
José G. Castrillo M. (*) 23.09.26
Esta semana comenzó la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, con la participación de 193 jefes de Estado y de Gobierno. El propósito es abordar un conjunto de asuntos globales que marcarán el futuro de la humanidad en los próximos años. Entre los temas principales de la agenda destacan el cambio climático, los conflictos geopolíticos (las guerras Rusia-Ucrania y Estados Unidos-Irán), la gestión y desarrollo de la inteligencia artificial como tecnología disruptiva, la competencia geopolítica entre China y Estados Unidos, y la cuestión migratoria, entre otros.
Cada jefe de Estado o de Gobierno expondrá alguno de estos temas desde su perspectiva o interés nacional, buscando sumar voluntades o llamar la atención sobre el asunto en cuestión.
El cambio climático: es un secreto a voces que la aceleración del cambio climático y sus fenómenos extremos son, en parte, producto del modelo de desarrollo basado en la explotación intensiva de hidrocarburos (gas, petróleo y carbón) durante los últimos 150 años, lo que ha generado millones de toneladas de gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera terrestre. La ONU creó el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), el cual ha alertado con datos científicos sobre el impacto de la actividad humana. No obstante, la administración Trump niega esta evidencia, a pesar de que Estados Unidos es el segundo país con mayor responsabilidad en la emisión de dichos gases, después de China.
La guerra Rusia-Ucrania: este conflicto está entrando en su quinto año sin una solución política inmediata. A pesar de distintas mediaciones —particularmente la del presidente Trump—, la guerra se mantiene estancada. Rusia sostiene que continuará su «operación militar especial» hasta lograr todos los objetivos planteados. Por su parte, Ucrania, con el apoyo de la OTAN, ha presentado resistencia, haciendo que esta guerra resulte costosa y gravosa para Moscú. La ONU se ha mostrado impotente ante este conflicto, ya que cualquier resolución contraria a Rusia se enfrenta a su poder de veto.
La guerra Estados Unidos-Irán: el 28 de febrero de 2026, Estados Unidos, con el respaldo de Israel, inició una guerra de elección contra Irán. Durante los intensos bombardeos murieron el líder supremo, el ayatolá Jamenei, y parte de la cúpula militar y del Gobierno iraní. Teherán ha resistido y respondió con el cierre del estrecho de Ormuz, lo que afectó el tránsito del 20 % del petróleo mundial e impulsó el alza de su precio. En junio se firmó un memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán que pausó las hostilidades; sin embargo, posteriormente se reanudaron ataques recíprocos, manteniendo un conflicto latente que ya forma parte del panorama geopolítico del Medio Oriente. Estados Unidos no encuentra una estrategia clara de salida, mientras que Irán, severamente golpeado, ha logrado mantenerse firme ante un rival superior. Cualquier negociación hacia una solución política de esta guerra híbrida, requerirá que ambos actores cedan en sus demandas maximalistas.
La Inteligencia Artificial (IA): esta tecnología disruptiva ha acelerado la competencia entre Estados Unidos y China, líderes indiscutibles en su desarrollo y aplicación práctica. Washington y Pekín parten del supuesto de que quien domine la IA dominará el mundo; por ello, se han embarcado en una férrea carrera tecnológica sin ponderar suficientemente sus potenciales efectos negativos, aun después de escuchar las inquietudes manifestadas por varios directores ejecutivos de las principales empresas del sector. Ante este escenario, la ONU ha alertado sobre la urgente necesidad de regular la IA.
La competencia geopolítica China-Estados Unidos: en los últimos 20 años, a la par de su desarrollo económico y militar, China se ha mostrado más asertiva, especialmente en su entorno inmediato del mar de la China Meridional. Para Pekín, la recuperación de la isla de Taiwán —que estuvo bajo control chino durante 200 años— representa un punto de honor. La isla ha contado con la protección de Estados Unidos desde el fin de la guerra civil china en 1949, cuando los nacionalistas derrotados se refugiaron en ella. Como potencia emergente, China busca consolidar su espacio geopolítico, lo que implica afianzar su dominio regional frente a Estados Unidos, nación que ha aplicado un cerco estratégico para evitar que el «País del Centro» proyecte su poder hacia el océano Pacífico. La ONU ha advertido que un conflicto directo entre ambas potencias resultaría en una catástrofe global.
La migración: se trata de un fenómeno natural en la evolución humana que se remonta a las primeras migraciones del homo sapiens fuera del continente africano hace unos 70.000 años. En la actualidad, la migración de millones de personas por razones políticas, religiosas, climáticas y económicas se ha intensificado y ha cobrado gran visibilidad mediática, en un contexto donde el rechazo hacia los migrantes forma parte del discurso político de sectores de extrema derecha, encabezados por los Estados Unidos de Trump, la Alemania de la AfD y la Francia del Frente Nacional de Marine Le Pen.
Todos estos temas y problemáticas se expondrán con dramatismo durante esta asamblea de las Naciones Unidas, aunque es probable que la mayoría quede reducida a una lista de buenos deseos. La ONU desempeñó un papel fundamental tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, sin embargo, hoy el sistema de las Naciones Unidas luce agotado e incapaz de gestionar problemas de tal complejidad.
La organización requiere una profunda reforma para adaptarse a los nuevos tiempos, lo cual exige reconocer que el equilibrio geopolítico bajo el que fue creada ya no es el mismo. Sus decisiones deben ser vinculantes y acatadas por todos los Estados miembros. Las resoluciones no pueden aplicarse exclusivamente a las naciones pequeñas mientras las grandes potencias actúan al margen de la Carta de la ONU. La igualdad debe ser real y el derecho a veto necesita ampliarse o reformarse para dejar de ser el monopolio de solo cinco potencias.
(*) Politólogo / Magíster en Planificación del Desarrollo Global.
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