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La visión braudeliana del tiempo histórico (I)

Foto: generada con IA

Claudio Alberto Briceño Monzón[1]

28.09.26

“La historia, dialéctica de la duración, ¿no es acaso, a su manera, explicación de lo social en toda su realidad y, por tanto, también de lo actual? Su lección vale en este aspecto como puesta en guardia contra el acontecimiento: no pensar tanto sólo en el tiempo corto, no creer que sólo los sectores que meten ruido son los más auténtico; también los hay silenciosos. Pero ¿vale la pena recordarlo?” (Braudel, 1970: p.82)

Fernand Braudel tituló La responsabilidad de la historia, a la lección inaugural que pronunció el 1 de diciembre de 1950 en el College de France, al asumir la cátedra de Historia de la Civilización Moderna. Esta intervención constituye un momento fundamental en la formulación de una nueva manera de comprender el conocimiento histórico, particularmente por su reflexión sobre el tiempo como una dimensión compleja, múltiple y fundamental para la interpretación de las sociedades.

Desde esta concepción, el tiempo histórico puede entenderse como una suerte de paisaje temporal, en el que conviven diferentes ritmos de transformación. La tarea del historiador consiste precisamente en reconocer esas temporalidades, distinguirlas y relacionarlas para explicar cómo el pasado se construye entre lo efímero y lo permanente. La propuesta de Braudel abrió, de este modo, una perspectiva decisiva para comprender que la historia no solo se proyecta en el tiempo, sino que se desarrolla sobre espacios, estructuras y sociedades cuyos ritmos de cambio son profundamente diferentes.

Constituye una de las aportaciones fundamentales de Fernand Braudel y de la segunda generación de la Escuela de los Anales. Su idea central es que la historia no transcurre en un único tiempo, sino en diferentes temporalidades o ritmos, que se superponen y se condicionan mutuamente.

Braudel desarrolla especialmente esta concepción en El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II.

1. La larga duración, es el tiempo de las estructuras, es la temporalidad más lenta. Se refiere a fenómenos que cambian muy lentamente a lo largo de siglos y que condicionan profundamente las posibilidades de acción de las sociedades.

Aquí encontramos, por ejemplo: la geografía y el relieve, los climas, las rutas naturales,

las formas de poblamiento, las estructuras económicas, ciertas formas culturales y sociales, las relaciones entre sociedad y territorio.

Para Braudel, la geografía no es simplemente el escenario donde ocurre la historia. El espacio geográfico participa en la construcción de la historia, porque establece condiciones y límites dentro de los cuales actúan las sociedades. Por ejemplo, una cordillera, un río, un desierto o una costa pueden permanecer durante siglos, mientras cambian gobiernos, guerras y generaciones. Esa permanencia constituye una estructura de larga duración.

2. La coyuntura, un tiempo intermedio, entre la larga y la corta duración existe un tiempo de duración media, relacionado con los ciclos, tendencias y movimientos que pueden desarrollarse durante décadas.

Aquí podemos estudiar: ciclos económicos, crecimiento o descenso demográfico, expansión de ciudades, transformaciones sociales, procesos políticos, cambios en las relaciones comerciales, períodos de prosperidad o crisis. Es un tiempo más dinámico que el de las estructuras, pero mucho más lento que el acontecimiento. Un ejemplo sería estudiar la transformación económica de una región venezolana durante cincuenta años, no estaríamos observando un acontecimiento particular, sino una tendencia histórica.

3. La corta duración, el tiempo del acontecimiento, es el tiempo de la historia tradicional: los hechos concretos. Aquí aparecen: guerras, batallas, elecciones, tratados, revoluciones, cambios de gobierno, decisiones de determinados personajes, crisis políticas.

Es el tiempo más visible y rápido de la historia. Fernand Braudel no considera que este tiempo sea irrelevante. Lo que cuestiona es que la historia se reduzca exclusivamente a los acontecimientos. Un hecho puede ser rimbombante, pero para comprender su verdadero significado debemos relacionarlo con las estructuras y coyunturas que lo hicieron posible.

Referencias

Fernand Braudel. La Historia y Las Ciencias Sociales. 2ª. Edición. Madrid: Alianza Editorial, 1970.


[1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magíster en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina.

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