que perder que ganar, o donde haya algo que ponga en riesgo su permanencia en el poder.

En el ámbito internacional, la perspectiva es que el gobierno seguirá intentando sacar provecho del cambio geopolítico y económico mundial creado por la guerra en Ucrania y la agresividad de la política exterior de China, en su guerra conjunta contra Occidente.

Por otro lado, seguirá propiciando apoyos geopolíticos y económicos extracontinentales al precio que impongan las conveniencias ajenas, especialmente por parte de países como Rusia, China e Irán.

Asimismo, seguirá explorando posiciones, coincidencias y relaciones antisanciones y acuerdos económicos opacos y asimétricos, como la entrega de petróleo, oro, territorios y manejos financieros dolosos.

En cuanto a la oposición, pese al debilitamiento de su proyección e interlocución nacional e internacional, Estados Unidos y Europa le mantendrán un apoyo formal, pero limitado por sus desafíos políticos y económicos.

En el ámbito económico, el escenario más probable es que el segundo semestre del año se mantenga como hasta ahora. Sin embargo, la política de estabilización del dólar es muy costosa para el gobierno, y como estamos viendo, poco efectiva, pues cada vez tendrá que inyectar más divisas que no tiene, para mantener el tipo de cambio; algo que parece tarea imposible.

En el ámbito sociopolítico, los cambios que se han producido en la economía y que pueden ser interpretados como positivos, están provocando en el ámbito social, una mayor exclusión para los que no pueden acceder a esas “mejorías”, al tiempo que fomentan un aumento de la desigualdad entre los grupos socioeconómicos.

De hecho, el 92 % de la población piensa que la distribución de la riqueza en la sociedad venezolana es injusta y percibe que las mayores tensiones están entre los cercanos al gobierno, que tienen privilegios políticos y económicos, y el resto de la sociedad.

Pese a todo, los venezolanos siguen aspirando mayoritariamente a un cambio político y muestran interés en participar en los eventos que contribuyan a definir un liderazgo político opositor que conduzca a ese propósito.

Así mismo, el 72,5% de la población desea un cambio que le permita mejorar su situación actual y tener un futuro mejor, y cree que ese cambio podría darse por la vía electoral; por un lado, mediante la renovación del liderazgo y la escogencia de un candidato único a través de un proceso de primarias y, por el otro, votando en las elecciones presidenciales programadas para el 2024.

Estamos entonces, en lo que resta de 2022, frente a perspectivas políticas que parecen más favorables al gobierno que a la oposición, aunque los retos para el primero, son cada vez mayores.

Esto último es particularmente cierto, si consideramos el significativo impacto que está comenzando a tener el reciente Informe de la Misión Internacional de la ONU sobre Venezuela, el cual detalla y establece responsabilidades por crímenes de lesa humanidad cometidos para reprimir a la disidencia política, con los peores métodos, a través de los organismos de seguridad e inteligencia del Estado, controlado por funcionarios cubanos.

Así que, mientras el impacto del Informe de la ONU no se traduzca en acciones contundentes, mientras el gobierno siga logrando lo que quiere por otras vías, y mientras la oposición no tenga el “músculo” que se requiere para obligarlo, negociar no parece ser una opción posible.

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