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La escuela que excluye

Tulio Ramírez

Desde finales del siglo XVIII la educación formal dejó de ser una actividad destinada solo a privilegiados y monjes, es decir, exclusiva y excluyente.  Federico Guillermo II de Prusia promulga el código que quitó a la Iglesia el monopolio de las escuelas. Se crea un sistema escolar organizado y dirigido por una instancia gubernamental, encargado de su supervisión y control administrativo. Luego, la Revolución francesa instaura la enseñanza universal, de masas y laica, gracias a la doctrina liberal y anti elitista de los filósofos de la Ilustración.

América Latina no fue ajena a estos cambios de paradigma. Los países de Iberoamérica que fueron logrando su independencia, desarrollaron un Estado que asumió para sí las competencias en materia educativa en detrimento del clero, el cual hasta el momento de la ruptura política con la metrópolis, había sido el responsable de educar a los sectores aristocráticos del régimen colonial.

Esta apertura del servicio educativo, no solamente secularizó a la educación, sino que ayudó a conformar, a lo largo de una centuria, una clase media ilustrada que con el tiempo asumió la conducción no solo de los asuntos públicos sino que ayudó a consolidar la economía.

La consolidación de los Estados-nacionales no solo fue posible por la demarcación de fronteras, la centralización política, la creación de un ejército nacional y la elaboración de un tramado de códigos e instancias de justicia para ordenar la vida en el territorio. La educación pública cumplió el papel de homogeneizador de la llamada “identidad colectiva”, así como de la legitimación de los valores que identifican la nacionalidad. Estos consensos irradiados desde la escuela, sirvieron para cohesionar estos Estados convulsos y dispersos, en torno a proyectos nacionales que tenían como norte la modernización.

En América Latina, luego de la desvinculación con el Imperio español, las guerras caudillistas por el dominio del poder, desgastaron la economía e impidieron la necesaria paz para hacer posible el desarrollo. Solo bien entrado el siglo XX, se consiguió el sendero para lograr la estabilidad tantas veces ansiada. Sin embargo, la deuda social con la educación solo comenzó a ser saldada una vez instauradas las democracias en el continente. Venezuela no fue la excepción.   

La educación pública venezolana se expandió significativamente solo después de la dictadura perezjimenista. La democracia que emerge desde 1958 construyó escuelas a lo largo del territorio nacional, además de ampliar el número de universidades nacionales. Los frutos se vieron pronto. El crecimiento de una clase media instruida y profesional fue ocupando espacios importantes en el mundo de la empresa, la política, el comercio y la prestación de servicios.

Con la democracia, la educación pública permitió romper el círculo vicioso de la pobreza para cientos de miles de compatriotas. Nacer en la pobreza ya no significaba de manera inexorable vivir y morir en la pobreza. La escuela permitió ampliar y diversificar los caminos hacia el ascenso social. La inclusión escolar cambio vidas.

Algunos indicadores señalados por el Dr. Leonardo Carvajal dejan conocer  los avances en materia educativa de la etapa democrática venezolana. Nos informa Carvajal que “en 1958 sólo estudiaban 5.067 niños venezolanos en el preescolar, mientras que para 1998 lo hacían 737.967. En 1958 estudiaban en los seis grados de la primaria 775.586 alumnos en todo el país y para 1998 lo hacían 4.299.671 en los nueve grados del nivel básico. En 1958 estudiaban en el conjunto de los cinco años del nivel medio sólo 76.684 alumnos y para 1998 lo hacían 470.211 en los dos años del Ciclo Diversificado.  Y en 1958 apenas 14.474 alumnos estudiaban en las cinco universidades existentes en todo el país, mientras que para 1998 lo hacían 796.350 alumnos, en 72 instituciones del nivel superior” (Carvajal, 2022)

Pero no solo se trató de abrir más escuelas para que más niños tuvieran la oportunidad de estudiar, también hubo una formación de calidad desde la primaria hasta la universidad, lo que explica el éxito que han tenido nuestros profesionales a nivel mundial y el reconocimiento de su excelente formación. Esto, paradójicamente, fue conocido gracias a la diáspora de nuestros profesionales.

Hoy día el panorama ha cambiado. Según la Encuesta sobre Condiciones de Vida, realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB (IIES, 2022) hay 190 mil estudiantes menos que en 2021, los cuales se suman a los 3 millones excluidos reportados ese mismo año. Tenemos una escuela que recibe cada vez menos alumnos y la situación se agrava cuando se constata que los que están dentro, no están recibiendo la formación que otrora recibían nuestros niños y jóvenes.

Según un estudio realizado recientemente por la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello, con estudiantes de colegios privados y escuelas públicas subvencionadas, 6 de cada 10 estudiantes de 6to. grado a 5to. año de bachillerato de instituciones privadas, reprobaron matemática, siendo la calificación promedio de 9,80 puntos sobre 20 pts. Mientras que la calificación promedio obtenida por los alumnos de las escuelas públicas-subvencionadas, fue de 7,87 sobre 20 pts. Se aplicaron 16 mil pruebas.

En cuanto a la habilidad verbal los resultados siguieron la misma tónica, el 60,98% de los alumnos reprobó, es decir, seis de cada 10 no obtuvieron los conocimientos mínimos sobre la materia. La nota global promedio entre los estudiantes de colegios privados fue de 10,48 sobre 20, mientras en los de los públicos fue de 8,20 sobre 20 puntos.

Imaginemos cuáles hubiesen sido los resultados de haberse aplicado estas pruebas en las escuelas públicas no subvencionadas, las cuales desde hace rato no cuentan con profesores ni con las condiciones para asegurar los 200 días de clases presenciales.

Cuando se habla de exclusión se hace referencia a los niños y jóvenes que no pueden asistir a la escuela. Sin embargo, no se habla de la exclusión que se práctica desde la escuela cuando se imparte una educación mediocre que no desarrolla el apresto básico para enfrentar con éxito los retos de un mundo cada vez más competitivo y exigente. La escuela que excluye le niega al ciudadano toda  posibilidad de obtener un empleo digno y bien remunerado, por lo que no ayuda a romper el nefasto círculo de la pobreza.

Referencias

Carvajal, Leonardo (2022). Erase una vez. Boletín Observatorio EducaPaís, En: https://educacion.ucab.edu.ve/investigacion/educapais/

IIES (2022) Encuesta sobre Condiciones de Vida. Caracas: UCAB. En: https://www.proyectoencovi.com/encovi-2022

UCAB (2022)  El rendimiento de los alumnos de bachillerato sigue deteriorándose. El Ucabista. En: https://elucabista.com/?s=SECEL&et_pb_searchform_submit=et_search_proccess&et_pb_include_posts=yes

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